"Sursum corda": arriba los corazones
Evidente resulta de todo este último periplo triunfal de su Santidad Juan Pablo II el propósito de inyectar optimismo a toda la Iglesia Católica Universal y en concreto a la porción latinoamericana de esta grey. La Cristiandad Católica de Norteamérica vejada y debilitada por una crisis espantosa recibió el advenimiento del Pontífice en su cónclave masivo de juventudes procedentes de casi todos los rincones del planeta en manifestaciones externas de religiosidad, de piedad y de fe con la variopinta especificidad cultural de cada región. El saldo: euforia, oración, comunicación, discursos. En resumen, actos de contrición masivos, reconciliación con nosotros mismos y nuevos alientos para el futuro: "Sursum corda".
Descendiendo en el mapa, el Supremo Prelado arribó a Guatemala, capital de un país centroamericano, lleno de bellezas naturales y rica historia, en otro tiempo muy católico, hoy ya no tanto debido a una feroz incursión planificada de otras maneras de creer cristianas, con tangibles resultados, y canonizó a un personaje bastante desconocido que consagró lo mejor de su existencia a vivir el Evangelio en un medio humano necesitado, a San Pedro de San José Betancur, con lo cual así mismo el Pontífice dejó vestigios de aliento positivo y un Sursum Corda a esa cristiandad que enfrenta toda clase de retos.
Ascendió la trayectoria pontificia hacia el D.F. de México. Y decir México es decir multitudes. Si alguien en nuestro Panamá cree que ha visto gente, que vaya a México, al Metro o al Estadio Azteca cuando juegan los titulares de la Liga y se hará una idea de lo pequeño que somos. Decir México es forzosamente hablar de Nuestra Señora de Guadalupe y todo el folclor típico ranchero y mariachi que le acompaña y allí, ante ese inmenso escenario humano, promovió a los supremos honores de los altares a San Juan Diego CUAHTLATOATZIN, el Sumo Pontífice inyectando una visión positiva al hacerle justicia a este vástago indio latinoamericano y en él a la "raza" de los aquende los mares. Nosotros los de estos sufridos países. Sursum corda.
Y en ese esfuerzo por admitir a los honores de los altares como miembro de la Orden de la Compañía de Jesús el Pontífice, el próximo 18 de agosto en Cracovia, va a beatificar a un paisano polaco jesuita, al Padre Jan (Juan) Beyzyn, "servidor de los leprosos" en Madagascar, Sursum corda para los jesuitas.
Hay un chiste en contra de los jesuitas que cuenta que en los cielos cuando subía un santo se organizaba una fiesta normal con cánticos y otras armonías, pero que un día notaron que había un movimiento fuera de lo común por los preparativos para un recibimiento de alguien importante y después de averiguarlo se comprobó que era porque venía un jesuita y que al reclamar por qué esta diferencia y excepción, se les respondió, que había que hacer algo extraordinario, ya que hacía cuatrocientos años que no entraba uno en los cielos". Arf, arf.... Risas.
Aplicando el cuento a las beatificaciones, cualquiera pudiera decir que en este caso pues ¡al fin! están también beatificando jesuitas, pues no es tan exacto, ya que en el año 2000 fueron canonizados varios mártires jesuitas chinos el 1de octubre. Posteriormente, se beatificó al jesuita español José María Rubio y ya antes se había canonizado al Beato Claudio de la Colombiere.
Y si nos pusiéramos a contar hasta recordar fuera del Santo fundador, San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier, tenemos a San Pedro Claver, los santos mártires japoneses Pablo Miki, Juan de Goto y Diego Kisai, el Beato Robert Southwell, San Edmund Campion, San Pedro Casinio, San Roberto Belarmino, San Andres Bobola, los tres santos jóvenes, San Luis Gonzaga, San Juan Berchmans, San Estanislao de Kostka, San Francisco de Borja, los mártires Kimura, Ixida y Nancaura, San Roque González de Santa Cruz y mártires rioplatenses, San Isaac, Jean de Brebeuf, Antoine Daniel, Gabriel Lalemant, Carlos Garnier y Nadal Chabanel, mártires de los indios hurones y iroqueses en Canadá. Y otros más que pudiéramos justamente nombrar. A esta pléyade, añade el Sumo Pontífice otro reconocimiento solemne de otro jesuita.
El nuevo beato Juan Beyzym nació en la actual Ucrania en 1850 y luego del período de estudios primarios y secundarios, ingresó en el noviciado en Stara Weis en 1872 y terminó sus estudios presacerdotales en Cracovia donde fue ordenado sacerdote. Luego de unos primeros apostolados solicitó ser enviado como misionero a Madagascar en donde se encargó de la leprosería de Ambihivuraka, próxima a Tananrive donde vivió durante 13 años dedicando todas sus energías, su capacidad y su corazón.-
Esta beatificación es un Sursum corda, un arriba los corazones, para que no sólo los jesuitas sino todos los cristianos continuemos siendo servidores de Cristo de un modo radical y decididos en los tiempos hostiles que nos atosigan y acobardan con amenazas de que van a decir algo si seguimos a Cristo.
Sursum corda
Descendiendo en el mapa, el Supremo Prelado arribó a Guatemala, capital de un país centroamericano, lleno de bellezas naturales y rica historia, en otro tiempo muy católico, hoy ya no tanto debido a una feroz incursión planificada de otras maneras de creer cristianas, con tangibles resultados, y canonizó a un personaje bastante desconocido que consagró lo mejor de su existencia a vivir el Evangelio en un medio humano necesitado, a San Pedro de San José Betancur, con lo cual así mismo el Pontífice dejó vestigios de aliento positivo y un Sursum Corda a esa cristiandad que enfrenta toda clase de retos.
Ascendió la trayectoria pontificia hacia el D.F. de México. Y decir México es decir multitudes. Si alguien en nuestro Panamá cree que ha visto gente, que vaya a México, al Metro o al Estadio Azteca cuando juegan los titulares de la Liga y se hará una idea de lo pequeño que somos. Decir México es forzosamente hablar de Nuestra Señora de Guadalupe y todo el folclor típico ranchero y mariachi que le acompaña y allí, ante ese inmenso escenario humano, promovió a los supremos honores de los altares a San Juan Diego CUAHTLATOATZIN, el Sumo Pontífice inyectando una visión positiva al hacerle justicia a este vástago indio latinoamericano y en él a la "raza" de los aquende los mares. Nosotros los de estos sufridos países. Sursum corda.
Y en ese esfuerzo por admitir a los honores de los altares como miembro de la Orden de la Compañía de Jesús el Pontífice, el próximo 18 de agosto en Cracovia, va a beatificar a un paisano polaco jesuita, al Padre Jan (Juan) Beyzyn, "servidor de los leprosos" en Madagascar, Sursum corda para los jesuitas.
Hay un chiste en contra de los jesuitas que cuenta que en los cielos cuando subía un santo se organizaba una fiesta normal con cánticos y otras armonías, pero que un día notaron que había un movimiento fuera de lo común por los preparativos para un recibimiento de alguien importante y después de averiguarlo se comprobó que era porque venía un jesuita y que al reclamar por qué esta diferencia y excepción, se les respondió, que había que hacer algo extraordinario, ya que hacía cuatrocientos años que no entraba uno en los cielos". Arf, arf.... Risas.
Aplicando el cuento a las beatificaciones, cualquiera pudiera decir que en este caso pues ¡al fin! están también beatificando jesuitas, pues no es tan exacto, ya que en el año 2000 fueron canonizados varios mártires jesuitas chinos el 1de octubre. Posteriormente, se beatificó al jesuita español José María Rubio y ya antes se había canonizado al Beato Claudio de la Colombiere.
Y si nos pusiéramos a contar hasta recordar fuera del Santo fundador, San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier, tenemos a San Pedro Claver, los santos mártires japoneses Pablo Miki, Juan de Goto y Diego Kisai, el Beato Robert Southwell, San Edmund Campion, San Pedro Casinio, San Roberto Belarmino, San Andres Bobola, los tres santos jóvenes, San Luis Gonzaga, San Juan Berchmans, San Estanislao de Kostka, San Francisco de Borja, los mártires Kimura, Ixida y Nancaura, San Roque González de Santa Cruz y mártires rioplatenses, San Isaac, Jean de Brebeuf, Antoine Daniel, Gabriel Lalemant, Carlos Garnier y Nadal Chabanel, mártires de los indios hurones y iroqueses en Canadá. Y otros más que pudiéramos justamente nombrar. A esta pléyade, añade el Sumo Pontífice otro reconocimiento solemne de otro jesuita.
El nuevo beato Juan Beyzym nació en la actual Ucrania en 1850 y luego del período de estudios primarios y secundarios, ingresó en el noviciado en Stara Weis en 1872 y terminó sus estudios presacerdotales en Cracovia donde fue ordenado sacerdote. Luego de unos primeros apostolados solicitó ser enviado como misionero a Madagascar en donde se encargó de la leprosería de Ambihivuraka, próxima a Tananrive donde vivió durante 13 años dedicando todas sus energías, su capacidad y su corazón.-
Esta beatificación es un Sursum corda, un arriba los corazones, para que no sólo los jesuitas sino todos los cristianos continuemos siendo servidores de Cristo de un modo radical y decididos en los tiempos hostiles que nos atosigan y acobardan con amenazas de que van a decir algo si seguimos a Cristo.
Sursum corda