Taiwan en la OMC
Tras una maratónica reunión y luego de años de espera, la República de China en Taiwan logró su adhesión a la Organización Mundial del Comercio (OMC), entidad global que aglutina a más de 142 países. La satisfacción de este importante paso dado en la Conferencia de Doha, Qatar, tuvo grandes elogios, en especial de parte del presidente taiwanés, Chen Shui-bian, quien espera que este ingreso sirva para que su país sea reconocido como Estado en el concierto de naciones.
Paralelamente al ingreso de Taiwan en la OMC, la República Popular de China también se unió a esta organización que regula las relaciones comerciales mundiales. Como era de esperarse, ya Pekín a reiterado su postura, argumentando que Taiwan entró en la OMC, "como paso previo a su futura reintegración con la China Comunista". Por supuesto, respetaríamos esas aseveraciones, siempre y cuando se tomara en cuenta la realidad de las cosas. Desde octubre de 1949, tanto China Popular y la República de China en Taiwan están virtualmente "separadas", pues en el continente se estableció régimen socialista, el cual pretende esgrimir derechos sobre la Isla de Formosa. Por otro lado, la administración gubernamental de la República de China se estableció en Taipei, por lo que se continuó con el sistema democrático instaurado en 1912 por Sun Yat-sen. Es decir, hay "dos Estados diferentes", aunque ninguno abandonó la idea de una reunificación del pueblo chino.
Con el ingreso de las dos chinas, el mundo reconoce la existencia de dos naciones, dejando precedente en el Derecho Internacional. La Humanidad no podía ignorar la existencia de dos entidades nacionales con enorme poder económico, que estuvieran por más de quince años fuera del ámbito comercial general. La República de China en Taiwan tiene el puesto número 15 en el ranking económico global. Es el mayor productos de piezas de computadores del mundo, además de que varias empresas navieras de renombre son taiwanesas. La ubicación de Formosa es clave también, pues está en la ruta marítima entre Europa, Sudeste de Asia con Corea, Japón y la Costa Oriental China. En cambio, China Popular tiene sus 1,300 millones de personas, un creciente mercado y es una potencia mundial.
Panamá siempre ha respaldado la democratización de China. Ha mantenido relaciones comerciales plenas con Pekín, al igual que el istmo apoya con su reconocimiento diplomático a la República de China en Taiwan. Las presiones procedentes de China Popular han arreciado desde 1979, pero la clave de todo es que el comercio y el contacto cultural con Formosa se consolidó más, haciendo de la nación insular asiática el mayor socio económico de Panamá en el Lejano Oriente.
Es menester del pueblo chino, el definir su propio destino. La democratización está unida con la libre comercialización. Las sociedades en pleno desarrollo exigen cambios políticos, cuando llegan a la prosperidad. Taiwan ya logró una democratización completa y ha generado una revolución política interna, desplazando a las viejas estructuras. Ahora, debe ser la China Popular la que pase por su modernización democrática. Tanto las olimpiadas del 2008, como el ingreso a la OMC, obviamente obligarán a la democratización del Dragón Rojo Chino, lo cual permitirá algún día (con el previo consenso de los 23 millones de taiwaneses) la tan anhelada reunificación del "País Celeste".
Paralelamente al ingreso de Taiwan en la OMC, la República Popular de China también se unió a esta organización que regula las relaciones comerciales mundiales. Como era de esperarse, ya Pekín a reiterado su postura, argumentando que Taiwan entró en la OMC, "como paso previo a su futura reintegración con la China Comunista". Por supuesto, respetaríamos esas aseveraciones, siempre y cuando se tomara en cuenta la realidad de las cosas. Desde octubre de 1949, tanto China Popular y la República de China en Taiwan están virtualmente "separadas", pues en el continente se estableció régimen socialista, el cual pretende esgrimir derechos sobre la Isla de Formosa. Por otro lado, la administración gubernamental de la República de China se estableció en Taipei, por lo que se continuó con el sistema democrático instaurado en 1912 por Sun Yat-sen. Es decir, hay "dos Estados diferentes", aunque ninguno abandonó la idea de una reunificación del pueblo chino.
Con el ingreso de las dos chinas, el mundo reconoce la existencia de dos naciones, dejando precedente en el Derecho Internacional. La Humanidad no podía ignorar la existencia de dos entidades nacionales con enorme poder económico, que estuvieran por más de quince años fuera del ámbito comercial general. La República de China en Taiwan tiene el puesto número 15 en el ranking económico global. Es el mayor productos de piezas de computadores del mundo, además de que varias empresas navieras de renombre son taiwanesas. La ubicación de Formosa es clave también, pues está en la ruta marítima entre Europa, Sudeste de Asia con Corea, Japón y la Costa Oriental China. En cambio, China Popular tiene sus 1,300 millones de personas, un creciente mercado y es una potencia mundial.
Panamá siempre ha respaldado la democratización de China. Ha mantenido relaciones comerciales plenas con Pekín, al igual que el istmo apoya con su reconocimiento diplomático a la República de China en Taiwan. Las presiones procedentes de China Popular han arreciado desde 1979, pero la clave de todo es que el comercio y el contacto cultural con Formosa se consolidó más, haciendo de la nación insular asiática el mayor socio económico de Panamá en el Lejano Oriente.
Es menester del pueblo chino, el definir su propio destino. La democratización está unida con la libre comercialización. Las sociedades en pleno desarrollo exigen cambios políticos, cuando llegan a la prosperidad. Taiwan ya logró una democratización completa y ha generado una revolución política interna, desplazando a las viejas estructuras. Ahora, debe ser la China Popular la que pase por su modernización democrática. Tanto las olimpiadas del 2008, como el ingreso a la OMC, obviamente obligarán a la democratización del Dragón Rojo Chino, lo cual permitirá algún día (con el previo consenso de los 23 millones de taiwaneses) la tan anhelada reunificación del "País Celeste".