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También los "pelaos" sabemos pensar


Dicen que no es de donde uno venga, sino a donde uno pertenece luego de caminar con sus propios pasos. Han hablado de que no es lo que uno hizo o dejó de hacer, sino lo que uno está haciendo ahora y lo que uno se ganó sudando. Eso está claro. Ahora, hay gente hablando de lo que hizo o no hizo el papá de uno, cuando no se había nacido; ridículo. Todo el mundo sabe que uno no tiene la culpa de lo que sus padres hayan hecho o supuestamente hecho, o dejado de hacer.
Igualmente que no podemos agarrar para nosotros los éxitos de los viejos, que son su propia cosecha. Y mucho más ridículo es el hecho de que quieran cerrarle el paso a un oponente político fuerte por el simple hecho de que está parado firme; y como nos da rabia, entonces le sacamos los trapos sucios al papá. ¿Y por qué también los trapos limpios? Entonces uno se dice: el asunto no parece ser de donde viene, sino porque está convenciendo a la gente joven de que la política para este nuevo milenio tiene que venir fresca en este país, con olor a ideas nuevas. Y eso difícilmente lo hace un viejo mañoso, especialmente si no pudo hacerlo en su tiempo.
Necesitamos a alguien con historia fresca y sin experiencias en corrupción, como lo tienen otras personas que ya gobernaron, y que pretenden gobernar al país otra vez o trabajaron con gobernantes que no nos convencen.
Los jóvenes, los "pelaos", puede que no tengamos muchos datos o experiencias, pero oímos, intuimos y sabemos fildear hasta dónde llega el bochinche y el rumor, y cuando el dos y dos sí son cuatro.
La historia de los candidatos en este momento no es tan vieja como para que no podamos conocerla. Bueno, la juventud sabe. El pueblo sabe. Todo el mundo sabe que el país necesita un gobierno fresco, no de frescura de los sinverguenza, sino de caras e ideas nuevas, porque los desafíos de los jóvenes, la mayoría, difícilmente lo entienden del todo los viejos, o por lo menos les cuesta más trabajo digerirlos.
El pueblo quiere respuestas, igual que un político quiere poder. El pueblo necesita uno que pueda y tenga con qué. La gente necesita empleos, la gente quiere dinero, no discursos y cuentos. Necesitamos un político que sepa administrar. La gente está harta de la corrupción.
Todos se comprometen a no robar y se les olvida rápido. Otros dicen que "ya tienen dinero y no necesitan robar, pero los conocemos bacalao, aunque vengan disfraza"o", y más si son comerciantes chupa sangre. La verdad que no sabemos quién tiene más ganas de robar, si el que está limpio, aunque ande hablando de Dios, o el que tiene mucho y dice que ya está harto de bille. La gente tiene (además de que es lo que en verdad quieren) ganas de apoyar a un candidato, si el tipo le habla claro al pueblo, aunque no logre todos sus planes; pero que sienta lo que dice, que mire a la pepa de los ojos sin pestañear. Y que a cambio de eso, se sienta querido y respaldado por su gente, respaldo incondicional, mientras sea sincero. No importa que no sea Mathama Ghandi. Es hora de que el pueblo sea uno con el gobernante.
Nadie tiene que convencer a nadie, ni siquiera títulos sensacionalistas van a poder engañar a la gente, que siente con el alma al candidato al final.
Hay quienes tienden a pensar que es el mismo sistema desastroso de buses, pero cuando se ve cómo funciona, como en el caso de Bogotá, no tiene nada que ver con el actual sistema, aclaró Bennet.

101 años de Panamá América

 
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