¡Tanto monta, monta tanto...!
La Primera Dama gestiona, para el uso de su despacho, la consecución de préstamos, ayudas económicas y donaciones, en dinero y en especie, de gobiernos y organismos financieros internacionales; tiene a su disposición un jugoso presupuesto que gasta como y cuando le viene en ganas, mientras muchas entidades carecen de fondos para cumplir adecuadamente sus funciones; ha creado "miniministerios" y cuenta con "asesores y asesoras", que reciben generosos emolumentos para que la asistan en el manejo de "los programas de su despacho"; interfiere con los ministerios y las instituciones autónomas y si alguno de sus titulares se atreve a evidenciar su desacuerdo, trata de recuperar las funciones de que ha sido despojado o pretende enderezarlas en el sentido correcto, corre el riesgo de que lo traten hasta de ignorante y es, automáticamente, candidato a ser botado.
En Panamá, lo sabemos todos, tenemos un gobierno bicéfalo. El actual "Despacho de la Primera Dama" ha crecido, desproporcionadamente, para convertirse en un cogobierno. ¿Es eso conveniente? Desde luego que no. Y los resultados están a la vista. El aumento del poder político del "Despacho de la Primera Dama", hasta llegar a convertirlo, como ocurre en el actual gobierno, en una virtual "copresidencia", aparte de su costo desorbitado, trastoca el funcionamiento de la Administración Pública, y coloca en un predicamento a los titulares de los ministerios y las instituciones de línea y les dificulta, como quedó de manifiesto en la reciente confrontación entre el ministro de Educación y la señora Torrijos, el desempeño de sus competencias.
El gobierno de Torrijos se ha caracterizado por convulsionar, para peor, el funcionamiento de la Administración Pública. Ha creado un cerro de nuevas entidades, mediante la proliferación de la moda de "las autoridades", cada una más ineficiente que las otras, pero que le han servido para "empujar" fuera del gobierno a todos cuantos nombró el gobierno anterior, tuvieran o no períodos fijos. No contento con todas esas barrabasadas, también se ha apropiado, cuantas veces le ha parecido de las funciones constitucionales del Organo Legislativo que, no conforme con ser una caricatura de Asamblea, gustosamente es cómplice del despojo de sus competencias y, para mayor descaro, hasta lo celebra.
Ahora, para completar el desbarajuste en que se ha convertido este gobierno del PRD, la Primera Dama manda y regaña a ministros, por haber cometido la grave ofensa de tratar de racionalizar el uso de los dineros públicos, buscando abaratar el costo de la construcción de aulas escolares, para que, con la misma cantidad de dinero, en lugar de una se puedan construir dos.
Las primeras damas son y deben seguir siendo las consejeras de mayor confianza de quienes lleguen a ocupar la presidencia. Pero no deben, bajo ninguna circunstancia, asumir la función de "copresidentas" ni crearse su "gobierno dentro del gobierno", para usurpar, sin ninguna base legal sus funciones, restándole autoridad a los ministerios y entidades autónomas, con las consiguientes duplicaciones y aumentos de gastos.
Proporciones guardadas, pues nuestra pareja gobernante no son los Reyes Católicos, lo que ocurre en Panamá da pie para parodiarlos con aquello de que: "Tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando".