Tapar el sol con la mano no frenará a “La Niña”
En esta época veraniega, cuando las playas se abarrotan de bañistas y paseantes, tal vez pocos hayan notado en la superficie del mar un inusual frío. Retozamos igual, alegres, distraídos, sin percatarnos que entre la sal y las olas se esconde un demonio: el fenómeno "La Niña".
"La Niña" es el nombre que se le da al fenómeno contrario al de "El Niño"; pues mientras éste es sinónimo de sequía, "La Niña" propicia la formación de huracanes y mucha lluvia debido a las altas temperaturas en el mar. Esta sería la explicación a los extraños aguaceros que todavía caen sobre la ciudad capital, y el pasado fin de semana provocaron deslaves e inundaciones con saldos casi de tragedia en Bocas del Toro y Darién.
Lo que dicen los expertos es que "La Niña" está en su período de gestación, pero se nota una tendencia a irse fortaleciendo, lo que hace prever una temporada de huracanes muy peligrosos, superiores a aquellos que el año pasado destrozaron el Caribe y la parte sur de Estados Unidos.
En Panamá, nadie mueve un dedo. A pesar de los llamados de atención y las alertas levantadas por el Comité Regional de Recursos Hidráulicos, formado por los directores de los servicios meteorológicos e hidrológicos de Centroamérica, que se reunió aquí hace una semana, no se están tomando previsiones.
Como es costumbre, esperaremos a que las inundaciones se hayan llevado medio país, que la distorsión en la producción agropecuaria sea indomable, que las pérdidas económicas no tengan control alguno; esperaremos a que el escenario sea el peor de todos, y entonces se nombrará una comisión que sugerirá soluciones tardías, una de las cuales puede ser tapar el sol con la mano, a ver si cambia el mal tiempo.
"La Niña" es el nombre que se le da al fenómeno contrario al de "El Niño"; pues mientras éste es sinónimo de sequía, "La Niña" propicia la formación de huracanes y mucha lluvia debido a las altas temperaturas en el mar. Esta sería la explicación a los extraños aguaceros que todavía caen sobre la ciudad capital, y el pasado fin de semana provocaron deslaves e inundaciones con saldos casi de tragedia en Bocas del Toro y Darién.
Lo que dicen los expertos es que "La Niña" está en su período de gestación, pero se nota una tendencia a irse fortaleciendo, lo que hace prever una temporada de huracanes muy peligrosos, superiores a aquellos que el año pasado destrozaron el Caribe y la parte sur de Estados Unidos.
En Panamá, nadie mueve un dedo. A pesar de los llamados de atención y las alertas levantadas por el Comité Regional de Recursos Hidráulicos, formado por los directores de los servicios meteorológicos e hidrológicos de Centroamérica, que se reunió aquí hace una semana, no se están tomando previsiones.
Como es costumbre, esperaremos a que las inundaciones se hayan llevado medio país, que la distorsión en la producción agropecuaria sea indomable, que las pérdidas económicas no tengan control alguno; esperaremos a que el escenario sea el peor de todos, y entonces se nombrará una comisión que sugerirá soluciones tardías, una de las cuales puede ser tapar el sol con la mano, a ver si cambia el mal tiempo.