Tareas ciudadanas
La sociedad panameña se encuentra inmersa en una crisis que debe ser vista como una nueva oportunidad de proceder a las tareas ciudadanas de transformación. Sin duda son muchas las áreas que requieren cambios reales, pero también es cierto que son muchos los hombres y mujeres en nuestro país que desean poder participar de los mismos. Las camisas de fuerza que ha ido tejiendo la estructura del aparato estatal, nos lleva obligatoriamente a plantear que corresponde a la sociedad panameña, toda entera, a sumir su responsabilidad ante la necesidad de transformar al Estado.
Esta imperiosa necesidad continúa siendo evadida particularmente por los factores reales de poder que tienen bajo su dominio o control a los órganos del Estado. Sin embargo, no podemos postergar por más tiempo el rehacer las bases de nuestra sociedad guiados por principios y objetivos de equidad, de libertad, de solidaridad y de justicia.
Para lograr lo anterior, es necesario que los ciudadanos multipliquemos los mecanismos que nos permitan exigir que quienes deciden en los órganos del Estado, respondan por sus actos y que dejen de una vez por todas el doble discurso que ajusta las explicaciones a las necesidades. Hoy por hoy, no podemos continuar permitiendo el abuso de poder y el querer de algunos de estar por encima de la Ley.
Nos corresponde a los ciudadanos multiplicar nuestros esfuerzos para acabar con los privilegios de que disponen algunos funcionarios de los órganos Ejecutivo, Judicial y Legislativo. De igual forma, luchar contra el poder de esas autoridades que son un verdadero obstáculo al bienestar de los ciudadanos, y que se han convertido en una lacra para todos los habitantes de nuestro país.
Somos los ciudadanos los llamados a elevar nuestra voz y ejecutar nuestras acciones, contra los monopolios sobre ciertos servicios, bienes y espacios. A intervenir directamente para que se tome en cuenta nuestro querer ciudadano en la designación de los jueces y magistrados. A ejercer nuestra capacidad en el otorgamiento de autorizaciones, concesiones, permisos y certificados, así como la de realizar inspecciones y controles que los ciudadanos necesitamos para legitimar sus acciones.
Debemos, los ciudadanos, ser cada día más exigentes en que se aclaren las reglas y procedimientos que, por su complejidad, no pueden ser entendidos por personas comunes, en especial en materia de impuestos. En no permitir que se nos continúe negando toda la información a la cual tenemos derecho como ciudadanos, sobre los dineros que, aun cuando estén en las arcas del Estado, son nuestros.
Sólo la ejecución de las tareas ciudadanas nos permitirán empezar a acabar con las condiciones que hacen del aparato estatal un ámbito cada vez más inmoral y corrupto.
Mientras no condenemos las formas autoritarias de gobierno, la ausencia de programas, la absurda concentración de poderes, la falta de transparencia de los actos de gobierno, los procesos lentos complicados y costosos; el sálvese quien pueda seguirá predominando de la mano de un texto constitucional caduco y pernicioso que les sirve de base a los que atropellan los derechos ciudadanos, para seguir en las suyas.
Fortalecer la democracia es la tarea de quienes creemos en ella. Para que exista democracia tiene que haber ciudadanos. Pero no aquel que lo es sólo por tener cédula. Nos referimos al ciudadano dispuesto a cumplir con sus tareas para ejercer con propiedad y sin titubeos, sus libertades, sus derechos. Al ciudadano que esté decididamente dispuesto a ejercer su poder constituyente.
(mabernal@sinfo.net)
Esta imperiosa necesidad continúa siendo evadida particularmente por los factores reales de poder que tienen bajo su dominio o control a los órganos del Estado. Sin embargo, no podemos postergar por más tiempo el rehacer las bases de nuestra sociedad guiados por principios y objetivos de equidad, de libertad, de solidaridad y de justicia.
Para lograr lo anterior, es necesario que los ciudadanos multipliquemos los mecanismos que nos permitan exigir que quienes deciden en los órganos del Estado, respondan por sus actos y que dejen de una vez por todas el doble discurso que ajusta las explicaciones a las necesidades. Hoy por hoy, no podemos continuar permitiendo el abuso de poder y el querer de algunos de estar por encima de la Ley.
Nos corresponde a los ciudadanos multiplicar nuestros esfuerzos para acabar con los privilegios de que disponen algunos funcionarios de los órganos Ejecutivo, Judicial y Legislativo. De igual forma, luchar contra el poder de esas autoridades que son un verdadero obstáculo al bienestar de los ciudadanos, y que se han convertido en una lacra para todos los habitantes de nuestro país.
Somos los ciudadanos los llamados a elevar nuestra voz y ejecutar nuestras acciones, contra los monopolios sobre ciertos servicios, bienes y espacios. A intervenir directamente para que se tome en cuenta nuestro querer ciudadano en la designación de los jueces y magistrados. A ejercer nuestra capacidad en el otorgamiento de autorizaciones, concesiones, permisos y certificados, así como la de realizar inspecciones y controles que los ciudadanos necesitamos para legitimar sus acciones.
Debemos, los ciudadanos, ser cada día más exigentes en que se aclaren las reglas y procedimientos que, por su complejidad, no pueden ser entendidos por personas comunes, en especial en materia de impuestos. En no permitir que se nos continúe negando toda la información a la cual tenemos derecho como ciudadanos, sobre los dineros que, aun cuando estén en las arcas del Estado, son nuestros.
Sólo la ejecución de las tareas ciudadanas nos permitirán empezar a acabar con las condiciones que hacen del aparato estatal un ámbito cada vez más inmoral y corrupto.
Mientras no condenemos las formas autoritarias de gobierno, la ausencia de programas, la absurda concentración de poderes, la falta de transparencia de los actos de gobierno, los procesos lentos complicados y costosos; el sálvese quien pueda seguirá predominando de la mano de un texto constitucional caduco y pernicioso que les sirve de base a los que atropellan los derechos ciudadanos, para seguir en las suyas.
Fortalecer la democracia es la tarea de quienes creemos en ella. Para que exista democracia tiene que haber ciudadanos. Pero no aquel que lo es sólo por tener cédula. Nos referimos al ciudadano dispuesto a cumplir con sus tareas para ejercer con propiedad y sin titubeos, sus libertades, sus derechos. Al ciudadano que esté decididamente dispuesto a ejercer su poder constituyente.
(mabernal@sinfo.net)