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Tareas del verdadero educador


Ningún educador podrá perder de vista que la generalidad de los niños y niñas panameños son producto de un mestizaje, en el cual conviven los imperativos ancestrales de muy diversas razas, y que muchas de las contradictorias tendencias de su temperamento tendrán en esta conjunción su explicación más adecuada. Mas no será simplista el criterio con que se adelanten algunos estudios, porque en los componentes aborígenes hallará el educador diversos aportes, muchos de ellos no bien difundidos aún en sus linderos territoriales o raciales.

Y cuando trate de buscar el por qué de la intransigencia en las luchas ideológicas y civiles o de esa ausencia de método y ordenación de las disciplinas mentales, tendrá que recurrir a las fuentes del componente ibérico. Pero también hallará seguramente en este último la explicación de muchas de las más nobles virtudes del conglomerado racial: el espíritu caballeresco, el valor indomable, el estímulo de la aventura heroica, la generosidad rayana en el despilfarro, el celoso aprecio de la mujer, el culto de la familia y de la patria.

La eliminación de los sedimentos perjudiciales o viles y la exaltación de los elementos nobles y limpios dentro de ese complejo de caracteres, influencias y conatos que constituye la herencia psicológica de un pueblo, es una de las más transcendentales tareas del verdadero educador.

En nuestro afán de divulgación educativa, hemos querido destacar algunos de los problemas educativos de mayor apremio para el pueblo panameño. Muchos de ellos han sido planteados hace algunos años, pero aún no han hallado solución satisfactoria. Conservan, pues, su misma actualidad. Otros, como nuestro ensayo sobre "La Planificación Integral de la Educación", abren el camino de la investigación sobre un tema de apasionante interés pedagógico.

El corto ensayo a que nos referimos no puede, sin embargo, ser considerado como una tesis más o menos controvertible. En él no hacemos otra cosa que destacar hechos de la vida real del pueblo panameño y la profunda crisis por la que atraviesa la educación nacional, valorar su contenido cultural y deducir las conclusiones lógicas que surgen de su planteamiento pedagógico. Lo que somos en la actualidad se desprende de lo que hemos sido en nuestro pasado histórico. Lo que podemos ser y hasta dónde podemos llegar en el proceso cultural es, a su vez, consecuencia de lo que somos y de la manera como resolvamos el gran problema de la educación popular.

101 años de Panamá América

 
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