Taxi
Los ciudadanos de este país hemos vivido bajo la impresión de que Macondo queda en cualquier parte de América Latina, menos en Panamá; y que las alucinaciones de sus personajes son ficción, genuina y pura, del Gran Maestro colombiano de Aracataca. Así ha sido o era, hasta que abordamos un taxi, y enfrentamos primero el carácter selectivo de sus conductores: "No, para allá no voy". Lo peor es cuando esa información se le ofrece al pasajero después de abordado el transporte. Más de uno ha pasado la vergüenza de tener que bajar del taxi, y después seguir con la odisea de conseguir otro que sí vaya hacia donde usted se dirige. Cuando al fin llega uno (Dios ha escuchado nuestros rezos), a la plegaria se suman los ruegos y comienza otra odisea.
No se trata de privilegios, sino de buen servicio. Hay que tener suerte para encontrar un taxi con aire acondicionado; y si tiene, pedirle al conductor que baje el volumen del equipo de sonido. El baja el volumen para saber qué se le está diciendo, y entonces lo reduce de mala gana, no sin antes lanzarle al pasajero una mirada desafiante. Uno queda con la percepción de que vivimos en un país de sordos o de suicidas del tímpano.
En muchas ocasiones, llegar del punto "a" al punto "b", toma 16 minutos en línea recta; pero como el taxista conoce un atajo, cambia de rumbo para hacer el mismo trecho en una hora. Por otro lado, aún cuando no hay ninguna ley que haya cambiado por colectivo el carácter selectivo del taxi, no resulta extraño ver seis personas en uno con capacidad para cuatro. Y si usted fue el primero en ocuparlo, no cometa el error de expresar al taxista su descontento. Lo más seguro es que tenga que bajarse en medio de agresivas palabrotas.
Esa situación es evidencia de que, como muchas cosas en Panamá, las leyes están escritas en piedra, en papel o en el viento; pero nadie las hace cumplir, y los usuarios aparecen como víctimas cotidianas de un salvajismo de mercado, o del capricho de quien quiere ganar más sin importarle si viola o no normas establecidas.
Con relación a mantener un crecimiento económico superior al 4.5% como lo planteó el Gobierno en sus pronósticos durante 40 años, dijo que desde su punto de vista es imposible mantener ese nivel de crecimiento.
"Ese crecimiento significa que la economía del país crecerá siete veces más, y de ser así, la CSS no sería ningún problema en Panamá, y hay que recordar que la ampliación del Canal durará sólo unos siete años", manifestó.
Ante estos planteamientos, el ministro de la Presidencia, Ubaldino Real señaló que habrá que ver los supuestos y parámetros que estos actuarios utilizaron para llevar a cabo estas corridas.
Descartó la posibilidad que el Gobierno compare sus cifras con los actuarios independientes.
No se trata de privilegios, sino de buen servicio. Hay que tener suerte para encontrar un taxi con aire acondicionado; y si tiene, pedirle al conductor que baje el volumen del equipo de sonido. El baja el volumen para saber qué se le está diciendo, y entonces lo reduce de mala gana, no sin antes lanzarle al pasajero una mirada desafiante. Uno queda con la percepción de que vivimos en un país de sordos o de suicidas del tímpano.
En muchas ocasiones, llegar del punto "a" al punto "b", toma 16 minutos en línea recta; pero como el taxista conoce un atajo, cambia de rumbo para hacer el mismo trecho en una hora. Por otro lado, aún cuando no hay ninguna ley que haya cambiado por colectivo el carácter selectivo del taxi, no resulta extraño ver seis personas en uno con capacidad para cuatro. Y si usted fue el primero en ocuparlo, no cometa el error de expresar al taxista su descontento. Lo más seguro es que tenga que bajarse en medio de agresivas palabrotas.
Esa situación es evidencia de que, como muchas cosas en Panamá, las leyes están escritas en piedra, en papel o en el viento; pero nadie las hace cumplir, y los usuarios aparecen como víctimas cotidianas de un salvajismo de mercado, o del capricho de quien quiere ganar más sin importarle si viola o no normas establecidas.
Con relación a mantener un crecimiento económico superior al 4.5% como lo planteó el Gobierno en sus pronósticos durante 40 años, dijo que desde su punto de vista es imposible mantener ese nivel de crecimiento.
"Ese crecimiento significa que la economía del país crecerá siete veces más, y de ser así, la CSS no sería ningún problema en Panamá, y hay que recordar que la ampliación del Canal durará sólo unos siete años", manifestó.
Ante estos planteamientos, el ministro de la Presidencia, Ubaldino Real señaló que habrá que ver los supuestos y parámetros que estos actuarios utilizaron para llevar a cabo estas corridas.
Descartó la posibilidad que el Gobierno compare sus cifras con los actuarios independientes.