Taxis
A veces tocamos temas que parecieran baladíes, pero que, en el fondo, merecen la pena considerarlos. Hoy nos referimos al servicio de taxis en nuestro medio y a sus conductores.
En primer lugar creemos que hay un buen número de ellos que son clandestinos; sus propietarios o conductores no aparecen registrados; esto suponemos por el gran número de matracas.
Miembros de nuestra empresa han tomado taxis que pareciera que se van a desbaratar durante el recorrido. Uno de ellos tenía un chillido en la parte de adelante similar a una cigarra y atrás una verdadera tempestad atronadora.
Si hace calor, el pobre usuario no puede bajar los vidrios de las puertas, porque las maniguetas se las ha quitado el conductor para su comodidad, y no tener que estar subiéndolas o bajándolas conforme los hayan dejado los últimos pasajeros que montaron el armatoste.
Los taxis de Panamá son los más efectivos saboteadores de los esfuerzos que hace el Instituto Panameño de Turismo (IPAT) por atraer visitantes que, tras ocuparlos, se lleven una buena imagen de nuestro país.
Sería verdaderamente saludable que tanto el IPAT como los jefes del departamento de la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre unieran decisión y esfuerzos por lograr que el servicio de taxis sea digno de reconocimiento.
Es preciso que se le haga entender a los taxistas que el pasajero que paga por la carrera, tiene derecho a que se le respete y que no se le obligue a escuchar la música que no desea ni se le interrumpa el hilo de sus pensamientos durante la carrera o se le impida concentrarse en la lectura de algún documento.
Convenimos en que entre los conductores de taxis hay personas moderadas y ejemplarmente caballerosas, pero desgraciadamente la inmensa mayoría de los conductores carece de un grado mínimo de respeto y consideración para con los usuarios. Y son, ni más ni menos, primos hermanos de aquellos otros conductores que constituyen una plaga y han demostrado ser una amenaza social y que manejan los autobuses llamados, muy justificadamente, "diablos rojos".
En primer lugar creemos que hay un buen número de ellos que son clandestinos; sus propietarios o conductores no aparecen registrados; esto suponemos por el gran número de matracas.
Miembros de nuestra empresa han tomado taxis que pareciera que se van a desbaratar durante el recorrido. Uno de ellos tenía un chillido en la parte de adelante similar a una cigarra y atrás una verdadera tempestad atronadora.
Si hace calor, el pobre usuario no puede bajar los vidrios de las puertas, porque las maniguetas se las ha quitado el conductor para su comodidad, y no tener que estar subiéndolas o bajándolas conforme los hayan dejado los últimos pasajeros que montaron el armatoste.
Los taxis de Panamá son los más efectivos saboteadores de los esfuerzos que hace el Instituto Panameño de Turismo (IPAT) por atraer visitantes que, tras ocuparlos, se lleven una buena imagen de nuestro país.
Sería verdaderamente saludable que tanto el IPAT como los jefes del departamento de la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre unieran decisión y esfuerzos por lograr que el servicio de taxis sea digno de reconocimiento.
Es preciso que se le haga entender a los taxistas que el pasajero que paga por la carrera, tiene derecho a que se le respete y que no se le obligue a escuchar la música que no desea ni se le interrumpa el hilo de sus pensamientos durante la carrera o se le impida concentrarse en la lectura de algún documento.
Convenimos en que entre los conductores de taxis hay personas moderadas y ejemplarmente caballerosas, pero desgraciadamente la inmensa mayoría de los conductores carece de un grado mínimo de respeto y consideración para con los usuarios. Y son, ni más ni menos, primos hermanos de aquellos otros conductores que constituyen una plaga y han demostrado ser una amenaza social y que manejan los autobuses llamados, muy justificadamente, "diablos rojos".