Taxis amarillos
Si tuviéramos que escribir un editorial que resuma lo que ha sido el desempeño de la Autoridad del Tránsito, no dudaríamos en titularlo: "Angelino Harris, un Gran Fracaso", así con mayúsculas. De otro modo, no podríamos referirnos al pésimo desempeño de esa entidad bajo su mando, cuya lápida colocará el propio Harris, antes de pasarla al Municipio, de donde nunca debió salir.
El tiro de gracia será el misterioso proyecto del "Transmilenium", una especie de ciempiés articulado que, aparentemente, podría multiplicar por cien los problemas del transporte colectivo y hasta hacer que la gente añore a los "diablos rojos". Angelino Harris estudió sistemas de transporte, aparentemente en vano. No parece haber entendido que lo mejor podría ser adoptar el sistema francés de metro o trenes elevados, sobre las actuales vías. No parece capaz de visualizar que Panamá no es Bogotá ni Curitiba, que crecen en forma concéntrica y no alargada como nuestra capital. Además, el transporte público de taxis y buses, bajo su mando, está peor que nunca, reinado por la impunidad, la irresponsabilidad, la corrupción y el desorden. Por eso es que, en medio del caos reinante en el sector, nos mueve a hilaridad la medida heroica de Harris, de ordenar pintar los taxis de amarillo. Un par de décadas atrás, en tiempos de los militares, cuando todos los hilos del poder se centraban en la Avenida A, se impuso a la fuerza igual orden. Entonces, la flota vehicular era mucho menos mala que ahora, pues los propios uniformados incursionaban en el negocio en asocio con las mafias de siempre; hasta que un día los camiones de la Guardia Nacional los despedazaron en la piquera frente a la Cervecería, por "mal portados". El caso es que hubo protestas y pataleos, pero los pintaron. La medida no duró ni un año, antes de que empezaran a repintarlos de colores. Y de allí hasta nuestros días anárquicos, es que nuestra ciudad, que se nos antoja hermosa, es afeada por la presencia de pick-up taxis y chatarras rodantes de pésimo aspecto, conducidos por maleantes, algo que ni siquiera nuestros vecinos centroamericanos se atreven a hacer. Como si el problema de fondo fuera el color de los taxis. Vaya respuesta sin solución.
El tiro de gracia será el misterioso proyecto del "Transmilenium", una especie de ciempiés articulado que, aparentemente, podría multiplicar por cien los problemas del transporte colectivo y hasta hacer que la gente añore a los "diablos rojos". Angelino Harris estudió sistemas de transporte, aparentemente en vano. No parece haber entendido que lo mejor podría ser adoptar el sistema francés de metro o trenes elevados, sobre las actuales vías. No parece capaz de visualizar que Panamá no es Bogotá ni Curitiba, que crecen en forma concéntrica y no alargada como nuestra capital. Además, el transporte público de taxis y buses, bajo su mando, está peor que nunca, reinado por la impunidad, la irresponsabilidad, la corrupción y el desorden. Por eso es que, en medio del caos reinante en el sector, nos mueve a hilaridad la medida heroica de Harris, de ordenar pintar los taxis de amarillo. Un par de décadas atrás, en tiempos de los militares, cuando todos los hilos del poder se centraban en la Avenida A, se impuso a la fuerza igual orden. Entonces, la flota vehicular era mucho menos mala que ahora, pues los propios uniformados incursionaban en el negocio en asocio con las mafias de siempre; hasta que un día los camiones de la Guardia Nacional los despedazaron en la piquera frente a la Cervecería, por "mal portados". El caso es que hubo protestas y pataleos, pero los pintaron. La medida no duró ni un año, antes de que empezaran a repintarlos de colores. Y de allí hasta nuestros días anárquicos, es que nuestra ciudad, que se nos antoja hermosa, es afeada por la presencia de pick-up taxis y chatarras rodantes de pésimo aspecto, conducidos por maleantes, algo que ni siquiera nuestros vecinos centroamericanos se atreven a hacer. Como si el problema de fondo fuera el color de los taxis. Vaya respuesta sin solución.