Taxis, lo que está detrás
Panamá es nuevamente escenario de una fuerte disputa entre el gremio de taxistas y el gobierno. La prórroga que la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT) había otorgado a los dueños de taxis para que fueran pintados de amarillo vence hoy. Pero de un total de 28 mil taxis que operan en el país, sólo 8 mil han cumplido con la norma. Esta es la tercera prórroga vencida e incumplida por parte de los taxistas. ¿Qué pasará ahora? Gran parte de la opinión pública está segura que la ATTT terminará agachando la cabeza ante las presiones de los taxistas, archivará la disposición un año más y dejará que oscuros intereses del gremio determine el triste futuro que le aguarda al servicio de taxis.
La fortaleza de ese grupo agremiado radica en que los dueños de taxis se reparten el jugoso pastel manteniendo un peligroso desequilibrio entre oferta y demanda. De allí que los taxis escasean a la hora de mayor demanda. Esto les permite seguir haciendo lo que les da la gana. Son los conductores de taxis, y no el cliente, quienes deciden y disponen las rutas que harán. El triste célebre: "Para allá no voy". Una vez más vemos las duras limitaciones a las que se enfrenta la creación de normas y reglamentos por parte de técnicos y profesionales bien intencionados, cuando chocan contra los intereses de esos poderosos gremios que imponen su caótico sistema por encima de políticas de racionalización y optimización del servicio público de transporte. El gobierno abusa de la política de tolerancia. Y con los resultados de esta historia, ¿quién puede seguir confiando en las autoridades de la ATTT?