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¿Taxis o cafeteras rodantes?


Son una vergüenza para el país. La mayoría de los taxistas presta un pésimo servicio, al extremo que nos atrevemos a afirmar que, con la excepción de México D.F., el que dan en nuestra capital es el peor del Continente.
Hasta Belice, que es un joven país de infraestructura incipiente, ofrece un servicio de taxis mejor que el nuestro. En esa pequeña nación, todos los vehículos destinados al servicio son nuevos, por orden legal y de autoridad. Y la razón es sencilla, los beliceños están volcados hacia el turismo y lo están haciendo en serio.
Lo triste es que el mismo cuadro comparativo adverso se presenta en el resto de América, donde todo país, pese a sus problemas, se esmera en presentar en cada taxi y taxista, su mejor cara. Aquí en Panamá no.
Y eso que no mencionamos a los taxistas de Tokio, donde a más de que el servicio sólo puede ser prestado por vehículos nuevos, los conductores deben estar uniformados incluso con corbata y guantes blancos, y además -¡caigámonos!- todos los asientos del auto deben estar forrados con funda blanca, limpia, que se cambia cada día. En Hamburgo, Berlín, Colonia y Munich, entre otras ciudades alemanas, todos los taxis son del año, marca Mercedez o BMW, siendo en parte una muestra de la pujante industria automotriz del país, fuera del servicio que ofrecen. En Washington, Nueva York, Denver y otras ciudades norteamericanas, además de la exigencia de autos de buena apariencia, se requiere que todos sean de un solo color.
En Panamá, en cambio, nos aguantamos a taxistas en camiseta y pantalones cortos, en chancletas y panza al aire, sin rasurar y mal olientes, fiel reflejo del estado y apariencia de los vehículos. Ni hablar de la grosería, la arbitrariedad y el manejo desordenado. ¡Y así todos quieren un aumento de tarifas!

101 años de Panamá América

 
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