Taxis sin control
El Gobierno pareciera no enterarse que un viejo enemigo continúa en las calles, socavando a diario las propuestas electorales gubernamentales y minando la escasa credibilidad del pueblo en sus actuales gobernantes, pues el servicio de taxis es cada vez más inseguro e ineficiente.
Es que los taxistas siguen haciendo lo que les da la gana en las calles, donde ninguna "mano dura" ha podido con ellos. Se niegan a pintarlos para camuflarse entre la masa de automovilistas. Lo peor es que ahora un nuevo ingrediente de inseguridad e irritación se agrega al sufrido usuario: la incierta tarifa que cobran por el servicio, pues nadie sabe cuáles son, dónde se muestran y mucho menos quién las aplicará.
Es absolutamente incomprensible que las autoridades sigan protegiendo y tolerando que no tengan a la vista del usuario la gráfica con las nuevas tarifas, la foto del conductor con sus señas particulares, el número del taxi en el interior de cada vehículo, cinturones de seguridad, conductores bien vestidos con buenos modales y un largo etcétera. En fin, se trata de hacer cosas simples como crear una cultura de servicio, que le permita a su vez, aliviar la dura carga que llevan sobre sus hombros los sufridos usuarios de los taxis.