Taxistas armados
Apoyándose en el asunto de las estadísticas criminales sobre taxistas asesinados o asaltados por maleantes, los gremios del sector insisten en que se les autorice el uso de armas. Siguiendo la lógica de los taxistas, también los asiáticos podrían plantear el derecho a la autodefensa armada y luego vendrían los empleados de las gasolineras y todos los trabajadores de servicios nocturnos. Panamá se convertiría en un conglomerado de frentes de autodefensa amados hasta los dientes, como si éste fuera un país sin policía, sin garantía de seguridad y orden público. ¿Quién querría vivir en un país así? ¿Qué incauto turista se arriesgaría a subir a un taxi si una discusión sobre tarifas podría degenerar en una reyerta armada?
Bien harían los taxistas en mejorar la calidad de su discutible servicio en vez de hacer propuestas tan descabelladas. La opción de obtener licencia para usar armas en defensa propia será abierta a cualquier ciudadano que se ciña a los requisitos de ley y que acredite, sobre todo, madurez sicológica, estabilidad emocional y respeto a sus semejantes. Como es público y notorio, la mayoría de los taxistas demuestran cotidianamente un irrespeto clamoroso por las reglas del tránsito, además de su pésima educación y de maltrato a los usuarios. En estas fiestas de fin de año y similares, los taxistas invierten los términos del servicio, vale decir, no es el usuario quien determina a qué lugar desea ser transportado, sino el taxista arbitraria y antirreglamentariamente, rehusando prestar el servicio al que le obliga su deber profesional y su permiso de conducir.
No hay que esforzarse mucho para imaginar lo que podría acontecer en cualquier discusión, entre taxista y pasajero, el primero tiene un arma al alcance de sus manos. Lo que hoy es negligencia o descortesía podría derivar en graves actos de abuso, coacción y hostilidad, no sólo en la relación entre taxista y pasajero sino entre taxista y conductor de autos privados y aun entre taxistas mismos. Es conocido que bajo la carga del stress que generan las congestiones del tránsito, los conductores de vehículos tienen reacciones exaltadas, profieren obscenidades, efectúan maniobras bruscas e irreglamentarias. Pues bien. Con taxistas con licencia para portar armas de fuego, las discusiones culminarían a balazos.
Las complejidades del tránsito exigen que las autoridades dicten medidas para optimizar un servicio como el de taxis y no para agravar el desorden imperante en la actualidad. Los taxistas deben reentrenarse en la atención al público, adecuando el servicio al reglamento y sobre todo brindando respeto y buenas maneras a los usuarios. Es tiempo que los malos profesionales entiendan que tienen responsabilidades puntuales, que su transgresión puede acarrearles no solamente multas sino hasta la suspensión de la licencia respectiva.
Bien harían los taxistas en mejorar la calidad de su discutible servicio en vez de hacer propuestas tan descabelladas. La opción de obtener licencia para usar armas en defensa propia será abierta a cualquier ciudadano que se ciña a los requisitos de ley y que acredite, sobre todo, madurez sicológica, estabilidad emocional y respeto a sus semejantes. Como es público y notorio, la mayoría de los taxistas demuestran cotidianamente un irrespeto clamoroso por las reglas del tránsito, además de su pésima educación y de maltrato a los usuarios. En estas fiestas de fin de año y similares, los taxistas invierten los términos del servicio, vale decir, no es el usuario quien determina a qué lugar desea ser transportado, sino el taxista arbitraria y antirreglamentariamente, rehusando prestar el servicio al que le obliga su deber profesional y su permiso de conducir.
No hay que esforzarse mucho para imaginar lo que podría acontecer en cualquier discusión, entre taxista y pasajero, el primero tiene un arma al alcance de sus manos. Lo que hoy es negligencia o descortesía podría derivar en graves actos de abuso, coacción y hostilidad, no sólo en la relación entre taxista y pasajero sino entre taxista y conductor de autos privados y aun entre taxistas mismos. Es conocido que bajo la carga del stress que generan las congestiones del tránsito, los conductores de vehículos tienen reacciones exaltadas, profieren obscenidades, efectúan maniobras bruscas e irreglamentarias. Pues bien. Con taxistas con licencia para portar armas de fuego, las discusiones culminarían a balazos.
Las complejidades del tránsito exigen que las autoridades dicten medidas para optimizar un servicio como el de taxis y no para agravar el desorden imperante en la actualidad. Los taxistas deben reentrenarse en la atención al público, adecuando el servicio al reglamento y sobre todo brindando respeto y buenas maneras a los usuarios. Es tiempo que los malos profesionales entiendan que tienen responsabilidades puntuales, que su transgresión puede acarrearles no solamente multas sino hasta la suspensión de la licencia respectiva.