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“Te digo la verdad”


Victoriano Rodríguez S. (diostesalvepanama@yahoo.com)
Hoy te escribo con la sana intención de exponer, con tino, seguridad y lenguaje sencillo, algunos puntos de vista colectivos o diferentes, sobre situaciones que afectan a la comunidad, por lo que este artículo procura orientar cambios de actitud que modifiquen la dirección de nuestra sociedad.
Realmente, nadie es dueño de la verdad y ciertamente, muchas veces la mayoría se equivoca más que las minorías, pero el voto mayoritario es un mandato de la colectividad. Lo importante es que quien vote lo haga con libertad y sin pasionismos.
Iniciaremos nuestros comentarios dirigidos a los diferentes actores sociales que componen nuestra colectividad. Es conocido y se ha enfatizado sobre el tema de la corrupción, de manera que siempre se señala como el foco de esta contaminación al gobierno. Nadie se preocupa en cuestionar la empresa privada, sector que, para mi opinión, tiene un papel importante dentro del juego de la corrupción; sin embargo no se le juzga. La corrupción es un mal endémico de la sociedad, producto del “juega vivo” que inconscientemente puede ser impulsado por nuestros progenitores.
Su génesis la podremos encontrar en los juegos de niños cuando nuestros hijos llevan a casa objetos que obviamente no le hemos comprado. Los lápices, plumas o checheritos que llevan desde las escuelas pre primarias y que muchas veces no les obligamos a devolver. Ahí, es la cimiente del “juega vivo” porque el niño aprende a quedarse con lo que no le pertenece.
Cuando ya es adolescente, traerá una calculadora, un libro, una bicicleta o quien sabe cuantas cosas más sin que sus padres, muchas veces, nada digan permitiendo que su hijo se apropie de productos ajenos porque hubo un incauto o un bobo que se los dejó quitar. Ya de joven continuará su insana práctica y los padres, ahora, con temor o recelo, producto de su propia irresponsabilidad, se sienten sin autoridad física y moral para llamarle la atención.
Este es un ejemplo muy sencillo del inicio de la corrupción, el cual se agrava con los políticos irresponsables, las altas tasas de desempleo y una educación que no se adapta a la realidad socio-económica de la población panameña, donde el Hijo de Juana deambula por las calles buscando trabajo sin obtenerlo, porque las empresas están cerrando y el gobierno esta despidiendo. Dios te salve Panamá.
He escrito con antelación que la crisis se combate mediante la creación de fuentes de empleos, donde la participación de le empresa privada se desarrolle como verdaderos inversionistas y no con comerciantes de corta proyección que prevén sacar su inversión a corto plazo. Siempre he sostenido que en las épocas de crisis surgen los grandes negocios y en éstas las verdaderas genialidades.
Recordemos que la corrupción no tiene color, clase social, nivel político ni religioso. Muchas veces la corrupción se arropa con la sábana de la Ley. Hace algunos años escuché a un gran jefe que nos decía que algunas acciones podían ser legales, pero que no morales. En consecuencia, es conveniente y provechoso preguntarse si cuando actuamos amparados en la Ley, es también un acto moral. Es allí donde va dirigido este mensaje. La apropiación de un bien público o particular es un acto de corrupción. Por lo que debemos estar conscientes de que el futuro de una nación se fundamente en la calidad moral de sus habitantes. Dios te salve Panamá.
(victorianos@hotmail.com)

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