Tecnología, ¿para quiénes?
Hace unos días leímos un artículo interesante sobre los problemas sociales y culturales que crea el crecimiento masivo de la Internet en América Latina y su incidencia en las economías. La Internet concebida idealmente debería servir como un facilitador o puente de información a distancia entre ricos y pobres, pero para desgracia de los 520 millones de personas que vivimos en este continente, las cosas seguirán iguales o peores, porque el mercado interactivo está agarrando su paso en Latinoamérica; convirtiéndose en una vitrina comercial para las grandes empresas de comunicación que, ante la pérdida de consumidores en Estados Unidos y Canadá, ponen en español su acceso a la información. Mas, nuestra realidad indica que sólo uno de cada 50 hogares latinos tendrá acceso a estos sistemas, lo que está generando una brecha social con una división digital real, debido a que una quinta parte de nuestra población podrá involucrarse en la tecnología, aunque bajen sus costos.
En Panamá la realidad de los usos electrónicos apenas empieza con sólo una empresa para ejecución de portales, lo que demuestra un mercado incipiente y pequeño, vulnerable a los comportamientos propios de la piratería. Aunado a esto, el uso que damos a estos sistemas, los panameños, no es el más adecuado al utilizarlo mayormente al "ocio" que al aprendizaje y su aplicación en las diferentes profesiones u oficios.
El gobierno, como ente regulador del sistema educativo, hace esfuerzos por modernizar nuestra educación con sistemas computaciones como las Infoplazas, mientras que los empresarios ven este mercado muy lucrativamente, cuando podrían implementar programas comunitarios mediante donaciones y tener un beneficio indirecto en las economías informales. ¿Cómo? Muy simple. Cuando el hombre del campo, amas de casa, estudiantes o miembros de la tercer edad ( Arraiján, Bugaba, Ocú, Penonomé) o del área urbana Este ( Chepo, 24 de Diciembre, Pacora) tengan internet en sus barrios con cursos patrocinados por el Estado o empresa privada, éstos transmitirán sus conocimientos hacia otros ( hijos o amigos) creando una cadena tecnológica que a mediano plazo permitirá un mercado en busca de la superación.
Por ultimo, el apartheid computacional es una barrera visual (gente) que deambula por las calles de Panamá, con un sentido perdido entre la exigente sociedad, que pide mayor educación para aspirar a un puesto de trabajo.
En Panamá la realidad de los usos electrónicos apenas empieza con sólo una empresa para ejecución de portales, lo que demuestra un mercado incipiente y pequeño, vulnerable a los comportamientos propios de la piratería. Aunado a esto, el uso que damos a estos sistemas, los panameños, no es el más adecuado al utilizarlo mayormente al "ocio" que al aprendizaje y su aplicación en las diferentes profesiones u oficios.
El gobierno, como ente regulador del sistema educativo, hace esfuerzos por modernizar nuestra educación con sistemas computaciones como las Infoplazas, mientras que los empresarios ven este mercado muy lucrativamente, cuando podrían implementar programas comunitarios mediante donaciones y tener un beneficio indirecto en las economías informales. ¿Cómo? Muy simple. Cuando el hombre del campo, amas de casa, estudiantes o miembros de la tercer edad ( Arraiján, Bugaba, Ocú, Penonomé) o del área urbana Este ( Chepo, 24 de Diciembre, Pacora) tengan internet en sus barrios con cursos patrocinados por el Estado o empresa privada, éstos transmitirán sus conocimientos hacia otros ( hijos o amigos) creando una cadena tecnológica que a mediano plazo permitirá un mercado en busca de la superación.
Por ultimo, el apartheid computacional es una barrera visual (gente) que deambula por las calles de Panamá, con un sentido perdido entre la exigente sociedad, que pide mayor educación para aspirar a un puesto de trabajo.