Telecomunicación y transporte
En los últimos días, se han producido algunos fenómenos en torno a los servicios básicos, que requiere el panameño, en especial, el ciudadano que siempre recae el mayor peso de las injusticias del sistema. En el tema de las telecomunicaciones, nos encontramos con la apertura de este sistema, con una lluvia de empresas prestadoras del servicio, unas a nivel nacional, otras en el ámbito internacional y aquellas que ofrecen ambos servicios, mediante toda clase de ofertas y paquetes de llamadas, con tal de atraer afiliados y así poder tener su mercado cautivo.
¿Pero qué pasó con esta apertura? Si bien ha provocado una baja considerable en algunas tarifas, no debemos pasar por alto que los panameños somos los dueños del 49% de las acciones de la principal empresa telefónica del país, Cable and Wireless, y con esto quiero decir, que si bien no ha prestado un excelente servicio, es más ni siquiera bueno, es la única compañía que le da un aporte directo al Estado, el cual redunda en beneficio de la población por medio de obras sociales que realizan los gobiernos. Al contrario, las otras empresas son completamente privadas y el Estado no tiene ninguna participación; todo lo que recogen se va para unos cuantos. Por eso, a la hora de seleccionar, vean el bien particular y el bien común. Si no se está prestando un buen servicio, éste se puede mejorar por medio de la presión estatal, incluso reformando la ley que daría mayor participación al Estado en la toma de decisiones. En fin, las decisiones son unilaterales y cada uno sabrá si entra o cambia de operador telefónico.
En cuanto al transporte, ya habíamos escrito antes lo tercos e intransigentes que son los dirigentes de ese sector. Se debe poner mano dura y no ceder a las presiones particulares de estos señores, quienes quieren obtener todo con amenazas, pensando sólo en su provecho, y sin mirar que los problemas del alza del combustible los estamos sufriendo también el resto de la población, pero somos conscientes que la solución de este problema no está en manos de ningún panameño.
Con el impuesto del combustible, el Estado realiza obras en beneficio de la comunidad y es una de las formas de dar respuestas a otras necesidades, como arreglos de calles por las que transitan esos mismos transportistas; pero como les han puesto coronas, ese error lo tienen que pagar los gobernantes, pues ha faltado carácter para tomar medias fuertes. Aquel transportista que no quiere seguir operando porque la gasolina está cara, entonces que ceda su cupo a otro y listo. Vamos poco a poco saneando ese sector, sacando a los quinta columnas, que se esconden en los sindicatos, para seguir pelechando del sudor ajeno.
Los transportistas, con estas presiones, afectan a la población pobre del país, la misma a la que pertenecen el palanca y el pavo, y de la cual salieron los pomposos dirigentes y dueños de líneas de buses; pero que ahora no se quieren acordar de su pasado e insisten en tomar medidas impopulares, sólo con el único objetivo de ver disminuir sus ganancias. Vuelvo y repito, si no les cuadra las cuenta, dedíquense a otra cosa y dejen trabajar a los que sí quieren hacerlo. Así veo las cosas, así las cuento.
¿Pero qué pasó con esta apertura? Si bien ha provocado una baja considerable en algunas tarifas, no debemos pasar por alto que los panameños somos los dueños del 49% de las acciones de la principal empresa telefónica del país, Cable and Wireless, y con esto quiero decir, que si bien no ha prestado un excelente servicio, es más ni siquiera bueno, es la única compañía que le da un aporte directo al Estado, el cual redunda en beneficio de la población por medio de obras sociales que realizan los gobiernos. Al contrario, las otras empresas son completamente privadas y el Estado no tiene ninguna participación; todo lo que recogen se va para unos cuantos. Por eso, a la hora de seleccionar, vean el bien particular y el bien común. Si no se está prestando un buen servicio, éste se puede mejorar por medio de la presión estatal, incluso reformando la ley que daría mayor participación al Estado en la toma de decisiones. En fin, las decisiones son unilaterales y cada uno sabrá si entra o cambia de operador telefónico.
En cuanto al transporte, ya habíamos escrito antes lo tercos e intransigentes que son los dirigentes de ese sector. Se debe poner mano dura y no ceder a las presiones particulares de estos señores, quienes quieren obtener todo con amenazas, pensando sólo en su provecho, y sin mirar que los problemas del alza del combustible los estamos sufriendo también el resto de la población, pero somos conscientes que la solución de este problema no está en manos de ningún panameño.
Con el impuesto del combustible, el Estado realiza obras en beneficio de la comunidad y es una de las formas de dar respuestas a otras necesidades, como arreglos de calles por las que transitan esos mismos transportistas; pero como les han puesto coronas, ese error lo tienen que pagar los gobernantes, pues ha faltado carácter para tomar medias fuertes. Aquel transportista que no quiere seguir operando porque la gasolina está cara, entonces que ceda su cupo a otro y listo. Vamos poco a poco saneando ese sector, sacando a los quinta columnas, que se esconden en los sindicatos, para seguir pelechando del sudor ajeno.
Los transportistas, con estas presiones, afectan a la población pobre del país, la misma a la que pertenecen el palanca y el pavo, y de la cual salieron los pomposos dirigentes y dueños de líneas de buses; pero que ahora no se quieren acordar de su pasado e insisten en tomar medidas impopulares, sólo con el único objetivo de ver disminuir sus ganancias. Vuelvo y repito, si no les cuadra las cuenta, dedíquense a otra cosa y dejen trabajar a los que sí quieren hacerlo. Así veo las cosas, así las cuento.