Teléfonos celulares
Más que unas letras para destacar el maravilloso invento, la reflexión apunta hacia los usuarios. Es seguro que si María, la de Jorge Isaac, hubiera tenido un celular, no hubiera muerto esperando al amor de su vida.
El bendito aparato es tan efectivo y diligente que permite la comunicación en segundos, y los desastres también. Por ejemplo, los accidentes de tránsito.
En algún momento se encontrará un método para demostrar en cuántos accidentes ha estado involucrado el pequeño bichito. En Ontario, Canadá, por ejemplo, acaban de prohibir a los conductores su uso para hablar, leer mensajes, enviar o cualquier otra maniobra que tenga que ver con el aparato, mientras se conduce.
Centenares de países han hecho lo mismo tras confirmar que la persona no presta toda su atención al manejo de un auto cuando habla por el celular, y que sólo basta un segundo de descuido para que se produzca un accidente.
En Panamá también está prohibido; pero claro, como expresión de la anarquía que reina en el país es normal, primero: no darse cuenta si lo hacen porque la mayoría de los autos lleva vidrios negros, no ahumados sino negros; y segundo, los que llevan los vidrios abajo lo hacen con tanta naturalidad que las conversaciones duran mucho más que el tiempo que toma la luz roja de un semáforo.
Más que colectiva, es una cuestión individual y no todas las llamadas son urgentes ni se requiere de un policía para cumplir con esto.