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Televisión y manipulación


Hay un debate del que la sociedad panameña ha estado ajeno, como ajeno se encuentra el país a tantos debates que están dándose en otras naciones. Argentina fue el primero en abordar el tema, luego lo siguió México, lo está tratando España y más recientemente Venezuela. En esos países existe una preocupación cada vez más generalizada por la manera como la televisión privada ha incumplido su responsabilidad con el bien común para convertirse en una especie de amenaza para la cohesión social y un desafío a la salvaguarda de los principios y los valores que deben regir la convivencia y la dignidad humanas.
En el caso argentino, el debate está centrado en el papel de la televisión privada que se asocia con la agresividad, la violencia social y la ausencia de valores morales en los jóvenes. La sociedad argentina demanda que las emisiones de imágenes plagadas de crueldad efectiva y de traiciones, la exaltación del egoísmo, la codicia y otros disvalores, sean reguladas por los poderes públicos y por legislaciones que protejan a los menores.
España ha planteado la necesidad por parte de un ajuste serio, profesional y de auténtico compromiso en programación y contenidos de parte de las cadenas de televisión capaz de promover el civismo y la cultura política. "Si las televisiones no regulan sus contenidos, el gobierno actuará", fue la contundente advertencia del presidente del gobierno español, José Rodríguez Zapatero.
En el caso de Venezuela la legislación que busca regular la televisión privada da mucho margen a la interpretación. Pero la finalidad de proteger al público infantil y adolescente de la transmisión de contenidos violentos o sexuales que afecten su formación y promover entre los medios electrónicos una ética y fomentar la producción audiovisual independiente, es una propuesta legítima.
En México, la oposición y el oficialismo debatieron a lo largo de una semana en un foro denominado Gobernabilidad democrática: ¿qué reforma? sobre la necesidad de "sacudirse el miedo" y revisar el duopolio televisivo que representan Televisa y TV Azteca. El argumento es que ningún poder puede estar sin control. Responsabilizaron del estancamiento que vive México en su proceso de democratización al poder desmedido, fáctico e indebido de la televisión privada. Señalaron que el duopolio televisivo privilegia el rating, el escándalo y el dinero por encima de la información.
La vasta capacidad de los canales de televisión privados para afectar o beneficiar a personalidades y organizaciones políticas, es lo que los convierte en actores sumamente poderosos de la vida institucional de México. Los críticos calificaron de antidemocrático el poder de las corporaciones televisivas por su gran capacidad de distorsionar la vida cívica mediante la comunicación y el entretenimiento.
Luego de los debates en el Congreso mexicano se lamentó que los legisladores actuaran "como representantes de los medios y no de la sociedad, como empleados de los barones de la televisión".
En el caso de Panamá, las televisoras privadas pretenden ser intérpretes de lo que quiere la población. No solamente subvierten la jerarquización de los hechos noticiosos sino que le entregan a los televidentes un contenido que privilegia la violencia social, exacerba la inmoralidad y los somete a un bombardeo constante de mediocridad, vulgaridad y chabacanería. Esa programación basura, no solo está empobreciendo culturalmente a los panameños, distorsiona cada vez más la realidad social del país.
Es una sistemática acción dirigida a tratar de idiotizar a la población, entorpeciendo el pensamiento abstracto, atentando contra la memoria y la imaginación ciudadana con la trivialidad, el sensacionalismo y la maximización del deterioro de los valores.
Panamá debe sumarse a las corrientes renovadoras en las que están inmersas otras sociedades latinoamericanas e iniciar un debate para reformar las leyes que rigen las concesiones a las televisoras privadas. No es la lógica comercial, del mercado o del dinero la que debe imponerse. La televisión privada, pese a su peligrosa conjunción de poder económico y político, no debe convertirse en una nueva dictadura ni en una telecracia. Sería un gran paso en favor del interés general de la sociedad que mostrara intenciones de variar su constante interferencia mediática sobre la apreciación colectiva de la realidad panameña.

101 años de Panamá América

 
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