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Tema del traidor y el héroe


Jorge Luis Borges satiriza la imagen del patriota Fergus Kilpatrick, ajusticiado por sus connacionales al descubrir que era el delator de la conspiración que aparentaba encabezar. Sin embargo, para no deshonrar la causa rebelde, los patriotas irlandeses persistieron en mantener la imagen de Kilpatrick héroe y ocultar la imagen del Kilpatrick traidor. Estas suscitaciones borgianas proceden de la lectura de la novela histórica "Con ardientes fulgores de gloria" de Jorge Thomas, alter ego literario del abogado Juan David Morgan. Al concluir la última página revolotean las dudas: quiénes fueron los héroes y quiénes los traidores en los entreverados episodios de la separación de Panamá y Colombia y la construcción del canal de Panamá. ¿Fueron traidores o héroes, Phillipe Bunau- Varilla, Theodore Roosevelt, el coronel Huertas, el gobernador del istmo José Domingo de Obaldía, Manuel Amador Guerrero y todos los funcionarios que se acostaron colombianos y despertaron panameños?
La tipificación de la conducta moral de estos personajes depende de la perspectiva relativista del observador. Si el observador o analista de los sucesos es un historiador, un político, un diplomático, un periodista, o simplemente un colombiano, Guerrero, de Obaldía, el general Huertas fueron traidores a los intereses colombianos. Pero si el observador es panameño, todo ellos son héroes, o por lo menos rozaron el heroísmo al optar por la causa separatista y desdeñar la causa colombiana.
Morgan, sin embargo, nos induce a desconfiar de las posiciones categóricas y a asumir la ambigüedad del nacionalismo que pretende clasificar y definir a las personas bajo la presión de imperativos morales maniqueos. Con habilidad y amenidad narrativa nos insta a replantear el debate sobre las personas y circunstancias de la dicotomía histórica separatismo panameño - construcción del canal. Nos propone reabrir la polémica sobre los hombres que intervinieron en aquellos acontecimientos y disipar cierta penumbra más o menos vergonzosa sobre lo que hicieron y no hicieron los istmeños, cuando más bien deben preguntarse qué pretendieron hacer y qué tuvieron que aceptar, forzados por las circunstancias.
En las vísperas de la transferencia del canal, el discurso político fue paupérrimo. Se circunscribió al panegírico de los mártires del 9 de enero y sus compañeros vivos - lo cual es justo, pero se omitió el replanteamiento de las raíces históricas de la gestación del movimiento separatista y su vinculación a fortiori de la concesión a Estados Unidos para la construcción del canal - lo cual es injusto. Se ignora, también, el antecedente del tratado suscrito por el Presidente Harmodio Arias y el Presidente Franklin D.Roosevelt, cuyo autógrafo original es un misterio, ya que no se le encuentra en la Cancillería ni en el Archivo Histórico. Asimismo el tratado Robles- Johnson casi no fue mencionado. Hubo también una omisión flagrante en no invitar a los partidos y a las personalidades latinoamericanas que levantaron la defensa de la causa canalera. Las invitaciones a foráneos fueron meramente protocolares y vacías de contenido político. La excepción en la amplitud política generosa fue el discurso de la Presidenta de la República Mireya Moscoso en la ceremonia de transferencia del canal.
Sabemos que Morgan investigó en archivos franceses, norteamericanos, colombianos y panameños y que encontró información ignorada por historiadores tan perezosos como dogmáticos en la atribución de traiciones y heroísmos. La recopilación de información sobre Bunau- Varilla, verbigratia, es rica en matices, compleja en luces y sombras, todo lo cual nos lleva a continuar preguntando si la separación de Colombia y el canal por el istmo hubiera sido posible sin la intervención de este ingeniero francés que ciertamente jugó sus propias cartas , utilizando el interés de Roosevelt en construir el canal fuere en Colombia o en Panamá , y condicionando el fervor nacionalista de los istmeños a imposiciones jurídicas y territoriales propias de potencias que nunca dan nada gratis , aunque a menudo, a largo plazo, concluyen entregando lo que retuvieron cierto tiempo, pero no podían hacerlo per secula seculorum, tal como acaba de registrar la historia.

101 años de Panamá América

 
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