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Temas de Estado


El título del artículo puede sugerir muchos análisis respecto de los asuntos que tiene el país pendiente de decidir relacionados, una buena parte de ellos, con el futuro promisorio que podemos tener. En otra ocasión me referiré a los mismos. Sin embargo, me voy a permitir salirme un poco de esta idea, para analizar de qué manera muchas veces se utiliza la denominación "temas de Estado", para sacarle el cuerpo, precisamente, al estudio y planteamiento serio y detenido de los mismos.
Cuando se discutía la materia inherente a la transferencia del Canal a manos panameñas (Panamá 2000-Coronado), se comprendió que ese tema se salía de cualquiera agenda de gobierno para situarse sobre parámetros muy superiores que ameritaban la atención de todos los grupos representativos del país, sean políticos o civiles. Así se hizo y el resultado no pudo ser mejor. Eso sí, existió la genuina voluntad política de todos de empinarse sobre diferencias transitorias y de ver un poco más allá en el tiempo, teniendo el futuro del país como norte del esfuerzo.
Ningún otro esfuerzo nacional ha tenido ni parecidos resultados, pienso yo, porque en el fondo la consulta y el intento por buscar acuerdos han simulado más una mascarada que la real intención de encontrar soluciones de fondo. Los varios diálogos nacionales, que ahora no saben qué hacer para cerrarlos, son un buen ejemplo de lo que estoy mencionando.
Durante la campaña política pasada, ya la denominación "temas de Estado" comenzó a degenerar, tratando de incluir dentro de los mismos todo aquel tema, asunto o problema que se escapaba del conocimiento o que se evitaba plantear, a fin de no adquirir compromisos claros dada la complejidad de los mismos. De los tres grupos políticos, todos estamos claros sobre quiénes evitaron los compromisos directos, quiénes hicieron reales propuestas y quiénes hicieron el "compromiso para el cambio". No hay que hacer mucho esfuerzo para recordar las entrevistas de prensa, los programas en vivo, las interrogantes que se le planteaban en público a esos dos candidatos, para recordar una frase cajonera, entre otras: "ese es un tema de Estado, que no debe ser objeto de debate electoral y el cual me comprometo a estudiar con todas las partes procurando siempre lograr un consenso que nos lleve a su real solución". Esta respuesta, palabras más palabras menos, que se hizo famosa, servía como la aspirina y curaba cualquier dolor de cabeza momentáneo.
Hoy, todos estamos pagando el resultado y, lo preocupante, es que volvemos a empezar a escuchar la misma respuesta sobre temas recurrentes y postergados en su solución, sin representar los mismos reales temas de Estado, sino asuntos o problemas que demandan soluciones urgentes, con liderazgo claro y sin miedo a pagar costos políticos.
La contraprestación del derecho a gobernar, es tener que decidir por los gobernados en función de la facultad indeclinable que debe ejercer sin temores el gobierno que legítimamente gana unas elecciones. Es cierto que la consulta, bien entendida y administrada, es positiva; pero llega un momento en que la decisión de las cosas se impone y esa tarea es sólo del sector que gobierna, ya que para eso precisamente está allí. Invocar diálogos y consultas para arribar a consensos entre las partes, como pretexto para ganar tiempo y pasar agachados, como se dice, del problema en cuestión, es una gran irresponsabilidad. Los cabildos sirvieron en una época de la vida republicana, pero ahora, pretender gobernar consultando todas las decisiones y tratando de poner de acuerdo a todas las partes para quedar bien con todos, es un despropósito respecto de la función de gobernar. Los efectos los vemos a diario.
El próximo período de gobierno, gane quien gane, no será un camino de rosas. Decisiones complejas e impopulares van a sobrar y se requerirá de un mandatario con la genuina voluntad y vocación de hacer las cosas sin temor a perder puntos políticos o popularidad en las encuestas. He escrito antes sobre la real necesidad de transformar el Estado, a fin de no seguir siendo víctimas de su desfase, como estamos siendo en la actualidad.
La decisión sobre la CSS será impostergable y ésta no será fácil ni se podrá complacer a todas las partes haciendo malabarismos políticos o matemáticos tratando de minimizar la real solución integral que demanda.
Hemos visto ya que el tema del transporte será controversial, por decir lo menos, habiéndose visto hoy sólo a un candidato que expuso una propuesta sobre el tema, recibiendo el ataque de parte de los mismos que han causado el desastre y creado las prebendas que hicieron posible la existencia del monstruo que amenaza hoy con acabar con la población usuaria. Nadie más ha dicho nada, sólo que "este es un tema prioritario y que buscarán solucionarlo una vez lleguen al gobierno"...Pero, ¿de qué manera lo harán?
Por otro lado, una nueva Constitución es vital dentro del esquema de transformación del Estado, piedra angular diría yo de ese gran esfuerzo nacional. Sin embargo, más allá de mencionarse como un problema latente, poco es lo que se sabe respecto de la forma como el mismo se abordará, teniendo en cuenta que en esa nueva estructura, para que sea creíble, se deben abolir viejos y repudiados privilegios que el país serio no soporta más, entre otras desgastadas instituciones.
El tema inherente a la expansión del Canal, otro gran asunto que abordar, así como el de la reactivación económica, generación de empleos, manejo de la deuda externa, compromisos eficaces contra la corrupción; en fin, reales temas de Estado, que bajo ningún motivo se pueden dejar de plantear a través de propuestas claras que nos den certeza respecto del accionar de cada candidato en el evento de que llegue a ser gobierno.
Llegará el momento de confrontar ideas, con respeto sí, pero con realismo respecto de lo que se está tratando. Cualquiera hace uso de un buen discurso, lo lee bien, recoge aplausos y nadie termina sabiendo a ciencia cierta qué o cómo piensa en el fondo, en lo personal, un determinado candidato. Por ello, la estructuración de los debates es fundamental, imponiendo reglas claras con oportunidad de que los que aspiran a conducir la Nación, se vean cara a cara, en el debate, no en la sesión de fotos o en la firma de pactos que vienen siendo el sueño idealista del grupo que lo formula, pero poco o nada cercano, quizás, a la real intención del grupo político que, por ganar méritos, va y lo firma y hasta allí llegó.
En la campaña pasada se firmaron no sé cuántos pactos y ninguno ha servido de nada. Recuerdo el de transparencia, hoy totalmente incumplido, con la anuencia de nuestra más alta corporación de justicia. En fin, imprimirle a la agenda de cada grupo la credibilidad necesaria respecto de sus intenciones en caso de resultar favorecidos con el voto popular. Nada más pero tampoco nada menos, debemos exigir los electores. Y cuando salgan con la cantaleta de los "temas de Estado", ya saben por dónde puede venir la cosa.

101 años de Panamá América

 
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