Temporada de cruceros
Para el mes próximo se prevé la visita de dos cruceros más. Cualquiera de esos barcos puede cargar 2,500 pasajeros. El año pasado el país fue visitado por 62,000 turistas más 32,000 tripulantes que dejaron unos B/.15 millones desde noviembre del 2000 a la fecha. Pronósticos más optimistas estiman que para la presente temporada podría llegar a Panamá el doble de visitantes.
La caída del turismo de aviación podría dar un nuevo impulso al de cruceros. Y el hecho de que Panamá no sea un potencial blanco terrorista, pese a la presencia de la vía interoceánica, es un atractivo adicional para la industria. Pero sólo el tiempo dirá si el mal momento que atraviesan otros centros del turismo mundial puede beneficiarnos.
De cualquier modo, la infraestructura turística con la que contamos es pequeña y no está en óptimas condiciones. Las agencias de viaje se ahogan y se ven precisadas a seguir complicada logística de coordinación para poder atender paquetes de varios centenares de visitantes que arriban a la vez de uno de esos inmensos cruceros. El transporte se hace insuficiente, la capacidad de los restaurantes se satura y la seguridad se complica.
Pero con todo y eso, poco a poco Panamá está aprendiendo a lidiar con grandes oleadas de visitantes. Los taxistas locales se quejan por el uso de grandes y cómodos buses. Pero esa es la modalidad imperante en otros países, que por lo demás, es más segura. El turista es primero. Hay sin embargo que ampliar el radio de visitas hacia el interior del país, donde existen atractivos muy distintos a los que ofrecen las pequeñas islas competidoras del Caribe.
El Valle, el Decameron, Taboga y Contadora, son buenos destinos próximos a la capital, Bocas del Toro puede ser también un destino de cruceros, pero hay que dotarla de más y mejor infraestructura porque, tal como está ahora mismo, se hunde con la llegada de cualquier crucero ligero de 1,500 pasajeros. El efecto multiplicador del turismo es inmenso y ofrece perspectivas realmente invaluables en un área muy segura. Colón lo tiene todo para sacar máximo provecho al nuevo auge. Pero su elemento humano tiene que mejorar, ser más amable e inteligente.
La ciudad capital tiene a su vez regias atracciones. Su Calzada de Amador, por ejemplo, está casi lista para atender a centenares de turistas con una vista y ambiente sin igual. A fin de cuentas, es la primera ciudad fundada en el Nuevo Mundo a orillas del Pacífico, cuyo descubridor, Vasco Núñez de Balboa, fue el primero en bañarse en sus aguas el 25 de septiembre de 1513. Su remozado y pujante Casco Viejo parece dar vivo testimonio de la hazaña.
El complejo arquitectónico de Panamá La Vieja está sin embargo en mala condición.
Requiere de una determinante política de restauración que contemple la expropiación de todas las hectáreas a la redonda y la dotación de una infraestructura moderna y digna de su rica y gloriosa historia.
La caída del turismo de aviación podría dar un nuevo impulso al de cruceros. Y el hecho de que Panamá no sea un potencial blanco terrorista, pese a la presencia de la vía interoceánica, es un atractivo adicional para la industria. Pero sólo el tiempo dirá si el mal momento que atraviesan otros centros del turismo mundial puede beneficiarnos.
De cualquier modo, la infraestructura turística con la que contamos es pequeña y no está en óptimas condiciones. Las agencias de viaje se ahogan y se ven precisadas a seguir complicada logística de coordinación para poder atender paquetes de varios centenares de visitantes que arriban a la vez de uno de esos inmensos cruceros. El transporte se hace insuficiente, la capacidad de los restaurantes se satura y la seguridad se complica.
Pero con todo y eso, poco a poco Panamá está aprendiendo a lidiar con grandes oleadas de visitantes. Los taxistas locales se quejan por el uso de grandes y cómodos buses. Pero esa es la modalidad imperante en otros países, que por lo demás, es más segura. El turista es primero. Hay sin embargo que ampliar el radio de visitas hacia el interior del país, donde existen atractivos muy distintos a los que ofrecen las pequeñas islas competidoras del Caribe.
El Valle, el Decameron, Taboga y Contadora, son buenos destinos próximos a la capital, Bocas del Toro puede ser también un destino de cruceros, pero hay que dotarla de más y mejor infraestructura porque, tal como está ahora mismo, se hunde con la llegada de cualquier crucero ligero de 1,500 pasajeros. El efecto multiplicador del turismo es inmenso y ofrece perspectivas realmente invaluables en un área muy segura. Colón lo tiene todo para sacar máximo provecho al nuevo auge. Pero su elemento humano tiene que mejorar, ser más amable e inteligente.
La ciudad capital tiene a su vez regias atracciones. Su Calzada de Amador, por ejemplo, está casi lista para atender a centenares de turistas con una vista y ambiente sin igual. A fin de cuentas, es la primera ciudad fundada en el Nuevo Mundo a orillas del Pacífico, cuyo descubridor, Vasco Núñez de Balboa, fue el primero en bañarse en sus aguas el 25 de septiembre de 1513. Su remozado y pujante Casco Viejo parece dar vivo testimonio de la hazaña.
El complejo arquitectónico de Panamá La Vieja está sin embargo en mala condición.
Requiere de una determinante política de restauración que contemple la expropiación de todas las hectáreas a la redonda y la dotación de una infraestructura moderna y digna de su rica y gloriosa historia.