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Tenderete multicolor


No se ha iniciado de lleno la campaña política y ya vemos cómo la ciudad capital, y suponemos que las demás ciudades y pueblos del interior, se van llenando de "guindarejos" de papeletas, pancartas, empapelamiento de postes y paredes, pinturas en pasos peatonales, muros, puentes y demás. Y eso que solamente estamos presenciando las elecciones primarias de algunos colectivos políticos. Cuando lleguemos a enero, nos estaremos asfixiando entre plástico y papel y difícilmente se podrá transitar por las calles de nuestras ciudades gracias a la mugre física y visual.

Hace algunos años viajé a Barcelona, España y llegué en momentos en que la comunidad catalana realizaba sus elecciones parlamentarias. Había mucho movimiento político, pero en las calles se observaba orden y mucho aseo. Ni una sola pared, edificios, calles, aceras y demás estructuras visibles castigadas por la propaganda política; no habían guirnaldas de banderolas, ni hallamos las caras sonrientes de cuanto candidato existe, clavadas en árboles o amarradas a los postes de telefonía o transmisión eléctrica, ni la exagerada contaminación visual con grandes letreros luminosos que nos atiborran y distraen la atención de los conductores.

El Ayuntamiento de la ciudad de Barcelona patrocina un sistema de propaganda que es otorgada, supongo que en calidad de alquiler o de alguna tasa y distribuida de manera equitativa (¿podremos ser equitativos en nuestra cultura?) entre los diferentes partidos políticos, que consiste en grandes tableros verticales dispuestos en forma triangular o cuadrangular alrededor de árboles y postes eléctricos. Estos bastidores, una vez finalizada la campaña política, son removidos y guardados por los responsables de la ciudad. La forma de instalación permite la limpieza del área que circunscriben, lo que ciertamente debe ser muy ocasional, dado que allá no es usual que el peatón arroje desperdicios a la calle.

Ocasionalmente en parques y algunas avenidas, observamos especie de gazebos sólidos sobre las que las diferentes ofertas políticas pegan sus propagandas. Asimismo, los bastidores mencionados se hallaban sólo en algunas avenidas y paseos seleccionados y no en toda la ciudad. Esto permite un descanso mental al peatón y al conductor. ¿Por qué no tomamos esto como ejemplo y lo aplicamos en nuestro entorno?

Por otro lado, y ya en nuestra realidad, apreciamos la disparidad y falta de equidad del sistema electoral cuando se trata de candidatos amparados por los partidos políticos y candidatos independientes; entre candidatos con gran respaldo y potencial económico y los que carecen de recursos. El Estado debe garantizar el acceso de todos los candidatos a cargos de elección, de manera equitativa e igualitaria, a los medios de comunicación y regular científicamente la periodicidad de las propagandas políticas y la duración de las campañas. En lugar de erogar millones de balboas que se otorgan directamente a los partidos políticos, el Estado debe tomar parte de esos fondos para comprar tiempo en los medios de comunicación y asignarlo equitativamente a quienes no tienen posibilidades de accederlos por sus propios medios.

101 años de Panamá América

 
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