¿Tendrá falta de fe en la democracia?
Ricardo Arias Calderón, en escrito de opinión del domingo 24 de abril pasado, descalifica al pueblo, o a sus representantes, para darse un ordenamiento constitucional renovado, por mantener vigente la antidemocrática fórmula de un grupo diferente a constituyentes, siendo ese grupo, aunque no lo dice, una comisión reformadora de la Constitución.
El ex vicepresidente empieza por describir que hay "una profunda crisis de moral pública", con lo que coincido y señala que la percepción de esa crisis es que "no tiene salida institucional" con lo que difiero, porque la mayor institución que tiene una democracia es la soberanía popular y participando al pueblo se institucionaliza cualquier salida, ¿o es que el enunciado inicial de la constitución estadounidense "Nosotros el pueblo..." no le da certificado de vigencia a esa institución primaria?
Arias Calderón trata de descalificar la vía constituyente con la metáfora de que "se vive una ilusión de regresar políticamente al paraíso de Adán y Eva", pero ¿acaso buscar un punto de reinicio de nuestra democracia en crisis es ilusión o sensatez pragmática? También busca la descalificación de los que abogamos por una constituyente poniéndonos el mote de "profesionales pro-constituyentes" y "desempleados políticos en búsqueda de empleo", expresiones desafortunadas por la injuria solapada. Antes debería mirarse en el espejo de su aspiración de décadas a ser presidente, la cual no considero demerita su legitimidad de aspirar y no por eso ha sido un profesional político fracasado.
111Refiere el ex alto funcionario que en la Constitución no hay "artículo de corte militarista". ¿Acaso el exacerbado presidencialismo que él y muchos señalan no es una mutación del poder hegemónico militarista?
Es inexacto cuando refiere que la reforma de 1983 "se llevó por consenso entre el oficialismo de entonces y la oposición civilista y democrática", porque el Partido Acción Popular de aquella época, con mayor capacidad que la democracia cristiana que él presidía no participó de aquellas reformas y si bien el Partido Nacionalista Popular empezó unido, el proceso de reforma degeneró en crisis interna que lo dividió denunciando, la facción que salía, la manipulación de las susodichas reformas por el mandamás de turno. ¿De qué consenso habla Arias Calderón? Con fallas históricas no se santifica el ejercicio táctico reformatorio del "83.
Refiere el ex alto funcionario que en la Constitución no hay "artículo de corte militarista" ¿Acaso el exacerbado presidencialismo que él y muchos señalan no es una mutación del poder hegemónico militarista?
¿La constitución gringa es una colcha de retazos? No y mil veces no, porque nació de un acto del soberano, y coherentemente adecuándose en forma democrática se ha mantenido por más de dos siglos, pero la nuestra, de un nacimiento espurio, ha venido de convulsión epiléptica en convulsión, ante las jugadas vidas de los detentadores del poder, sin consultas democráticas genuinas. ¿Por qué no podemos hacer nuestra colcha de retazos coherentes en una sola sentada? El contenido no será nuevo, porque siempre se plasmarán principios constitucionales que han estado, están y estarán en las constituciones contemporáneas, pero el contenido no es lo más importante, lo más importante es el proceso constituyente donde un pueblo, ejerciendo democracia se dará un pacto político, social y económico, convirtiéndose en un postgrado acelerado de madurez política, para que en un futuro no salgan de legisladores o diputados ni sean magistrados ciudadanos que, el mismo Arias Calderón, no le da el beneficio de la duda para enderezar la actual crisis moral porque "ésta requiere la aquiescencia de legisladores y la decisión de magistrados que juegan el papel de juez y parte".
El escrito permite concluir que Arias Calderón no confía en que hay que consultar al pueblo, por eso descarta los argumentos a favor de una Constituyente.
Deja entrever que en una Asamblea Constituyente no saldría gente muy diferentes a las que hoy conforman el Organo Legislativo. Con las actuales regla, indiscutiblemente que repetiríamos figuras y prácticas que hoy renegamos. Pero qué tal si el instrumento jurídico que convoca a la elección de constituyentes pone cortapisas tales como que los constituyentes no podrán aspirar a cargos de elección popular en el siguiente período, ni ocupar puestos de ministros, directores de instituciones autónomas, magistrados, embajadores, cónsules, asesores y toda la gama de cargos apetecidos por los que buscan puestos para satisfacer ambiciones, y los constituyentes no podrán hacer negocios con el Estado si poseen cierta cantidad significativa de acciones de una empresa que pretenda vender bienes o servicios a éste, por el período presidencial inmediato.
Si se agudiza el ingenio se pueden encontrar fórmulas democráticas que controlen y desmotiven a los que no irían por el bien común. Pero que quede claro, que ceder ante las élites, aunque sean del saber y la bondad, es un anacronismo en los procesos democráticos.
El ex vicepresidente empieza por describir que hay "una profunda crisis de moral pública", con lo que coincido y señala que la percepción de esa crisis es que "no tiene salida institucional" con lo que difiero, porque la mayor institución que tiene una democracia es la soberanía popular y participando al pueblo se institucionaliza cualquier salida, ¿o es que el enunciado inicial de la constitución estadounidense "Nosotros el pueblo..." no le da certificado de vigencia a esa institución primaria?
Arias Calderón trata de descalificar la vía constituyente con la metáfora de que "se vive una ilusión de regresar políticamente al paraíso de Adán y Eva", pero ¿acaso buscar un punto de reinicio de nuestra democracia en crisis es ilusión o sensatez pragmática? También busca la descalificación de los que abogamos por una constituyente poniéndonos el mote de "profesionales pro-constituyentes" y "desempleados políticos en búsqueda de empleo", expresiones desafortunadas por la injuria solapada. Antes debería mirarse en el espejo de su aspiración de décadas a ser presidente, la cual no considero demerita su legitimidad de aspirar y no por eso ha sido un profesional político fracasado.
111Refiere el ex alto funcionario que en la Constitución no hay "artículo de corte militarista". ¿Acaso el exacerbado presidencialismo que él y muchos señalan no es una mutación del poder hegemónico militarista?
Es inexacto cuando refiere que la reforma de 1983 "se llevó por consenso entre el oficialismo de entonces y la oposición civilista y democrática", porque el Partido Acción Popular de aquella época, con mayor capacidad que la democracia cristiana que él presidía no participó de aquellas reformas y si bien el Partido Nacionalista Popular empezó unido, el proceso de reforma degeneró en crisis interna que lo dividió denunciando, la facción que salía, la manipulación de las susodichas reformas por el mandamás de turno. ¿De qué consenso habla Arias Calderón? Con fallas históricas no se santifica el ejercicio táctico reformatorio del "83.
Refiere el ex alto funcionario que en la Constitución no hay "artículo de corte militarista" ¿Acaso el exacerbado presidencialismo que él y muchos señalan no es una mutación del poder hegemónico militarista?
¿La constitución gringa es una colcha de retazos? No y mil veces no, porque nació de un acto del soberano, y coherentemente adecuándose en forma democrática se ha mantenido por más de dos siglos, pero la nuestra, de un nacimiento espurio, ha venido de convulsión epiléptica en convulsión, ante las jugadas vidas de los detentadores del poder, sin consultas democráticas genuinas. ¿Por qué no podemos hacer nuestra colcha de retazos coherentes en una sola sentada? El contenido no será nuevo, porque siempre se plasmarán principios constitucionales que han estado, están y estarán en las constituciones contemporáneas, pero el contenido no es lo más importante, lo más importante es el proceso constituyente donde un pueblo, ejerciendo democracia se dará un pacto político, social y económico, convirtiéndose en un postgrado acelerado de madurez política, para que en un futuro no salgan de legisladores o diputados ni sean magistrados ciudadanos que, el mismo Arias Calderón, no le da el beneficio de la duda para enderezar la actual crisis moral porque "ésta requiere la aquiescencia de legisladores y la decisión de magistrados que juegan el papel de juez y parte".
El escrito permite concluir que Arias Calderón no confía en que hay que consultar al pueblo, por eso descarta los argumentos a favor de una Constituyente.
Deja entrever que en una Asamblea Constituyente no saldría gente muy diferentes a las que hoy conforman el Organo Legislativo. Con las actuales regla, indiscutiblemente que repetiríamos figuras y prácticas que hoy renegamos. Pero qué tal si el instrumento jurídico que convoca a la elección de constituyentes pone cortapisas tales como que los constituyentes no podrán aspirar a cargos de elección popular en el siguiente período, ni ocupar puestos de ministros, directores de instituciones autónomas, magistrados, embajadores, cónsules, asesores y toda la gama de cargos apetecidos por los que buscan puestos para satisfacer ambiciones, y los constituyentes no podrán hacer negocios con el Estado si poseen cierta cantidad significativa de acciones de una empresa que pretenda vender bienes o servicios a éste, por el período presidencial inmediato.
Si se agudiza el ingenio se pueden encontrar fórmulas democráticas que controlen y desmotiven a los que no irían por el bien común. Pero que quede claro, que ceder ante las élites, aunque sean del saber y la bondad, es un anacronismo en los procesos democráticos.