¿Tendrá razón el presidente de la Asamblea?
Muchos panameños seguimos con gran interés lo acaecido recientemente en el Ecuador. No sólo porque se trata de un país iberoamericano; no sólo por los lazos históricos que a través de los siglos han unido a ese país con el nuestro, en el comercio, en las guerras, en el arte y las letras, en las genealogías familiares, etc., sino además, por la particular efervescencia e ingobernabilidad que lo afecta hace ya varios años; por la particular configuración socio - política y étnico cultural que caracteriza a ese país hermano, también, porque en un mundo cada vez más globalizado, los enfuertos y fracasos de algunos países afectan a los demás, en especial, si mantienen estrechos vínculos económicos entre sí. Dicho en las palabras de un importante dirigente sindical ecuatoriano, "la crisis ecuatoriana se pueda repetir en toda América Latina por la profundización de la crisis económica con sus secuelas de desempleo y miseria".
Nos llamó fuertemente la atención, el rechazo prácticamente unánime de los gobiernos latinoamericanos, de la O.E.A., de MERCOSUR, de Europa, y otras instancias, al golpe militar del Educador, a las pocas horas de haberse producido. En el caso de los gobiernos del área, claramente se aplicó aquel dicho de que "cuando veas las barbas de tu vecino arder pon las tuyas en remojo". Un golpe militar a estas alturas de la historia parece aberrante, anacrónico, sobre todo, un mal ejemplo peligrosamente repetible en otras latitudes. Aún se recuerda la sucesión de golpes militares producidos como por "efecto dominó", en Perú, Panamá, Brasil, Chile, Ecuador, Argentina y otros, en las décadas del 60 y 70. Definitivamente: Militarismo, ¡No!, Democracia, ¡Sí!. Pero, qué clase de sistema ineficiente es aquel, como el del Ecuador,
¿En el que un (1) dólar, vale por 25,000 sucres?
¿En el que la especulación financiera con corrupción se vuelve incontrolable?
¿En el que el Producto Interno Bruto cae en un 27%, en cerca de un año?
¿En el que se triplica en pocos días el precio de los combustibles?
En el que de un 35% de las familias, al menos un miembro tiene que emigrar o mudarse de su región, porque la economía no produce suficientes plazas de trabajo;
En el que la deuda exterior suma más de 16 mil millones de dólares; la cual tiene que pagarse religiosamente utilizando el 42% del presupuesto.
En el que ha habido una sucesión de (5) presidentes en menos de 4 años, con su secuela de inestabilidad y anarquía.
Se da el caso que cerca del 70 por ciento de la población ecuatoriana de 11 millones es indígena, es decir, que cerca de 7 millones de éstos viven en la pobreza, y la mayoría de ellas, en la más desolada miseria; y esa miseria endémica la vienen padeciendo los descendientes de los incas-aymaraes y otras etnias, durante varias centurias, a pesar de los gobiernos militares, pero también, de los democráticos.
Se acostumbra contrastar la vía diálogo con la de la fuerza; pero, cuántos siglos más va a durar el inoperante diálogo y el ritual electoral de cada cuatro años, que no trae cambios a las patéticas vidas de esos pueblos andinos multiseculares que me recuerdan las conmovedoras narraciones de "Los Perros Hambrientos", de Ciro Alegría.
Por supuesto que estamos en contra del militarismo oportunista y de los totalitarismos de cualquier cuño que igualmente fomenta, la corrupción y la ineficiencia, pero, además, cercenan la libertad del hombre para poder oponerse a la injusticia. ¿Cuánto tiempo van a tomarse los dirigentes de las democracias para resolver los ingentes problema y las inaguantables condiciones de vida en que viven las mayorías marginadas de la población?.
Aunque en nuestro país los indígenas no son el 70 por ciento, sino cerca del 10 por ciento de la población; aunque no se apliquen aquí todos los índices antes señalados, hay uno de esos indicadores que no está lejos de nuestra realidad; se trata del índice de pobreza que afecta no sólo a la mayoría de los indígenas, sino al conjunto de los habitantes de nuestro país, en especial, a los niños y a los ancianos. ¿Habrá que esperar, acaso, un levantamiento masivo de los pobres de nuestros países, para comenzar a hacer los cambios necesarios? ¿No será entonces, demasiado tarde?
No basta con pregonar las bondades, en el papel, de la democracia meramente formalista, la que no es real, ya que la verdadera democracia se traduce en bienestar de verdad, para todos, sin excluir a los pobres.
Por ahora, en Ecuador, la formalidad de la democracia se salvó, "por un pelo"; mas, la democracia real es la que urgen construir, ¿Tuvo razón el presidente de la Asamblea, el H.L. Felipe Garrido, al solidarizarse, no con la dirigencia golpista que luego defraudó a las bases, sino con la causa de los autóctonos del Ecuador y de América, que es, hoy por hoy, la causa por antonomasia de los más pobres entre los pobres de la tierra.
Nos llamó fuertemente la atención, el rechazo prácticamente unánime de los gobiernos latinoamericanos, de la O.E.A., de MERCOSUR, de Europa, y otras instancias, al golpe militar del Educador, a las pocas horas de haberse producido. En el caso de los gobiernos del área, claramente se aplicó aquel dicho de que "cuando veas las barbas de tu vecino arder pon las tuyas en remojo". Un golpe militar a estas alturas de la historia parece aberrante, anacrónico, sobre todo, un mal ejemplo peligrosamente repetible en otras latitudes. Aún se recuerda la sucesión de golpes militares producidos como por "efecto dominó", en Perú, Panamá, Brasil, Chile, Ecuador, Argentina y otros, en las décadas del 60 y 70. Definitivamente: Militarismo, ¡No!, Democracia, ¡Sí!. Pero, qué clase de sistema ineficiente es aquel, como el del Ecuador,
¿En el que un (1) dólar, vale por 25,000 sucres?
¿En el que la especulación financiera con corrupción se vuelve incontrolable?
¿En el que el Producto Interno Bruto cae en un 27%, en cerca de un año?
¿En el que se triplica en pocos días el precio de los combustibles?
En el que de un 35% de las familias, al menos un miembro tiene que emigrar o mudarse de su región, porque la economía no produce suficientes plazas de trabajo;
En el que la deuda exterior suma más de 16 mil millones de dólares; la cual tiene que pagarse religiosamente utilizando el 42% del presupuesto.
En el que ha habido una sucesión de (5) presidentes en menos de 4 años, con su secuela de inestabilidad y anarquía.
Se da el caso que cerca del 70 por ciento de la población ecuatoriana de 11 millones es indígena, es decir, que cerca de 7 millones de éstos viven en la pobreza, y la mayoría de ellas, en la más desolada miseria; y esa miseria endémica la vienen padeciendo los descendientes de los incas-aymaraes y otras etnias, durante varias centurias, a pesar de los gobiernos militares, pero también, de los democráticos.
Se acostumbra contrastar la vía diálogo con la de la fuerza; pero, cuántos siglos más va a durar el inoperante diálogo y el ritual electoral de cada cuatro años, que no trae cambios a las patéticas vidas de esos pueblos andinos multiseculares que me recuerdan las conmovedoras narraciones de "Los Perros Hambrientos", de Ciro Alegría.
Por supuesto que estamos en contra del militarismo oportunista y de los totalitarismos de cualquier cuño que igualmente fomenta, la corrupción y la ineficiencia, pero, además, cercenan la libertad del hombre para poder oponerse a la injusticia. ¿Cuánto tiempo van a tomarse los dirigentes de las democracias para resolver los ingentes problema y las inaguantables condiciones de vida en que viven las mayorías marginadas de la población?.
Aunque en nuestro país los indígenas no son el 70 por ciento, sino cerca del 10 por ciento de la población; aunque no se apliquen aquí todos los índices antes señalados, hay uno de esos indicadores que no está lejos de nuestra realidad; se trata del índice de pobreza que afecta no sólo a la mayoría de los indígenas, sino al conjunto de los habitantes de nuestro país, en especial, a los niños y a los ancianos. ¿Habrá que esperar, acaso, un levantamiento masivo de los pobres de nuestros países, para comenzar a hacer los cambios necesarios? ¿No será entonces, demasiado tarde?
No basta con pregonar las bondades, en el papel, de la democracia meramente formalista, la que no es real, ya que la verdadera democracia se traduce en bienestar de verdad, para todos, sin excluir a los pobres.
Por ahora, en Ecuador, la formalidad de la democracia se salvó, "por un pelo"; mas, la democracia real es la que urgen construir, ¿Tuvo razón el presidente de la Asamblea, el H.L. Felipe Garrido, al solidarizarse, no con la dirigencia golpista que luego defraudó a las bases, sino con la causa de los autóctonos del Ecuador y de América, que es, hoy por hoy, la causa por antonomasia de los más pobres entre los pobres de la tierra.