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Tenebrosa situación


Más tenebrosa no puede ser la actual situación mundial. Estamos ya acercándonos, vertiginosamente, a una conflagración como no ha existido jamás otra desde los comienzos de la humanidad.

La codicia inmisericorde y criminal de los países productores del crudo está arrastrándonos al borde del abismo. La desesperación del resto del mundo frente a una aguda disminución del transporte y la escasez de alimentos, obligará a las potencias a darles un ultimátum.

Si el crudo no se lleva a niveles soportables como estaba en el pasado, y se nieguen a rebajarlo, se verán obligados, dado su grave estado de necesidad, de salir a buscarlo donde está. Lo que quiere decir guerra, y una tercera guerra mundial sería la hecatombe.

Irán no accede a suspender sus avances para lograr la fabricación de la devastadora bomba. Su presidente, Mahmoud Ahmadinejad, en varias ocasiones ha manifestado que desean fabricarla para usos pacíficos, lo cual dudamos. ¿Cómo creerle si, contrariamente, también ha dicho que a Israel hay que borrársele del mapa de las naciones del mundo?

Su obcecada negación a suspender el avance de los trabajos nucleares en su país ha motivado que el presidente israelí declarara que, de no suspenderlos, Israel atacará. Prácticamente, legítima defensa frente al peligro inminente de un ataque anunciado y al de la fabricación del arma con la que puede destruir, y, excepcionalmente, aunque no se haya iniciado la acción aún ejecución.

Suponemos que Irán considera que si otros tienen la bomba nuclear, ¿quién puede disputarle el derecho a fabricar la suya, y, menos aún, exigírsele, so pena de sanciones, que detenga el proceso de fabricación?

La verdadera salida en pro de la paz mundial sería que los que no tengan la bomba se abstengan de obtenerla; que los que la tengan en proceso de producción, la interrumpan; y que todos los que la tienen, la destruyan igual que sus fábricas.

101 años de Panamá América

 
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