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Teoría del ejemplo


Mi fallecido y querido amigo Alberto Conte, en no pocas ocasiones me hacía alusión a la teoría que menciono hoy para explicarme cómo el ejemploinfluye positiva o negativamente en el actuar de la gente o, simplemente, en el modelo a seguir. Publicista al fin, sabía de qué hablaba en esta materia.

Lo sucedido esta semana respecto del relleno interminable de Figali manda varios mensajes. Se acabó el relajo respecto de las concesiones del Estado. El moroso debe pagar y estar al día. No hay privilegiados ni impunes. Las autoridades en general deben sentir en la ley su respaldo, y aquellas llamadas a hacerlas cumplir, hacerlo. La era de los monos gordos terminó, etc. Es un precedente en la historia presidencial, pero que se identifica con el hastío de muchísima gente que siente que hasta hace poco el país iba a la deriva.

El ejemplo dado para nada debe interpretarse, como ya he escuchado, equivalente a un llamado para que cada quien se tome la justicia o similar por sus manos. Lo hecho en este caso fue precisamente que ni la autoridad ni la justicia hicieron su trabajo completo y venció el intocable por buenos años hasta que se encontró con su Elliot Ness.

Igual estamos tratando de hacer en otras dimensiones del accionar público. Esta semana que terminó se dieron conatos de cierres de vía. En Colón, por ejemplo, un grupo conocido, Modesco, protestó dentro de los parámetros de la ley y la Constitución. La Policía y el Alcalde en coordinación pudieron dialogar, resolver y evitar que el derecho de tránsito, del mismo rango constitucional que el de protesta, prevaleciera también para los terceros no parte de la situación. Igual en dos otras áreas, incluso en temas de precarismo. Es cuestión de ir actuando y educando con el ejemplo. La misión de la institución que dirijo no es confrontar, es resolver. Preservar el orden público es parte del ordenamiento jurídico del país y estamos para hacerlo cumplir. Así las cosas, hemos comenzado un plan de prevención a nivel de las instituciones que poco a poco irá siendo más abarcador para evitar que los descontentos populares o los incumplimientos de los deberes de los servidores públicos sean la raíz de otros problemas que degeneran en confrontaciones.

En pocos días he podido constatar que al país le hacía falta gobierno, cosa que mencioné intuyéndolo desde fuera en varios de mis escritos e intervenciones públicas. Hoy, ese ejemplo que me decía Alberto, estamos tratando de darlo a toda costa y la dedicación es constante y ningún subalterno puede decir que el jefe no trabaja o que anda en cosas raras. Así debemos continuar. Eso es parte del “cambio”. Estoy seguro de que esa sola característica marcará pautas de eficiencia y mejoramiento, en adición al freno de la corrupción al ver que las cabezas no estamos aquí para enriquecernos sino para cambiar genuina e integralmente este país que tanto lo exige.

101 años de Panamá América

 
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