Terratenientes de siete pies
La tierra es uno de los cuatro elementos sin los cuales la humanidad no puede sobrevivir y que está sujeto al régimen de propiedad privada.
En el comienzo la tierra era sagrada y sólo éramos huéspedes del árbol o acaso de la rama con derecho a “bed and breakfast”. Cuando nos transformamos en bípedos y bajamos a la llanura, cada familia, cada clan y cada tribu trazó los límites de su dominio y de su destino.
La posesión de la tierra es un complicado tema económico, político y social. Desde el punto de vista económico la producción agropecuaria fue el principal ingreso del PBI en la era pre industrial. En nuestro país, según la profesora Marcela Camargo, en 1950 constituía el 29% del PBI. En el 2000 descendió al 6.5%. En 1920 el país tenía una población de 446.098 hab. El 73% de ella era rural y 23.3% urbana. En el 2000, con 2.839.177 hab. el 37.8 % era rural y 62.16% urbana. Esta inversión en la distribución se debió a la pauperización del campesinado que migró a las ciudades.
Según el primer censo agropecuario realizado en Penonomé, el 82% de la tierra era del Estado. En cuanto a los latifundios creados por la venta de tierras estatales en las primeras décadas como país independiente, muchas fueron a parar a manos extranjeras. La hacienda alemana Bismarck, en Coclé del norte tenía una extensión de 2 mil Ha. La Panama Boston Coconut Co. en Mariato, tenía 100 mil Ha. Y la Corozo de propiedad de Rodolfo Chiari, en Los Llanos de Natá tenía 1500 Ha. Dato curioso, sólo el 30% de los títulos de propiedad eran de mujeres.
En muchos países tradicionalmente agrícola-ganaderos ha habido una reversión de los procesos de reforma agraria debido a la distorsión asimétrica en la incorporación de tecnología y a la fragmentación de la producción de granos para la industria energética en detrimento de la seguridad alimentaria. De modo tal que la demanda de soja ha desplazado al cultivo de trigo, maíz, lino, cebada y forraje para el ganado. Situación agravada por el arrendamiento de gran cantidad de pequeñas fincas a empresas extranjeras, como Monsanto, dedicadas al cultivo transgénico.
Sólo el Estado tiene la potestad de regular la tenencia de la tierra y al mismo tiempo la responsabilidad de resguardar la seguridad alimentaria, incentivar y controlar la utilización tecnológica, promover el valor agregado a las manufacturas, proteger los recursos naturales como los bosques y el agua y crear escuelas dedicadas al desarrollo científico y ecológico del campo.
La pobreza es consecuencia de políticas económicas egoístas y de malos sistemas sociales implementados por los gobiernos, pero también tiene su razón de ser en una cultura donde la impotencia del pobre ha permanecido intacta entre los vahos de la marginalidad y la adicción. En el capitalismo antropofágico, el pobre es un consumidor consumido por un sistema que a su vez consume al sujeto económico.
De lo que se trata es que la propiedad de la tierra no es tal. La Dama de Negro es su más justa distribuidora, al final todos seremos terratenientes de siete pies.