¿Terremoto? ¿Por qué Panamá es ahora más atractivo como destino turístico?
La tierra tembló, pero también despertó algo profundamente humano: solidaridad, cariño y gratitud por vivir en un país privilegiado. Desde mi residencia en Bella Vista, mientras procuraba mantener la serenidad, pensaba en mi madre de 101 años, quien vive apenas un piso arriba. Aquellos segundos de incertidumbre me recordaron que nuestra mayor riqueza es la tranquilidad de saber que quienes amamos están a salvo.
Lo que ocurrió después me conmovió. Recibí numerosas llamadas internacionales de amigos preocupados por nuestra seguridad. Desde distintos rincones del mundo llegaban voces cargadas de afecto. Cada conversación terminó recordándome que Panamá, pequeño en el mapa, ocupa un lugar inmenso en el corazón de quienes lo conocen.
Más reveladores aún fueron los comentarios y artículos positivos difundidos en redes sociales por extranjeros residentes en Panamá. Personas que llegaron buscando tranquilidad, oportunidades o una jubilación digna y terminaron encontrando un hogar. Sus testimonios espontáneos constituyen una publicidad extraordinaria que ninguna campaña millonaria puede comprar. ¡Son nuestros mejores embajadores!
Mientras numerosos destinos caribeños enfrentan anualmente la amenaza de huracanes, Panamá disfruta de una ubicación geográfica privilegiada, fuera de sus principales trayectorias.
Ciertamente, nuestra tierra también tiembla y enfrentamos riesgos naturales que jamás debemos minimizar. Sin embargo, nuestras ventajas geográficas, acompañadas de prevención e infraestructura confiable, fortalecen nuestro atractivo turístico.
He recorrido 91 países y pocos reúnen tantas maravillas en un territorio tan pequeño: dos océanos, montañas exuberantes, playas paradisíacas, biodiversidad extraordinaria y una capital cosmopolita. Pero nuestra mayor riqueza no aparece en los folletos turísticos: es la sonrisa del panameño, su hospitalidad y esa calidez humana capaz de transformar visitantes en amigos.
En un mundo marcado por incertidumbres, Panamá ofrece atractivos cada vez más apreciados: economía dolarizada, conectividad aérea internacional, servicios médicos modernos y una calidad de vida que conquista a quienes deciden establecerse aquí. Durante décadas he promovido estas bondades internacionalmente. Hoy me emociona comprobar que numerosos expatriados hacen espontáneamente lo mismo, enamorados de una patria que los recibió con los brazos abiertos.
Existe, además, una oportunidad que no debemos desperdiciar. Cada testimonio positivo compartido desde Panamá puede despertar la curiosidad de miles de potenciales visitantes, inversionistas y jubilados extranjeros. En tiempos donde las experiencias personales inspiran mayor confianza que la publicidad tradicional, nuestros residentes internacionales se convierten en auténticos multiplicadores de esperanza. ¡Qué extraordinario sería transformar ese entusiasmo espontáneo en una gran corriente mundial de admiración hacia Panamá!
Sin embargo, amar a Panamá también significa reconocer nuestros desafíos. Necesitamos fortalecer la prevención ante desastres, proteger nuestro patrimonio natural y extender los beneficios turísticos hacia todas las provincias. El verdadero progreso consiste en lograr que cada panameño participe de nuestra prosperidad y se sienta orgulloso de su tierra.
Aquellas llamadas internacionales comenzaron con una pregunta angustiosa: "¿Están bien?". Mi respuesta nació del corazón: "¡Estamos bien y agradecidos de vivir en esta tierra maravillosa!". Quizás el terremoto sacudió nuestros edificios, pero también nos recordó cuánto tenemos que agradecer. Panamá es mucho más que un destino turístico: es un sentimiento, una esperanza y una promesa de felicidad. ¡Que tiemble la tierra, pero que jamás tiemble nuestra fe en Panamá!