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Terror que navega


Imagínese el envío de 20 contenedores cargados con bombas o armas biológicas embarcados por una célula terrorista en el exterior, con destino al Puerto de Long Beach, California. En su travesía, los contenedores llegan al Puerto de Manzanillo y son equipados en Panamá con un dispositivo de posicionamiento global (GPS) que programe que las bombas estallen simultáneamente en cada ciudad principal de Estados Unidos (EU). Los contenedores continúan su viaje por ferrocarril desde Manzanillo hacia el Puerto de Balboa, y luego son enviados por barco hacia el Puerto de Long Beach. Una vez que éstos llegan a California, son enviados por camión o ferrocarril a 20 de las ciudades más grandes de Estados Unidos y explotan simultáneamente el 11 de septiembre de 2003. ¿Parece una película taquillera de Hollywood, cierto? Esta no es una película; son situaciones reales que preocupa al gobierno de EU.
Las autoridades de este país sólo tienen capacidad para inspeccionar alrededor del 4% de los seis millones de embarques que llegan a más de 100 puertos en la nación anualmente. Este 4% representa el doble de la cantidad de contenedores que eran inspeccionados antes del ataque del 11 de septiembre.
El servicio de investigación del Congreso (CRS, por sus siglas en inglés) informa que los ataques del 11 de septiembre, al igual que otros análisis anteriores y posteriores mostraron que muchas instalaciones en Estados Unidos podrían ser objetivos atractivos para ataques terroristas. Un grupo de éstos que ha llamado la atención del Congreso de EU son los puertos marítimos nacionales. Si los terroristas introducen en un puerto una bomba del tamaño de la de Hiroshima y la programan, el ataque destruiría edificios en una o dos millas a la redonda, desataría incendios, especialmente si se trata de un puerto que maneje petróleo y químicos; diseminaría una lluvia radioactiva sobre muchas millas cuadradas. Suena improbable, pero ¿quién hubiera creído que dos aviones se estrellarían contra las torres gemelas, y uno contra el Pentágono antes de los ataques del 11 de septiembre?
Los terroristas podrían tratar de introducir una bomba de contrabando en un puerto de Estados Unidos de muchas maneras, tales como en un barco tanque o en un barco de carga seca a granel, pero los contenedores marítimos les pueden brindar una vía particularmente atractiva.
Asa Hutchinson, subsecretaria de Seguridad de Fronteras y Transportes de los Estados Unidos, dijo en una audiencia del Senado el mes pasado, "la mayoría de los expertos creen que un ataque terrorista utilizando contenedores como armas puede suceder... ya que debido al alto volumen de tráfico de contenedores por vía marítima y las oportunidades que brinda a los terroristas, los embarques son particularmente vulnerables".
El comisionado de Aduanas de Estados Unidos, Robert Bonner, ha sido citado al decir que piensa que si se da un ataque utilizando una bomba en un contenedor, "el embarque de contenedores se detendrá, [en Estados Unidos] conduciendo a consecuencias devastadoras en la economía global, lo cual causaría un colapso en la economía de algunos países". Por un minuto pensemos qué representa esto. Estados Unidos, en el año 2000, exportó e importó $2.571 trillones; es decir, un movimiento de bienes y servicios de $5.5 mil millones diarios, aproximadamente $230 millones cada hora. Todo este movimiento se congelaría con un ataque en uno de los puertos.
Para evitar el contrabando de bombas en contenedores, la Aduana de los Estados Unidos aumentó una gran cantidad de programas contra el terrorismo que incluyen, entre otros, la Coalición Empresarial Anti Contrabando (BASC). BASC tiene capítulos en Colombia, Costa Rica, Ecuador, México, Panamá, Perú y Venezuela. BASC es una alianza orientada al comercio y creada para combatir el contrabando mediante el movimiento comercial. Su principal objetivo es eliminar la contaminación de embarques comerciales legítimos por manos criminales.
Debido al reciente incremento de las tensiones en el Medio Oriente, Asia y la guerra con Irak, la tendencia actual está encaminada a exigir a cualquier empresa nacional o extranjera que opere fuera de Estados Unidos y que quiera exportar hacia dicho país a convertirse en un miembro de BASC. La membresía no está restringida sólo a exportadores, cualquier empresa que quiera aprender cómo aumentar su seguridad puede convertirse en miembro de BASC.
Muchas empresas nacionales que incluyen entre otros, Pascual, Vidrios Panameños y Azucarera Nacional son miembros de BASC Panamá para mostrar su apoyo en contra del terrorismo y para detener un armagedón económico que acabaría con el comercio mundial.
(jpapadimitriu@yahoo.com)

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