Terrorismo y América Latina
Washington (AIPE)- Desde el ataque terrorista del 11 de septiembre, la atención de Estados Unidos ha estado concentrada en el Medio Oriente, pero otras amenazas peligrosas están mucho más cerca. Treinta organizaciones terroristas con operaciones alrededor del mundo, incluyendo una con nexos directos con Bin Laden, están localizadas u operan en América Latina. Hasta ahora las víctimas de su violencia han sido latinoamericanas, pero bien pueden volcarse contra Estados Unidos.
Washington, por consiguiente, debe incrementar su recolección de inteligencia en la región, a la vez que desarrollar estrategias cooperativas de defensa con sus aliados, ayudar a revitalizar a través de más comercio esas economías débiles para que puedan responder a los terroristas, promover el estado de derecho y castigar a aquellos gobiernos que esconden y protegen a los terroristas.
A pesar que gobiernos democráticos han sustituido a las viejas dictaduras en 21 de 23 naciones latinoamericanas, pocas gozan hoy en día de verdaderas instituciones democráticas y de libre mercado, mientras que funcionarios corruptos facilitan el acceso de terroristas. Estos se aprovechan de la pobreza generada por instituciones débiles, especialmente cuando los ciudadanos gozan de poca seguridad personal.
Cuba, bajo una cruel dictadura totalitaria, ayuda activamente a los terroristas internacionales y es considerado un estado patrocinador del terrorismo por el Departamento de Estado. Por más de 20 años, Fidel Castro entrenó y armó a guerrilleros que operaban en casi toda la región y hoy mantiene estrechas relaciones con otros estados patrocinadores del terrorismo.
Colombia ha sufrido por casi 40 años de acciones guerrilleras y desde 1995 los rebeldes han doblado el territorio bajo su control. Se han comprobado sus nexos con terroristas irlandeses y vascos. Con ingresos de más de mil millones de dólares al año, provenientes del narcotráfico, secuestros, extorsión y asaltos, la guerrilla colombiana está mejor financiada que el mismo Bin Laden.
En Venezuela, el presidente Hugo Chávez, quien se ha rodeado de viejos comunistas, no pierde oportunidad de criticar a Estados Unidos denunciando el "capitalismo salvaje", mientras mantiene nexos fraternales con los guerrilleros colombianos de la FARC y se niega a extraditar a un terrorista colombiano del ELN. El año pasado, Chávez se reunió con el líder disidente boliviano Felipe Quisque, del movimiento radical de cultivadores de coca, pocos días antes de que estallara la violencia que causó la muerte de 11 personas y 120 heridos. La influencia cubana en Venezuela aumenta día a día y Chávez tampoco esconde sus nexos cordiales con Saddam Hussein y Gaddafi.
Si Daniel Ortega gana las elecciones en Nicaragua, gente cercana a él insistirá en reestablecer las viejas relaciones sandinistas con Libia, Irán y la ETA.
Pocos países de América Latina con economías débiles pueden impedir la difusión del terrorismo. El mayor peligro lo muestran los países andinos y de América Central, casi todos con gobiernos centralizados, gran poder en manos presidenciales y exceso de regulaciones, pero que no gozan de sistemas de control y contrapesos ni sólidas instituciones judiciales que podrían reducir la corrupción. Tales condiciones dificultan la lucha antiterrorista, a la vez que grupos de delincuentes se aprovechan para ampliar sus operaciones, comprar a funcionarios corruptos y aliarse con organizaciones similares que operan en los países vecinos.
Estados Unidos, por conveniencia propia, no puede darse el lujo de dar la espalda a nuestros vecinos del Caribe, América Central y América del Sur.
(c)* Analista latinoamericano de Heritage Foundation, institución privada de estudios públicos. www.aipenet.com
Washington, por consiguiente, debe incrementar su recolección de inteligencia en la región, a la vez que desarrollar estrategias cooperativas de defensa con sus aliados, ayudar a revitalizar a través de más comercio esas economías débiles para que puedan responder a los terroristas, promover el estado de derecho y castigar a aquellos gobiernos que esconden y protegen a los terroristas.
A pesar que gobiernos democráticos han sustituido a las viejas dictaduras en 21 de 23 naciones latinoamericanas, pocas gozan hoy en día de verdaderas instituciones democráticas y de libre mercado, mientras que funcionarios corruptos facilitan el acceso de terroristas. Estos se aprovechan de la pobreza generada por instituciones débiles, especialmente cuando los ciudadanos gozan de poca seguridad personal.
Cuba, bajo una cruel dictadura totalitaria, ayuda activamente a los terroristas internacionales y es considerado un estado patrocinador del terrorismo por el Departamento de Estado. Por más de 20 años, Fidel Castro entrenó y armó a guerrilleros que operaban en casi toda la región y hoy mantiene estrechas relaciones con otros estados patrocinadores del terrorismo.
Colombia ha sufrido por casi 40 años de acciones guerrilleras y desde 1995 los rebeldes han doblado el territorio bajo su control. Se han comprobado sus nexos con terroristas irlandeses y vascos. Con ingresos de más de mil millones de dólares al año, provenientes del narcotráfico, secuestros, extorsión y asaltos, la guerrilla colombiana está mejor financiada que el mismo Bin Laden.
En Venezuela, el presidente Hugo Chávez, quien se ha rodeado de viejos comunistas, no pierde oportunidad de criticar a Estados Unidos denunciando el "capitalismo salvaje", mientras mantiene nexos fraternales con los guerrilleros colombianos de la FARC y se niega a extraditar a un terrorista colombiano del ELN. El año pasado, Chávez se reunió con el líder disidente boliviano Felipe Quisque, del movimiento radical de cultivadores de coca, pocos días antes de que estallara la violencia que causó la muerte de 11 personas y 120 heridos. La influencia cubana en Venezuela aumenta día a día y Chávez tampoco esconde sus nexos cordiales con Saddam Hussein y Gaddafi.
Si Daniel Ortega gana las elecciones en Nicaragua, gente cercana a él insistirá en reestablecer las viejas relaciones sandinistas con Libia, Irán y la ETA.
Pocos países de América Latina con economías débiles pueden impedir la difusión del terrorismo. El mayor peligro lo muestran los países andinos y de América Central, casi todos con gobiernos centralizados, gran poder en manos presidenciales y exceso de regulaciones, pero que no gozan de sistemas de control y contrapesos ni sólidas instituciones judiciales que podrían reducir la corrupción. Tales condiciones dificultan la lucha antiterrorista, a la vez que grupos de delincuentes se aprovechan para ampliar sus operaciones, comprar a funcionarios corruptos y aliarse con organizaciones similares que operan en los países vecinos.
Estados Unidos, por conveniencia propia, no puede darse el lujo de dar la espalda a nuestros vecinos del Caribe, América Central y América del Sur.
(c)* Analista latinoamericano de Heritage Foundation, institución privada de estudios públicos. www.aipenet.com