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Terrorismo y educación


Entre las víctimas del terrorismo del 11 de marzo en Madrid, están los jóvenes que han perdido algún familiar o amigos y conocidos. Concretamente, seis alumnos del colegio Ciudad de Valencia de Santa Engracia han perdido a sus padres. También han sufrido el zarpazo los familiares y compañeros del Instituto de Santa Eugenia del barrio de Vallecas. Al patio de recreo de estos centros llegaron los restos de metralla y chatarra del tren.
Los hechos violentos producen a las personas traumas emocionales que terminan en depresiones, alterando en algunas el rendimiento escolar. Recuerdo a un alumno afectado por presenciar la muerte de su padre en un accidente de tránsito. Si antes era un chico normal, alegre y con buenas notas en los estudios (una media de Notable), a partir de esa fecha, aparecía triste, taciturno y con un descalabro en el índice educativo. El siguió un tratamiento de psicoterapia infantil, que contempla recomendaciones de Carl Rogers, por varios meses. ("Psicoterapia centrada en el cliente. Práctica, implicaciones y teoría", Carl R. Rogers. Editorial Paidós. Buenos Aires.), recuperándose satisfactoriamente. Volvió a ser equilibrado y mejoró sus calificaciones. Pero no todos los alumnos con problemas emocionales tienen la ayuda de la psicoterapia individual o de grupo. Posiblemente, los jóvenes que han perdido a sus padres, un hermano o un compañero, acaben con traumas parecidos al caso descrito.
En el caso del terrorismo, ¿se podrá atender a esos cientos de niños afectados emocionalmente? Está bien que los psicólogos atiendan a los familiares de las víctimas en el pabellón No. 6 de IFEMA y en los sanatorios, pero además es necesario que en los próximos meses se atienda intensivamente a esos menores.

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