Terrorismo y guerra
Pareciera conveniente hacer una reflexión madura sobre los hechos ocurridos en los Estados Unidos que culminaron con la destrucción de dos iconos o símbolos del capitalismo norteamericano: el pentágono, centro militar de los Estados Unidos y las llamadas torres gemelas, centro financiero del capitalismo mundial. Pero no sólo se trataba de golpear iconos de una forma de vida sino que la consecuencia más grave de lo ocurrido es romper la invulnerabilidad territorial de una nación que se creía inmune al fenómeno de la violencia política cuyos gobiernos y sus aliados han utilizado, en innumerables ocasiones, en otras partes del mundo. Quiero dejar claro que tratar de explicar los hechos, lamentables, del martes 11 de septiembre no significa, ni mucho menos justificarlos. El terrorismo es un método, en abstracto, condenable por el alto costo de vidas humanas que implica.
Pero el terror es, ni más ni menos, consustancial a la política. Algunas veces despliega su fatídica realidad en la sociedad con gran fuerza, otras veces lo hace con disimulada sutileza. Por lo menos desde que en la sociedad prima un desarrollo capitalista. Todo el siglo XIX, todo el siglo XX y en lo que se inicia de éste siglo, la constante ha sido el uso del terror y de la violencia como método para ejercer la dominación.
A aquella violencia y terror estatal de la que han sido víctimas pueblos y personas inocentes, como ahora las ciudades símbolos de Nueva York y Washington, se une desde por lo menos 1,880 el terrorismo individual como método de combate político. Europa y América han sido testigos de formas de terrorismo individual desde los más diversos signos ideológicos. Nos parece que nada se gana con convertirnos en plañideras y lamentarnos de hechos que se inscriben en el curso de los dos últimos siglos de historia. Por supuesto que resulta asombroso y doloroso ver las escenas de pánico y de estupor de muchos la mañana del 11 de septiembre, sobre todo por parte de quienes amamos la vida.
Ha sido para el pueblo norteamericano una enseñanza dolorosa. Por primera vez la muerte cabalga en briosos corceles por las calles de sus ciudades. No me refiero, es obvio, a la muerte individual sino a la muerte masiva, aquella que produce miedo por lo impersonal. Pero los terroristas, sean quienes sean, no son los únicos responsables, como tampoco lo es, que duda cabe, el pueblo norteamericano, laborioso e ingenuo que hoy día se pregunta por qué ocurren esas cosas o, más bien, por qué "le ocurren" esas cosas.
Lo ocurrido es grave por algunas circunstancias. Primero, porque se inaugura en éste siglo un tipo de guerra distinta a las conocidas. Sin enemigo definido claramente, sin ejércitos en contra, más bien contra la sociedad. ¿Lo inventaron "estos" terroristas?. No, por supuesto que no. Ya lo hicieron los gobiernos de la OTAN contra Irak o contra Kosovo o en Bosnia. Ya lo hicieron los gobiernos norteamericanos en Libia y en Cuba. Ya lo hizo la Rusia post soviética en Chechenia. Y lo sigue haciendo Israel contra los campos de refugiados palestinos en el oriente medio. Para no hablar de Ruanda o de casos del Africa subsahariana.
Lo segundo que parece importante resaltar es que "estos terroristas" carecen de temor a la muerte. Sea lo que fuere, el terrorismo individual siempre tuvo, como limitante, la búsqueda de una salida o escape. El terrorista hacía su acto y escapaba. Estos no. Ahora son capaces de inmolarse, de caminar sonriendo hacia la muerte. El dilema para el gobierno norteamericano es ¿como enfrentar un enemigo que transita por el mundo sin temor a la muerte?. No existe escudo antimisiles que pueda parar un terrorismo de esta naturaleza. A menos que haya un acuerdo de paz y justicia a escala mundial. Y para ello se requiere, entre otras cosas, terminar con la desigualdad mundial de la que los países del G 7 son responsables.
En tercer lugar que se utilicen aviones comerciales para los actos de terror tampoco parece una novedad. Fue utilizado al final de la Segunda Guerra Mundial. Lo nuevo y escalofriante es que un avión comercial se transforme en un arma mortífera, en un proyectil con toda su carga humana, con gente inocente que muere sin saber la razón. No cabe duda que esa es otra razón más para condenar el acto cometido y a quien lo ideó. Pero para ser consecuente con el derecho a la vida de todos, ¿por qué no se condena, con la misma energía, a los terroristas que volaron el avión de Cubana de Aviación que transportaba jóvenes deportistas y que se encuentran detenidos en nuestro país?. Por lo demás, el Afganistán de estos son los propios Estados Unidos.
Pero el terror es, ni más ni menos, consustancial a la política. Algunas veces despliega su fatídica realidad en la sociedad con gran fuerza, otras veces lo hace con disimulada sutileza. Por lo menos desde que en la sociedad prima un desarrollo capitalista. Todo el siglo XIX, todo el siglo XX y en lo que se inicia de éste siglo, la constante ha sido el uso del terror y de la violencia como método para ejercer la dominación.
A aquella violencia y terror estatal de la que han sido víctimas pueblos y personas inocentes, como ahora las ciudades símbolos de Nueva York y Washington, se une desde por lo menos 1,880 el terrorismo individual como método de combate político. Europa y América han sido testigos de formas de terrorismo individual desde los más diversos signos ideológicos. Nos parece que nada se gana con convertirnos en plañideras y lamentarnos de hechos que se inscriben en el curso de los dos últimos siglos de historia. Por supuesto que resulta asombroso y doloroso ver las escenas de pánico y de estupor de muchos la mañana del 11 de septiembre, sobre todo por parte de quienes amamos la vida.
Ha sido para el pueblo norteamericano una enseñanza dolorosa. Por primera vez la muerte cabalga en briosos corceles por las calles de sus ciudades. No me refiero, es obvio, a la muerte individual sino a la muerte masiva, aquella que produce miedo por lo impersonal. Pero los terroristas, sean quienes sean, no son los únicos responsables, como tampoco lo es, que duda cabe, el pueblo norteamericano, laborioso e ingenuo que hoy día se pregunta por qué ocurren esas cosas o, más bien, por qué "le ocurren" esas cosas.
Lo ocurrido es grave por algunas circunstancias. Primero, porque se inaugura en éste siglo un tipo de guerra distinta a las conocidas. Sin enemigo definido claramente, sin ejércitos en contra, más bien contra la sociedad. ¿Lo inventaron "estos" terroristas?. No, por supuesto que no. Ya lo hicieron los gobiernos de la OTAN contra Irak o contra Kosovo o en Bosnia. Ya lo hicieron los gobiernos norteamericanos en Libia y en Cuba. Ya lo hizo la Rusia post soviética en Chechenia. Y lo sigue haciendo Israel contra los campos de refugiados palestinos en el oriente medio. Para no hablar de Ruanda o de casos del Africa subsahariana.
Lo segundo que parece importante resaltar es que "estos terroristas" carecen de temor a la muerte. Sea lo que fuere, el terrorismo individual siempre tuvo, como limitante, la búsqueda de una salida o escape. El terrorista hacía su acto y escapaba. Estos no. Ahora son capaces de inmolarse, de caminar sonriendo hacia la muerte. El dilema para el gobierno norteamericano es ¿como enfrentar un enemigo que transita por el mundo sin temor a la muerte?. No existe escudo antimisiles que pueda parar un terrorismo de esta naturaleza. A menos que haya un acuerdo de paz y justicia a escala mundial. Y para ello se requiere, entre otras cosas, terminar con la desigualdad mundial de la que los países del G 7 son responsables.
En tercer lugar que se utilicen aviones comerciales para los actos de terror tampoco parece una novedad. Fue utilizado al final de la Segunda Guerra Mundial. Lo nuevo y escalofriante es que un avión comercial se transforme en un arma mortífera, en un proyectil con toda su carga humana, con gente inocente que muere sin saber la razón. No cabe duda que esa es otra razón más para condenar el acto cometido y a quien lo ideó. Pero para ser consecuente con el derecho a la vida de todos, ¿por qué no se condena, con la misma energía, a los terroristas que volaron el avión de Cubana de Aviación que transportaba jóvenes deportistas y que se encuentran detenidos en nuestro país?. Por lo demás, el Afganistán de estos son los propios Estados Unidos.