"That"s disgusting"
Así escuchamos expresarse a un turista anglosajón al cruzar el puente sobre el río Matasnillo, a la altura del Hospital Paitilla: "Eso es asqueroso".
Evidentemente, nosotros, los que con regularidad pasamos por ese puente y por muchos otros lugares similares a lo largo y ancho del país pero, principalmente en la capital, nos hemos acostumbrado al aspecto y olor desagradable de muchos de nuestros ríos, riachuelos, veredas, cañerías, herbazales y otras áreas, algunas hasta habitadas, que se encuentran en un estado repugnante.
Sin embargo, una cosa es que la ciudadanía mire hacia el otro lado, indiferente por sentirse impotente, y otra es que las autoridades competentes lo hagan. Al menos en el caso del Matasnillo es claro que la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM) no está cumpliendo con su cometido. Puede que esté revisando estudios de impacto ambiental en relación con nuevos proyectos y hasta imponiendo multas por el corte de árboles aquí y allá en las áreas urbanas, pero no se percibe que la contaminación en general y en ese río haya disminuido.
Es inaceptable que nos digan que están esperando la realización del proyecto de saneamiento de la Bahía de Panamá o a que el Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (IDAAN) ejecute los correctivos que le corresponde, cuando es perfectamente determinable quiénes son las personas y empresas que a lo largo de su trayectoria están depositando ilegalmente desechos y desperdicios en el río.
Sabemos que no son los únicos contaminantes, ya que el resto de la ciudadanía contribuye al botar basura indebidamente por otros lados; no obstante, hay que comenzar por algún lugar.
El problema es que ni con los vecinos del río han comenzado.
Evidentemente, nosotros, los que con regularidad pasamos por ese puente y por muchos otros lugares similares a lo largo y ancho del país pero, principalmente en la capital, nos hemos acostumbrado al aspecto y olor desagradable de muchos de nuestros ríos, riachuelos, veredas, cañerías, herbazales y otras áreas, algunas hasta habitadas, que se encuentran en un estado repugnante.
Sin embargo, una cosa es que la ciudadanía mire hacia el otro lado, indiferente por sentirse impotente, y otra es que las autoridades competentes lo hagan. Al menos en el caso del Matasnillo es claro que la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM) no está cumpliendo con su cometido. Puede que esté revisando estudios de impacto ambiental en relación con nuevos proyectos y hasta imponiendo multas por el corte de árboles aquí y allá en las áreas urbanas, pero no se percibe que la contaminación en general y en ese río haya disminuido.
Es inaceptable que nos digan que están esperando la realización del proyecto de saneamiento de la Bahía de Panamá o a que el Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (IDAAN) ejecute los correctivos que le corresponde, cuando es perfectamente determinable quiénes son las personas y empresas que a lo largo de su trayectoria están depositando ilegalmente desechos y desperdicios en el río.
Sabemos que no son los únicos contaminantes, ya que el resto de la ciudadanía contribuye al botar basura indebidamente por otros lados; no obstante, hay que comenzar por algún lugar.
El problema es que ni con los vecinos del río han comenzado.