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Theodore y Mireya: Analogías y paradojas


En Panamá, con motivo de la petición del Organo Ejecutivo de la suma de 150 millones de balboas al Legislativo para la construcción y extensión de acueductos, ha caído una lluvia de críticas sobre la presidenta Mireya Elisa Moscoso Rodríguez; y algo similar se dio al inicio del siglo pasado en los Estados Unidos, cuando el presidente Theodore Roosevelt presentó ante el Congreso sus proyectos relativos a la construcción del Canal de Panamá.
Una y otra vez hemos tratado de expresar a los panameños que para los gobernantes es difícil e inútil tratar de lograr el desarrollo integral del país, mientras no se eche de lado las actividades politiqueras que tienden a mantener al pueblo en un estado de postración y pobreza. Más aún, todos hemos observado las peroratas y propagandas estúpidas de uno y otro lado, para que al final de las mismas no se llegue a una decisión positiva y concreta por la cual se logre al fin llevar el preciado líquido a miles de panameños que no cuentan con el servicio de agua potable en todo el territorio nacional. Pero, desafortunadamente, el Ejecutivo no ha presentado sus proyectos con los debidos pormenores y costos minuciosos; no solamente se ha fallado en este aspecto, sino que, además, la demagogia politiquera se ha puesto por encima de la acción positiva que debe distinguir la dinámica de un verdadero gobierno democrático y progresista.
A raíz de la aprobación de la Ley Spooner de 1902, se autorizó a Don Theodore para que solicitara y obtuviera de los inversionistas privados (los grupos Morgan, Vanderbilt, Gould y Harriman) los dineros necesarios para iniciar y ejecutar las obras del Canal de Panamá, fue por ello que Theodore logró, independientemente de las largas discusiones y posteriores decisiones que se tomaron por los legisladores, proseguir con los proyectos canaleros.
Para doña Mireya hubiera sido más fácil y expedito solicitar y obtener la ayuda exterior, es decir, negociar préstamos con intereses blandos a través del BID, sobre todo cuando los panameños hemos sido testigos de préstamos logrados en el pasado por sumas astronómicas para proyectos ilusorios y sin propósitos de mejorar las condiciones infrahumanas de más de un millón de panameños pobres en todo el país. Entonces, preguntamos, ¿por qué hubo tanto empecinamiento en hacer uso de 150 millones de dólares del Fondo Fiduciario?.
Indudablemente, muchos panameños hubieran reaccionado de modo escéptico respecto al préstamo con el B.I.D.; no obstante, si doña Mireya hubiese seguido la misma ruta que tomó hace cien años Don Theodore, seguramente los trabajos de tales acueductos ya se hubiesen iniciado, y todavía en la Asamblea Legislativa se estarían dando críticas y discusiones preñadas de perogrulladas en contra y en pro de la realización de tales obras. No debe causarnos extrañeza que a raíz de estas incidencias hayan aflorado en el ámbito político las desmedidas ambiciones de riquezas y de poder que, por así decirlo, están socavando el progreso de la República de Panamá.
Por cierto, el país está padeciendo de profundas dolencias económicas y muchos señalan que la deuda exterior (préstamos por más de 7 mil millones de dólares) están relacionados con los problemas económicos internos. Pero dos aspectos vinculados con este argumento son ciertos; que el préstamo al que hemos aludido se necesita con urgencia para solucionar un añejo y grave problema social, es decir, la escasez crónica de agua potable, y que la salud y la vida de millares de niños están en peligro inminente si no se construyen y mejoran los sistemas de acueductos en todo el país.
También dos aspectos son negativos: La insistencia del Organo Ejecutivo de solicitar tales capitales y de no permitir la creación de una entidad fiscalizadora de los gastos y demás erogaciones que se hagan en el transcurso y desarrollo de tales inversiones y proyectos; y, el propósito del Organo Legislativo de no escuchar las ideas y propuestas que de modo insistente hemos expresado a través de este medio, en otros términos, la creación de un Banco del Trabajador Panameño-Sistema de Reserva Institucional.
Finalmente, me atrevo a afirmar, sin temor a equivocarme, que de seguro las ambiciones de poder de los que conforman el Ejecutivo y el Legislativo son los escollos más grandes para que se haga realidad una entidad financiera novísima dedicada a promover, desarrollar y fiscalizar las erogaciones del Presupuesto de Inversiones de la Nación y que, además, ayudaría a los trabajadores a mejorar sus condiciones de vida.

101 años de Panamá América

 
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