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Tiempos de política, feria de ilusiones


En mis escritos he mantenido una crítica constante hacia nuestra clase política tradicional. Critico su desprecio hacia quienes los elegimos. Les advierto, sin éxito, admito, que ese comportamiento conlleva en sí las semillas de la destrucción de su clase. Los políticos no parecen darse cuenta de esta real posibilidad. Parecieran ignorar el creciente resentimiento contra ellos, cuyo resultado en países vecinos ha sido la elección a la Presidencia de la República de personalidades antagonistas al "establishment" o sea ellos; si bien es cierto, con más errores que aciertos, siendo Alvaro Uribe, en mi opinión, su única carta de triunfo. Les dejo saber a los políticos que con su actitud nos exponen a la posible elección de falsos profetas, demagogos y oportunistas con predecibles resultados desastrosos, como los de Venezuela.
Panamá no se aparta de esta tendencia. Va en aumento el número de artículos de opinión que registran un creciente sentimiento de repudio hacia la clase política tradicional criolla, muy similar a la demostrada por nuestros hermanos del Sur. Los políticos, lo más probable, no le hacen caso, pues nos conocen bien y saben por referencia histórica que no hemos demostrado tener la capacidad de crear cohesión cívica masiva anti-status quo.
La inhabilidad de las llamadas "terceras fuerzas" en elegir un presidente de la República es claro ejemplo de la falta de cohesión ciudadana "anti-establishment".
Los políticos y la clase gobernante continúan actuando con desfachatez inaudita. Los recientes nombramientos en la Autoridad Marítima de Panamá son ejemplos palpables. ¿Y qué decir de las actuaciones de los legisladores? ¿Y la admisión pública del magistrado santeño de que su escogencia la debe a arreglos políticos de su comadre? Y, nosotros, la sociedad cívica y la ciudadanía en general, continuamos con nuestras quejas sotto voce, sin hacer nada. Con ello avalamos el comportamiento de los políticos. Todo esto sucede en momentos en que se inicia la próxima "Feria de Ilusiones", que nosotros llamamos período de elecciones. ¿No es clara evidencia del desprecio que sienten por nosotros los políticos, el actuar como lo hacen a sólo pocos meses de las elecciones?
Lo anterior parece indicar que la próxima campaña electoral será la misma feria de ilusiones de siempre. Ya empiezan a mostrarse los síntomas. Estamos viendo los mismos comportamientos circenses de antes. Observamos cómo un grueso personaje político cuyo derecho a fama, si damos fe a la prensa, es vender arroz barato producto de contrabando, sube en la encuestas, apoyado por un pre-candidato a Presidente de la República con nexos con la clase productora que afecta el supuesto contrabando. "Cosa veredes, Sancho". ¿No consideramos que con esa actitud estamos enviando un mensaje errado? Estamos diciendo que nuestra conciencia se compra con arroz de contrabando a detrimento del país y el sector productor.
¿Esa popularidad del populista y demagogo candidato a la alcaldía no es una muestra más de nuestra veleidad y ausencia de conciencia cívica? ¿No nos avergüenza vender nuestro voto por un puñado de arroz?
Pero, el espectáculo debe continuar. Sucederán cosas interesantes. De súbito se notará actividad inusitada de organismos que antes lucían inactivos, sordos y ciegos a las necesidades nuestras. A los que habitantes de la ciudad capital: ¿Nos les llama la atención la pronta actividad de reparación de las calles? ¿Por qué esperaron cuatro años? De repente nos convertimos en personas importantes para personajes que antes no reconocían nuestra existencia. Regresan a sus barrios o sus pueblos. Recuerdan nuestros nombres y apodos. Se dejan ver. Nos saludan. Se preocupan por nuestro bienestar, por nuestra familia y nuestra comunidad. Se tornan religiosos; asisten a actos religiosos y procesiones. Se tornan bondadosos. Nos dan comida gratis y "guaro", ¡no se diga! Organizan ferias libres y giras médicas. Desaparecen barreras sociales y raciales. El blanco besa y abraza al negro. Los ricos se preocupan por el precio del pan y la mantequilla.
¡Por amor a Dios, no nos dejemos engañar otra vez! El momento es propicio para evaluar el verdadero mérito del personaje que se preocupa por nosotros. Preguntémonos: ¿Actuaba así todo el tiempo? ¿A qué se debe ese cambio de comportamiento? ¿Por qué ahora de pronto les somos importantes? Si el personaje siempre actuó así, en la buena y en la mala: ¡apóyenlo! Si el cambio es recién, seamos suspicaces y cuestionemos ese súbito interés en nosotros y nuestra comunidad. Puede durar sólo el tiempo del período electoral.
Las próximas elecciones nos ofrecen la magnífica oportunidad de borrar del mapa aquellos políticos oportunistas, populistas y demagogos que tanto daño, dolor y desprestigio le han causado a la nación y a nosotros mismos. Son fáciles de identificar. "Por sus obras los conoceréis".
Tenemos el deber ciudadano de escoger mejor y lo podemos hacer. La oportunidad existe para demostrar que el verdadero poder político descansa sobre nuestro voto. Ejerzamos responsablemente ese derecho. Tienen la oportunidad de contradecirme demostrando que no somos un país de borregos como vengo alegando.

101 años de Panamá América

 
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