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Tiempos difíciles, tiempos de bronca


No cabe duda que nos ha tocado vivir, como generación, tiempos difíciles tanto en el plano nacional como en el internacional.
Un siglo XX "problemático y febril" como señala aquel inolvidable tango de Enrique Santos Discépolo Cambalache, pincelada psicológica de un siglo que apenas se avizoraba en los tiempos del poeta y que luego se convertiría en una cruda realidad. Somos hombres de mitad del siglo XX, de un siglo corto pleno de acontecimientos, algunos gratos y otros de sufrimiento que dejaron, en el balance final, un alma plena de bronca. Nos tocó vivir como generación, junto a una muchachada idealista, con un libro en la mano y una utopía en la otra, la gloriosa gesta de la revolución cubana. El inolvidable Ricaurte Soler diría que nuestra generación al igual que la Revista Tareas eran hijos legítimos de la revolución cubana. Luego viviríamos la infame agresión del ejército de los Estados Unidos a los estudiantes panameños en enero de 1964. Después descubrimos que era la decimocuarta agresión de los Estados Unidos contra nuestro pequeño país y, desde luego, vendrían más. Esos dos hechos nos impulsaron, con decisión, a tomar posiciones frente al drama continental y nacional. La inquietud intelectual nos hizo viajar a Chile, por muchas razones, una escuela de pensamiento en donde, como diría José Carlos Mariátegui de Italia, "desposamos a una mujer y algunas ideas". Alejado de la tierra nativa, creo que nos hicimos ciudadano continental viviendo plenamente los procesos políticos chileno, peruano y boliviano. Nos caló muy hondo la muerte del guerrillero heroico en Bolivia y la terminación a sangre y fuego de la Asamblea Popular boliviana en 1970, con su secuela de muertos y exiliados. Bolivia nos dio la posibilidad de conocer los mejores militantes obreros que hemos conocidos y la conciencia alcanzada en los programas de la Confederación Obrera Boliviana, las llamadas Tesis de Pulacayo y Tesis de Colquiri. Se podría decir que el país más atrasado de Sudamérica generó, por aquella ley del desarrollo desigual y combinado, el más portentoso movimiento obrero del continente.
Perú contribuyó, en esos años de formación, a encontrar un movimiento campesino fuerte, dirigido por Hugo Blanco, prematuramente abortado por el ejército peruano en el valle de la Convención. Una derrota más en la larga lucha continental por el socialismo y la solidaridad entre los seres humanos Pero ninguna derrota ha podido vencer nuestra fe en la humanidad y en las virtudes del socialismo ni han logrado destruir las enseñanzas adquiridas en las largas polémicas al interior del movimiento obrero chileno. Muy por el contrario, ideas y lenguaje, es decir, método ha permanecido y enriquecido en los últimos 30 años. Pero quizá lo más importante es descubrir que la larga fase de retroceso del movimiento de masas empieza a cambiar de signo, con todas sus contradicciones y complejidades, en una nueva vuelta de la historia tan sorprendente como la ocurrida en la década del "90. Y que a pesar de todo, tránsfugas y traidores incluidos, quedan reservas ideológicas y morales en nuestra generación que no han renunciado al hábito de pensar y actuar de manera racional y revolucionariamente. También los hay de anteriores generaciones capaces de ofrecer otros 20 años o más ( que 20 años no es nada, como dice Gardel) de su vida al deber de construir un mundo nuevo. Muchas veces sin recompensa inmediata ninguna y con más sinsabores que otra cosa.
El repunte a que aludimos empieza a rendir frutos, con sus altos y bajos. Sólo para referirnos a la América Latina después de la llamada caída del "socialismo real", ¿quién puede negar que el continente es hoy otro?. En México se abre el sistema político permitiendo la alternabilidad en el poder, aunque haya triunfado en las últimas elecciones la alternativa más a la derecha (Vicente Fox es el alter ego de George W. Bush). La Centroamérica después de la guerra y con todas sus complejidades ha conocido procesos de insurreción popular que alcanzaron el poder o, en otras circunstancias, el doble poder. La Nicaragua sandinista (pueden volver al gobierno en las elecciones de noviembre de 2001), El Salvador con la presencia creciente de los partidos de la izquierda, ahora institucionales, y Guatemala en proceso de reencontrarse después de los acuerdos de paz.
En lo que se refiere a Sudamérica, sólo nos queda por señalar el caso de Chile (el socialismo de nuevo en el gobierno, aunque distante de aquél de Salvador Allende), explosión social de campesinos sin tierra en Brasil, de indígenas en el Ecuador y de obreros en la Argentina, inestabilidad crónica, como siempre en Bolivia y Colombia y proceso abierto en Venezuela.
Qué poco duró la euforia neoliberal y cuán ideológicos, en el sentido de falsa conciencia, resultaron los libros de Huntington (El choque de las civilizaciones, credo de ignorantes como señaló Edward Said recientemente) o de Fukuyama (El fin de la historia), pequeña indigestión de Hegel, Daniel Bell y otros. Siempre resulta alentador saber que seguimos contando con el ejemplo de Cuba, fortaleciéndose a pesar de los bloqueos, viviendo de sus propios recursos, elogiada hasta por el propio Banco Mundial y guía en un combate que no cesará hasta la victoria final.

101 años de Panamá América

 
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