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Tierra de gigantes


Con poco más de 3 millones de habitantes, este país ha escrito páginas de gloria en su historia por la lucha en ubicarse como una nación libre e independiente. Grandes patriotas y líderes generacionales son objeto de admiración y respeto. En el patio y rebasando fronteras, atletas, científicos, escritores, poetas, músicos y otros profesionales, panameños con su talento y capacidades, valor y honor han llenado de alegría y orgullo a nuestra patria.

En otro orden, nuestras relaciones con EE.UU., aunque duraderas, han resultado ser una combinación agridulce. Agrias, por las intervenciones y agresiones surgidas desde el incidente de la Tajada de Sandia en 1856; y dulce, por la actitud y voluntad del ex presidente Carter en poner fin a las luchas generacionales por la recuperación de nuestro territorio, con la firma de los tratados del Canal de Panamá.

Por ello, resulta inaceptable que el acto constitucional del 1 de septiembre, en el Primer Órgano del Estado, aún sea utilizado por el coloso del norte para retrotraer los hechos del 10 de Junio de 1992. Sabemos que en aquellas circunstancias Panamá era aún territorio invadido y la muerte del soldado del ejército de ocupación no fue otra cosa que un acto de guerra. Todos sentimos con dolor la pérdida de una vida humana, pero tan importante y valiosa era la vida de Zack Hernández, como la de cientos y miles de panameños. Allí permanecen con saldos fríos las cifras de muertos, pero también podemos ver y escuchar testimonios de jóvenes y adultos con traumas permanentes de discapacidad y otras secuelas que sufre nuestro pueblo, producto del injustificable hecho del 20 de Diciembre de 1989. Sin embargo, con o sin razones de esas afrentas, los panameños hemos superado y cerrado esos capítulos sin alimentar odios o rencores, contra quienes por su condición de poderosos, nos han agredido y mancillado en varias ocasiones.

EE.UU. debe entender que una relación de mutuo respeto conlleva actuar con mentalidad de estadista. El mismo trato y reciprocidad ofrecemos y exigimos a otros países como Venezuela, Brasil, Cuba y Ecuador. Pero somos los panameños, apartando diferencias o banderías políticas, quienes debemos agigantarnos para trasmitir sin ambigüedades y con claridad el mensaje.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América