Tío Felix
Se nos ha ido el tío Félix, pilar de unión de nuestra familia, paradigma de hombría de bien, ejemplo de superación y lucha, el médico de cuerpos y almas. Nuestra veneración familiar empezó desde la tierna infancia. Nos visitaba a menudo y nos contaba pasajes de sus estudios y sus experiencias curativas con los animales de la finca. Años más tarde, nos hablaba de las elevadas materias que cursaba. Recuerdo cuando nos dejaba atónitos con la profundidad de sus conocimientos. “Seno sobre consenso igual a tangente”. Nos recitaba párrafo del Quijote y nos ilustró que Sancho Panza hizo sabias decisiones cuando el Quijote lo puso a gobernar la ínsula Barataria. Nos mostraba su microscopio, algunas semillas que hacía germinar en un líquido, los vaticinios del galeno en gestación, de vocación; más tarde de abnegación y educador, forjador de médicos.
Egresado de la Universidad de Roma, como médico, demostraba admiración y veneración por sus queridos profesores. Esta era sólo comprable con la que profesaba por su padre, mi abuelo Salvatore, cuyo recordado tema era: “Non nocere” (no hacer daño). Hizo su especialización en ortopedia en Estados Unidos y fue uno de los creadores del Hospital Paitilla. En sus últimos tres años publicó dos libros: “Radiografía de un médico” y “Anécdotas de un médico”.
“Tengo casi terminado un tercer libro: trata de mis maestros y profesores del Instituto Nacional y de mis universidades. Tú apareces en una anécdota del profesor Gallegos”, me dijo hace pocos meses. “Tengo muchos más temas sobre lo que pienso escribir un cuarto libro; tengo múltiples extractos en mi computadora”. Son parecidos a los de una serie que publicaste en los periódicos hace años (“Magister”).
Hoy tu familia te añora con el corazón acongojado, pero enaltecido porque cumpliste tu misión para con ello y para con la patria. Fuiste hijo, alumno, ciudadano, padre, médico, maestro, escritor e incomparable: ¡Magister! Hasta luego tío Félix...
Egresado de la Universidad de Roma, como médico, demostraba admiración y veneración por sus queridos profesores. Esta era sólo comprable con la que profesaba por su padre, mi abuelo Salvatore, cuyo recordado tema era: “Non nocere” (no hacer daño). Hizo su especialización en ortopedia en Estados Unidos y fue uno de los creadores del Hospital Paitilla. En sus últimos tres años publicó dos libros: “Radiografía de un médico” y “Anécdotas de un médico”.
“Tengo casi terminado un tercer libro: trata de mis maestros y profesores del Instituto Nacional y de mis universidades. Tú apareces en una anécdota del profesor Gallegos”, me dijo hace pocos meses. “Tengo muchos más temas sobre lo que pienso escribir un cuarto libro; tengo múltiples extractos en mi computadora”. Son parecidos a los de una serie que publicaste en los periódicos hace años (“Magister”).
Hoy tu familia te añora con el corazón acongojado, pero enaltecido porque cumpliste tu misión para con ello y para con la patria. Fuiste hijo, alumno, ciudadano, padre, médico, maestro, escritor e incomparable: ¡Magister! Hasta luego tío Félix...