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Tiranía y libertad


Cayó el régimen de Sadam Hussein que, por cerca de un cuarto de siglo, doblegó Irak con mano dura y corazón perverso, por ello muy bien se ha hecho en definir a ese gobierno como el más despiadado que jamás se haya visto en el mundo, desde la Segunda Guerra Mundial.
Una vez que las mordazas y el miedo van desapareciendo, comienzan los verídicos relatos de esa era, arbitraria e infame, a conocerse, en vista de que los habitantes del desventurado país, al sentirse sin el yugo de tan ruda opresión, empiezan a manifestarse con autenticidad y júbilo.
Tétricas e indignantes son aquellas narraciones que reflejan el oscurantismo y la crueldad de una época doblegada, a sangre y fuego, por el sanguinario sátrapa que, por sus ruines actos, ya reposa en los basureros de la Historia.
En uno de esos relatos se da a conocer que, tan sólo en un día, de seis de la mañana a nueve de la noche, fueron ejecutadas dos mil personas que se hallaban detenidas. Basta esta información para darse cuenta de las abrumadoras atrocidades cometidas por el dictador y sus dos hijos, caracterizados por iguales instintos criminales, de lo cual no escaparon ni siquiera miembros de su propia familia.
Públicamente alabó al execrable Osama bin Laden, utilizó armas de destrucción masiva contra su propio pueblo, fue el causante de tres guerras, no respetó 17 resoluciones de las Naciones Unidas, quiso convertirse en el máximo cabecilla de la arcaica guerra santa, al creerse reencarnación de Saladino y Nabucodonosor estuvo alentado por odios y afanes de conquistador de naciones, petulante y guerrerista se convirtió en uno de los principales enemigos de la paz; fue un tirano de la peor especie que sumergió a su país en el miedo y la miseria, mientras construía numerosos cuarteles y suntuosos palacios para satisfacer su extremado narcisismo. Merece el desprecio de las generaciones este malvado gobernante señalado para siempre por el clamor de millones de sus víctimas, a las que mató con enfermiza alevosía, torturó con bárbara sevicia u obligó al doliente exilio.
222Jamás puede hablarse que se trata de una guerra colonialista o de ocupación la que se llevó a cabo en Irak, como tendenciosamente afirman interesados o irresponsables defensores del totalitarismo.
La más fidedigna representación de la tiranía constituye Sadam Hussein, sujeto que deshonró al género humano. Ante el incontenible avance de las tropas aliadas, salieron de sus casas los temblorosos ciudadanos para recobrar su espíritu de dignidad y de patria y, al ver el momento apropiado para testimoniar su enfado en contra del absolutista, demostraron sus reales sentimientos guardados en lo más profundo de su ser: a las numerosas efigies del opresor no sólo derrumbaron, sino que apalearon e inclusive arrastraron, como indiscutible expresión de su repudio para el infame déspota.
La coalición de aproximadamente cincuenta países, liderada por Estados Unidos e Inglaterra, merece reconocimiento por haber liberado a la humanidad de este autócrata, memorable hecho que bien puede equipararse a lo que las fuerzas aliadas efectuaron en bien de Francia y de los otros países europeos, cuando enfrentaron a las arrolladoras legiones de Hitler, ganaron las duras e inolvidables contiendas y, luego, reconstruyeron, gracias al decidido apoyo del Plan Marshall.
Jamás puede hablarse que se trata de una guerra colonialista o de ocupación la que se llevó a cabo en Irak, como tendenciosamente afirman interesados o irresponsables defensores del totalitarismo. El presidente George W. Bush fue muy claro en su discurso dirigido al pueblo iraquí, transmitido por radio y televisión, el 10 de abril, cuando las tropas libertadoras entraban a Bagdad; dijo que las metas son terminar con el brutal régimen, que las fuerzas de la coalición ayudarán a mantener la ley y el orden, que habrá respeto para las tradiciones religiosas; que habrá la ayuda para construir un gobierno pacífico y representativo que proteja los derechos de todos los ciudadanos a fin de que esa nación avance, unificada, independiente y soberana, libre para participar en los asuntos políticos y de la terrible persecución que ha padecido. Y luego enfatizó "nuestras fuerzas militares partirán". Después de lo sucedido en Irak quedó en el planeta un aleccionador mensaje en el sentido de que, en el mundo contemporáneo, ya no hay lugar para la omnipotencia de los tiranos.

101 años de Panamá América

 
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