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TLC con EU, mucho camino por andar


Pongamos las cosas en su justo lugar. Después de la euforia inicial viene la dura realidad. Todavía estamos muy lejos de un tratado de libre comercio (TLC) con Estados Unidos. Pero es justo reconocer que la reciente visita de la Presidenta Moscoso a su similar estadounidense George Bush hijo, al menos tiene el mérito de haber conseguido una primera manifestación de la clara intención, del último, de ayudar a nuestro país en ese propósito.
Más concretamente, el Presidente Bush giró instrucciones a sus encargados del tema para ayudar a Panamá a hallar el camino más conveniente para arribar a un TLC con su nación, ya sea adhiriéndose a los convenios suscritos con Chile o Singapur - los citó concretamente - o al que surja de la actual negociación con Centroamérica.
Por supuesto que es un logro porque sin voluntad concurrente de las partes, no hay convenio posible. Sin embargo, hemos de tener conciencia de que se trata de un primer paso o quizás menos. Por lo pronto, se nos recomendó preparar el equipo negociador y, en esa tarea debiéramos empeñarnos para no dejarlo para última hora. En esto no podemos jugar a ser genios de la improvisación, como solemos hacer. Nos jugamos la vida... o la muerte, sin exagerar.
No nos gusta para nada la posibilidad de adherirnos a los convenios de Chile, Singapur, Centroamérica ni a ningún otro, salvo que - paralelamente - se hagan las debidas reservas y se consignen como anexo las particularidades. El trabajo de adhesión a un tratado ajeno debe ser tan complejo que quizás amerite una negociación bilateral.
Lamentablemente, esta última alternativa, dada nuestra pequeñez, no es realista. Y he aquí un primer obstáculo metodológico a superar. Panamá, a diferencia de Chile, tiene una economía que en un 70% es de servicios, mientras que el primero reparte ese mismo porcentaje entre agricultura (vinos, frutas, pesca) e industria (minería, maquinaria). Es decir que con Chile tenemos economías inversas. Igual ocurre con Singapur que tiene una economía 70% industrial y 30% de servicios. Otro tanto acontece en Centroamérica que es 70% agrícola, 20% industrial y 10% servicios.
En fin tenemos una tarea dura por delante y debemos empezar a familiarizarnos con los tratados aludidos, previo a la integración de un equipo profesional que esté por encima de los avatares politiqueros e intereses sectarios. De ese modo, si la vía que nos deparan las circunstancias es la adhesión a un tratado ajeno, estaremos preparados para salvaguardar los intereses nacionales.

101 años de Panamá América

 
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