TLC con EU, negocio asimétrico
LOS Tratados de Libre Comercio (TLC) son acuerdos entre países para facilitar las corrientes de intercambio comercial e inversiones. En el caso del intercambio comercial, se establece un listado de productos y servicios en donde las partes acuerdan ir eliminando o disminuyendo las barreras que traban dicho intercambio y se fija un programa de desgravación arancelaria y de eliminación de obstáculos en un programa que se puede prolongar entre 5 y 15 años para el caso de los bienes. Para los servicios, se acuerdan programas para levantar las barreras legales e institucionales que traban el libre intercambio de los mismos, que se ofertan entre los distintos países. En las inversiones se establecen acuerdos para lograr la mayor movilidad de capitales entre las partes. En la práctica, los países que tienen una amplia capacidad exportadora de bienes, como Costa Rica y Chile y México, son los mayores promotores de este tipo de acuerdos. El problema de éstos son las asimetrías existentes entre las partes.
En los últimos años, particularmente desde 1990, los diferentes gobiernos se han mostrado entusiastas con la idea de los TLC. Durante el gobierno de Pérez Balladares se intentaron concertar éstos con México y Chile, y se tocó la idea de un tratado similar con EU. Estos tratados no se lograron porque México no eliminó a Panamá de su listado de paraísos fiscales y Chile se negó a abrir el mercado de los servicios bancarios.
En el gobierno de Moscoso se logró un acuerdo de libre comercio con Taiwan y Singapur, y comenzaron las conversaciones para un amplio acuerdo de libre comercio con EU. Ahora, el gobierno de Torrijos ha seguido la misma senda y en cualquier momento se podrá anunciar que ambos países han llegado a un acuerdo.
El 33% de las importaciones totales a Panamá proviene de Estados Unidos (EU) y el 46% de las exportaciones panameñas tiene como destino el mercado norteamericano. La capacidad exportadora de Panamá es muy limitada. Una de las razones es el uso del dólar como moneda de curso legal que equivale a balboas sobre valorados lo que favorece las importaciones, pero no las exportaciones. Por otro lado, la burguesía panameña nunca desarrolló un parque industrial y tecnológico orientado hacia las exportaciones de bienes. Tradicionalmente las exportaciones se concentraron en productos como el banano, el café, más recientemente los mariscos, destacándose el camarón con muy bajo valor agregado. Estos productos están enfrentando serios problemas de acceso en el mercado mundial en virtud de las barreras proteccionistas y por la fuerte competencia asiática que deprime los precios.
En los últimos años, los panameños han hecho un gran esfuerzo para exportar productos no tradicionales como zapallos, melones, sandías y otros con gran éxito. Pero es necesario advertir que el caso del banano nos indica que las ventajas comparativas y competitivas son temporales, pues por razones políticas y económicas un determinado bloque económico puede cerrar el acceso a nuestros productos.
Es muy común que se asegure que los tratados internacionales tienden a ser más justos y equilibrados cuando más iguales son las partes que los negocian, mientras que resultan más injustos cuando las partes tienden a ser más desiguales. Lo evidente entre Panamá y EU es que sus diferencias o asimetrías son numerosas y abismales. El año pasado, el PIB de EU superó los $11 billones cuando el de Panamá no rebasó los $13,000 millones. Si se ahondan más en los datos tenemos que EU representa el 80% de la actividad económica de las Américas y a nivel global, el 32% del PIB mundial.
En estas condiciones, lo razonable y lo lógico era alcanzar un acuerdo general de preferencias comerciales para productos y servicios panameños, pues en este tipo de convenios EU abrirían sus mercados sin necesidad de contrapartida por parte de Panamá. Este tipo de convenios reconoce de hecho las asimetrías existentes y su objetivo es que el país beneficiario de estas preferencias eleve su nivel de desarrollo económico. Esta era la vía correcta y estamos seguros que los expertos estadounidenses en algún momento plantearon esa posibilidad.
En 1988, EU lanzó la idea de la iniciativa de las Améritas, donde se planteaba la creación del ALCA. Esta idea desde el principio era un proyecto dudoso precisamente por las abismales asimetrías existentes entre EU y Canadá con América Latina. La instrumentación práctica de un proyecto tan ambicioso en un espacio geográfico tan amplio es demasiado complicada desde el punto de vista técnico, económico y político.
Desde un principio, países como Brasil expresaron los problemas del proyecto, al grado que en el 2003 naciones como Venezuela expresaron una serie de obstáculos al proyecto. Y el mayor problema fueron las asimetrías. Como producto de estas posiciones encontradas, el progreso de la idea del ALCA ha entrado en una especie de impasse hasta nuevo aviso. Frente a esto, EU recurrió a los TLC con Centroamérica y República Dominicana, y ahora con Panamá.
El ALCA es un proyecto inviable no sólo por las asimetrías existentes, sino que por razones políticas y económicas EU no cederá a las presiones que le exigen eliminar los subsidios agrícolas. Estando EU involucrado en frecuentes conflictos bélicos, no renunciará a su seguridad alimentaría. Y los subsidios agrícolas son parte de esa política. Es obvio que los mercados de Centroamérica y Panamá no son significativos para EU. Pero para éstos, la posibilidad de acceso al mercado más grande del mundo es muy importante. El problema es que las relaciones económicas internacionales son políticas y EU ha demostrado que maneja las suyas en función de sus intereses estratégicos de largo plazo.
En el caso de Panamá, el único interés real que pueden tener EU es que sus empresas tengan acceso al proyecto de modernización y ampliación del Canal. Históricamente, EU sólo ha realizado tres grandes inversiones en este país: La construcción del Ferrocarril Transístmico a mediados del siglo XIX, la construcción y operación del Canal y la inversión de empresas estadounidenses en las bananeras desde principios del siglo XX.
Panamá sigue siendo para EU de interés estratégico y no foco para desarrollar el comercio o inversiones. Si los negociadores de Panamá no tomaron en cuenta esta realidad, el TLC, en caso de aprobarse, está destinado a ser un colosal fracaso.
(mramos45@hotmail.com)
En los últimos años, particularmente desde 1990, los diferentes gobiernos se han mostrado entusiastas con la idea de los TLC. Durante el gobierno de Pérez Balladares se intentaron concertar éstos con México y Chile, y se tocó la idea de un tratado similar con EU. Estos tratados no se lograron porque México no eliminó a Panamá de su listado de paraísos fiscales y Chile se negó a abrir el mercado de los servicios bancarios.
En el gobierno de Moscoso se logró un acuerdo de libre comercio con Taiwan y Singapur, y comenzaron las conversaciones para un amplio acuerdo de libre comercio con EU. Ahora, el gobierno de Torrijos ha seguido la misma senda y en cualquier momento se podrá anunciar que ambos países han llegado a un acuerdo.
El 33% de las importaciones totales a Panamá proviene de Estados Unidos (EU) y el 46% de las exportaciones panameñas tiene como destino el mercado norteamericano. La capacidad exportadora de Panamá es muy limitada. Una de las razones es el uso del dólar como moneda de curso legal que equivale a balboas sobre valorados lo que favorece las importaciones, pero no las exportaciones. Por otro lado, la burguesía panameña nunca desarrolló un parque industrial y tecnológico orientado hacia las exportaciones de bienes. Tradicionalmente las exportaciones se concentraron en productos como el banano, el café, más recientemente los mariscos, destacándose el camarón con muy bajo valor agregado. Estos productos están enfrentando serios problemas de acceso en el mercado mundial en virtud de las barreras proteccionistas y por la fuerte competencia asiática que deprime los precios.
En los últimos años, los panameños han hecho un gran esfuerzo para exportar productos no tradicionales como zapallos, melones, sandías y otros con gran éxito. Pero es necesario advertir que el caso del banano nos indica que las ventajas comparativas y competitivas son temporales, pues por razones políticas y económicas un determinado bloque económico puede cerrar el acceso a nuestros productos.
Es muy común que se asegure que los tratados internacionales tienden a ser más justos y equilibrados cuando más iguales son las partes que los negocian, mientras que resultan más injustos cuando las partes tienden a ser más desiguales. Lo evidente entre Panamá y EU es que sus diferencias o asimetrías son numerosas y abismales. El año pasado, el PIB de EU superó los $11 billones cuando el de Panamá no rebasó los $13,000 millones. Si se ahondan más en los datos tenemos que EU representa el 80% de la actividad económica de las Américas y a nivel global, el 32% del PIB mundial.
En estas condiciones, lo razonable y lo lógico era alcanzar un acuerdo general de preferencias comerciales para productos y servicios panameños, pues en este tipo de convenios EU abrirían sus mercados sin necesidad de contrapartida por parte de Panamá. Este tipo de convenios reconoce de hecho las asimetrías existentes y su objetivo es que el país beneficiario de estas preferencias eleve su nivel de desarrollo económico. Esta era la vía correcta y estamos seguros que los expertos estadounidenses en algún momento plantearon esa posibilidad.
En 1988, EU lanzó la idea de la iniciativa de las Améritas, donde se planteaba la creación del ALCA. Esta idea desde el principio era un proyecto dudoso precisamente por las abismales asimetrías existentes entre EU y Canadá con América Latina. La instrumentación práctica de un proyecto tan ambicioso en un espacio geográfico tan amplio es demasiado complicada desde el punto de vista técnico, económico y político.
Desde un principio, países como Brasil expresaron los problemas del proyecto, al grado que en el 2003 naciones como Venezuela expresaron una serie de obstáculos al proyecto. Y el mayor problema fueron las asimetrías. Como producto de estas posiciones encontradas, el progreso de la idea del ALCA ha entrado en una especie de impasse hasta nuevo aviso. Frente a esto, EU recurrió a los TLC con Centroamérica y República Dominicana, y ahora con Panamá.
El ALCA es un proyecto inviable no sólo por las asimetrías existentes, sino que por razones políticas y económicas EU no cederá a las presiones que le exigen eliminar los subsidios agrícolas. Estando EU involucrado en frecuentes conflictos bélicos, no renunciará a su seguridad alimentaría. Y los subsidios agrícolas son parte de esa política. Es obvio que los mercados de Centroamérica y Panamá no son significativos para EU. Pero para éstos, la posibilidad de acceso al mercado más grande del mundo es muy importante. El problema es que las relaciones económicas internacionales son políticas y EU ha demostrado que maneja las suyas en función de sus intereses estratégicos de largo plazo.
En el caso de Panamá, el único interés real que pueden tener EU es que sus empresas tengan acceso al proyecto de modernización y ampliación del Canal. Históricamente, EU sólo ha realizado tres grandes inversiones en este país: La construcción del Ferrocarril Transístmico a mediados del siglo XIX, la construcción y operación del Canal y la inversión de empresas estadounidenses en las bananeras desde principios del siglo XX.
Panamá sigue siendo para EU de interés estratégico y no foco para desarrollar el comercio o inversiones. Si los negociadores de Panamá no tomaron en cuenta esta realidad, el TLC, en caso de aprobarse, está destinado a ser un colosal fracaso.
(mramos45@hotmail.com)