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TLC, el ejemplo de Costa Rica


Escenario imaginario. Tras seis meses de intensas negociaciones, con el equipo norteamericano cerrado en no dar más concesiones, exigiendo la sangre a los nuestros, la Presidenta es informada. En los últimos veinte angustiosos días no ha habido avance. Resta tan solo un último paquete de treinta artículos, todos conciernen a plazos de total apertura y la desgravación arancelaria en la industria y la agricultura. Hay también tres disposiciones que atañen a los bancos, al negocio de seguros y a la participación de empresas estadounidenses en licitaciones, en especial, en el mantenimiento y ampliación del Canal. Tras breves segundos, la orden está dada: “¡Firmen!”.
La realidad, sin embargo, es más dura. Luego de once meses, cuatro países del bloque centroamericano firmaron. La delegación de Costa Rica, en cambio, se levantó y se marchó sin firmar. Sobre la mesa dejaron dos temas claves: el plazo de liberación de su sector de telecomunicaciones y los seguros, controlados por el Estado e inversionistas locales. Lograron, sin embargo, un acuerdo sobre el difícil tema del mercado agrícola y los subsidios. Pero aun así se marcharon ante los ojos atónitos de estadounidenses, guatemaltecos, nicaragüenses, salvadoreños y hondureños, que firmaron.
No es la primera vez que citamos a Costa Rica como un ejemplo. Lo hacemos porque es más pequeña, menos rica y está a nuestro alcance. Pese a todo, nuestra vecina ha sido capaz de grandes cosas gracias a la fórmula mágica, pero sencilla, de dejar las cosas complicadas en manos de expertos y brindarles pleno respaldo gubernamental. Allí tienen su paraíso turístico que le genera más de mil millones de dólares al año y allí tienen su zona tecnológica industrial con Intel, la reina de los “microchips”, a la cabeza, que es la responsable del 33% de su Producto Interno Bruto, que este año se calcula en 6% con Intel y 4% sin Intel.
¿Por qué Costa Rica dijo no a la única potencia mundial y le dio la espalda a sus vecinos y aliados, resistiendo las presiones? Por dignidad e inteligencia. La responsable tiene nombre y apellido. Es Anabel González, jefa de negociadores, quien tiene a su haber la negociación de una decena de estos convenios. Confiada, dice que volverá a la mesa, a obtener más que los demás. Insiste en que no tiene apuro. Es Estados Unidos el que tiene prisa, porque tras el fracaso de su ALCA en contraste con el resonante éxito de la Unión Europea incorporando a su mercado único a diez socios más de Europa del Este, no tiene más alternativa que crear rápidamente un sustituto en contrapeso para su industria y producción agrícola.
Insistimos en que Panamá siga su ejemplo, con paciencia y sin prisa. Y nos preocupa que la Presidenta Moscoso quiera firmar, a diferencia de Costa Rica, a cualquier precio, con tal de hacerlo antes de que venza su mandato.

101 años de Panamá América

 
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