¿TLC en la transición?
Los problemas sociales, y de toda índole, que se han agigantado en este período presidencial arnulfista, y la enorme cantidad de votos recibidos por Martín Torrijos el 2 de mayo pasado, serían suficientes para dar marcha atrás a muchas decisiones y acciones que, por lo comprometido e importancia de las mismas, no pueden ser tratadas con la ligereza que ha caracterizado la gestión mireyista.
Una mirada de reojo a los problemas nacionales, devela un mar de situaciones críticas que no puede menos que hacernos analizar con más objetividad cuál habría de ser el comportamiento del Ejecutivo en este largo período de transición.
A modo de ejemplo, el retraso espectacular y oprobioso del pago a los docentes interinos, trasladados y nuevos; las escuelas reparadas, pero no protegidas; los enormes cráteres en todas las carreteras del país; la desafortunada negativa de cumplir al cien por cien con el fallo de la Corte Internacional del Trabajo para atender la obligación de resarcir los emolumentos no pagados a los trabajadores despedidos en la administración gubernamental de Guillermo Endara; la estéril disputa entre el Contralor General de la República y el ex presidente Pérez Balladares; el acto de retorcida intención del desmonte del Camino de los Quetzales; y los casi mil millones de balboas, entre deudas a los acreedores nacionales y el déficit fiscal, que hereda el presidente electo, vienen a constituir, por sí, suficientes razones para asumir una actitud comedida y responsable.
Sin embargo, por lo visto, el comportamiento del Gabinete y de la Sra. Presidenta dista mucho de la sabiduría que ha debido aprenderse de la contundente y firme decisión de la gran mayoría de los votantes, que en las pasadas elecciones de mayo, de la manera más clara, le dijeron No al desgobierno y a la incompetencia.
A ciencia y paciencia de los/as panameños /as, el Gobierno le cae encima a la negociación del TLC con Estados Unidos. Aquí me parece que demasiado fue demasiado, porque a sabiendas que la concertación de dicho tratado ya no podrá ser durante la gestión presidencial que fenece, la arrogancia luce su mejor vestido.
Sin tener más que leves nociones de los temas en la mesa, ni mayor información de quiénes son los negociadores, observadores, garantes; ni tener la más mínima idea de los procedimientos para su aprobación y ratificación en Panamá, me parece que semejante y delicada negociación, no podría tomar menos de cinco años.
A Chile le tomó 10 años y aún así, cuando leemos algunos de los artículos, se infiere que el hermano país avino a un tratado que no le es del todo ventajoso.
En ese tratado, Chile aceptó, por ejemplo, un artículo en el cual los ingenieros norteamericanos podrían ejercer en su territorio para determinadas actividades industriales. Sin detrimento de la gran capacidad de los chilenos, me pregunto si ellos se encontrarán en las mismas condiciones para sacar ventaja, en los Estados en los cuales el Tratado lo ha concertado. No obstante, para tener una idea de los asuntos implicados en el TLC entre Chile y Estados Unidos, me permito señalar algunos:
Ese TLC tiene 24 capítulos y tres anexos; trato nacional y acceso de mercancías al mercado c.3., administración aduanera c.5., medidas sanitarias y fitosanitarias c.6. (este punto ha sido el de la discordia entre la posición del gobierno actual y los productores nacionales); contratación pública c.9.; comercio tras-fronterizo de servicios. c.11.; políticas de competencias; monopolios designados y empresas del Estado c.16.
Como se infiere, cada uno de estos capítulos, y todos en su conjunto, no puede ser concertado en tres meses, cuando en el mejor de los casos las reuniones de trabajo fuesen diarias. De modo que sería un acto de verdadera osadía y de aventura pretender llegar a un TLC en el tiempo que le resta a la actual administración gubernamental panameña.
Amables lectores, para tener acceso al texto completo del Tratado de Libre Comercio entre Chile y Estados Unidos, vayan al servidor Google, allí les aparecerá todo el tratado.
Al leer algunos artículos del mismo, no sé por qué viene a mi mente el tratado Buneau Varilla.
Una mirada de reojo a los problemas nacionales, devela un mar de situaciones críticas que no puede menos que hacernos analizar con más objetividad cuál habría de ser el comportamiento del Ejecutivo en este largo período de transición.
A modo de ejemplo, el retraso espectacular y oprobioso del pago a los docentes interinos, trasladados y nuevos; las escuelas reparadas, pero no protegidas; los enormes cráteres en todas las carreteras del país; la desafortunada negativa de cumplir al cien por cien con el fallo de la Corte Internacional del Trabajo para atender la obligación de resarcir los emolumentos no pagados a los trabajadores despedidos en la administración gubernamental de Guillermo Endara; la estéril disputa entre el Contralor General de la República y el ex presidente Pérez Balladares; el acto de retorcida intención del desmonte del Camino de los Quetzales; y los casi mil millones de balboas, entre deudas a los acreedores nacionales y el déficit fiscal, que hereda el presidente electo, vienen a constituir, por sí, suficientes razones para asumir una actitud comedida y responsable.
Sin embargo, por lo visto, el comportamiento del Gabinete y de la Sra. Presidenta dista mucho de la sabiduría que ha debido aprenderse de la contundente y firme decisión de la gran mayoría de los votantes, que en las pasadas elecciones de mayo, de la manera más clara, le dijeron No al desgobierno y a la incompetencia.
A ciencia y paciencia de los/as panameños /as, el Gobierno le cae encima a la negociación del TLC con Estados Unidos. Aquí me parece que demasiado fue demasiado, porque a sabiendas que la concertación de dicho tratado ya no podrá ser durante la gestión presidencial que fenece, la arrogancia luce su mejor vestido.
Sin tener más que leves nociones de los temas en la mesa, ni mayor información de quiénes son los negociadores, observadores, garantes; ni tener la más mínima idea de los procedimientos para su aprobación y ratificación en Panamá, me parece que semejante y delicada negociación, no podría tomar menos de cinco años.
A Chile le tomó 10 años y aún así, cuando leemos algunos de los artículos, se infiere que el hermano país avino a un tratado que no le es del todo ventajoso.
En ese tratado, Chile aceptó, por ejemplo, un artículo en el cual los ingenieros norteamericanos podrían ejercer en su territorio para determinadas actividades industriales. Sin detrimento de la gran capacidad de los chilenos, me pregunto si ellos se encontrarán en las mismas condiciones para sacar ventaja, en los Estados en los cuales el Tratado lo ha concertado. No obstante, para tener una idea de los asuntos implicados en el TLC entre Chile y Estados Unidos, me permito señalar algunos:
Ese TLC tiene 24 capítulos y tres anexos; trato nacional y acceso de mercancías al mercado c.3., administración aduanera c.5., medidas sanitarias y fitosanitarias c.6. (este punto ha sido el de la discordia entre la posición del gobierno actual y los productores nacionales); contratación pública c.9.; comercio tras-fronterizo de servicios. c.11.; políticas de competencias; monopolios designados y empresas del Estado c.16.
Como se infiere, cada uno de estos capítulos, y todos en su conjunto, no puede ser concertado en tres meses, cuando en el mejor de los casos las reuniones de trabajo fuesen diarias. De modo que sería un acto de verdadera osadía y de aventura pretender llegar a un TLC en el tiempo que le resta a la actual administración gubernamental panameña.
Amables lectores, para tener acceso al texto completo del Tratado de Libre Comercio entre Chile y Estados Unidos, vayan al servidor Google, allí les aparecerá todo el tratado.
Al leer algunos artículos del mismo, no sé por qué viene a mi mente el tratado Buneau Varilla.