TLC entre Centroamérica y Estados Unidos
Hoy se inicia en San José, Costa Rica, la primera ronda de negociaciones formales entre Estados Unidos y Centroamérica para la suscripción de un Tratado de Libre Comercio (TLC). Las perspectivas son inmensas, habida consideración que, de hacerse realidad, se abriría a los productores de las naciones del Istmo, excluyendo a Panamá, la posibilidad de exportar libre de impuestos hacia el más apetecido mercado del planeta.
El mercado norteamericano es tan vasto que, por sí solo se dio el lujo de reconstruir a la Europa y Japón, devastados por la Segunda Guerra Mundial y de hacer de Taiwán y los "tigres asiáticos" verdaderos emporios de prosperidad, para no hablar de la China de hoy, que tiene casi una década creciendo entre 6 y 10 por ciento al año. ¿Cómo ocurre eso? Muy sencillo: al abrirse el acceso a los consumidores que más gastan en el mundo, la inversión extranjera fluye hacia las naciones beneficiarias, desde las cuales venden sus productos al mercado norteamericano, creando en el proceso muchos empleos y generando prosperidad y riqueza.
Pero para lograrlo, hay que crear condiciones de seguridad real y jurídica para las inversiones, controlar la corrupción y crear un régimen de derecho. ¿Lo tenemos en Panamá? Sí, pero, a medias. Además, no es suficiente. Hay que tener algo "más que o en vez de" que ofrecer. China, por ejemplo, puede no tener una democracia, pero tiene un inmenso mercado de 1,300 millones de almas necesitadas de todo. Sencillamente, no hay dinero ni fábricas en el mundo suficientes para satisfacer las necesidades de semejante población. No hay mejor argumento. Centroamérica dio esos pasos. Terminó su guerra civil, se democratizó y se unió en un solo mercado de 35 millones de habitantes. Y con eso se fue a Washington a hacer "lobby". Tardó años, sin resultados. Hasta que el Huracán "Mitch" provocó la migración de millones de sus ciudadanos hacia Estados Unidos, los que, sumados a los de la guerra en el Istmo, son la principal exportación de la región con sus envíos de remesas en dólares a sus familiares.
El flujo migratorio de la región hacia el Norte es de tal envergadura que, igual que con México, ha forzado la negociación del tratado como forma de detener la incesante corriente humana, o sea, mejorando las condiciones y perspectivas económicas en el sitio donde se origina.
¿Y Panamá? Se quedó por fuera, en su inexplicable empeño de jugar a la prepotencia y al país distinto. De ese modo, aislados, con menos de 3 millones de habitantes y un 35% de pobreza, poco tenemos que ofrecer. ¿El Canal? No, porque ya está abierto al comercio mundial. Lo que tenemos es una formidable infraestructura de reexportación, pero necesitamos asociarnos a algún bloque. Y en eso estamos con Centroamérica, sólo que con una década de retraso.
El mercado norteamericano es tan vasto que, por sí solo se dio el lujo de reconstruir a la Europa y Japón, devastados por la Segunda Guerra Mundial y de hacer de Taiwán y los "tigres asiáticos" verdaderos emporios de prosperidad, para no hablar de la China de hoy, que tiene casi una década creciendo entre 6 y 10 por ciento al año. ¿Cómo ocurre eso? Muy sencillo: al abrirse el acceso a los consumidores que más gastan en el mundo, la inversión extranjera fluye hacia las naciones beneficiarias, desde las cuales venden sus productos al mercado norteamericano, creando en el proceso muchos empleos y generando prosperidad y riqueza.
Pero para lograrlo, hay que crear condiciones de seguridad real y jurídica para las inversiones, controlar la corrupción y crear un régimen de derecho. ¿Lo tenemos en Panamá? Sí, pero, a medias. Además, no es suficiente. Hay que tener algo "más que o en vez de" que ofrecer. China, por ejemplo, puede no tener una democracia, pero tiene un inmenso mercado de 1,300 millones de almas necesitadas de todo. Sencillamente, no hay dinero ni fábricas en el mundo suficientes para satisfacer las necesidades de semejante población. No hay mejor argumento. Centroamérica dio esos pasos. Terminó su guerra civil, se democratizó y se unió en un solo mercado de 35 millones de habitantes. Y con eso se fue a Washington a hacer "lobby". Tardó años, sin resultados. Hasta que el Huracán "Mitch" provocó la migración de millones de sus ciudadanos hacia Estados Unidos, los que, sumados a los de la guerra en el Istmo, son la principal exportación de la región con sus envíos de remesas en dólares a sus familiares.
El flujo migratorio de la región hacia el Norte es de tal envergadura que, igual que con México, ha forzado la negociación del tratado como forma de detener la incesante corriente humana, o sea, mejorando las condiciones y perspectivas económicas en el sitio donde se origina.
¿Y Panamá? Se quedó por fuera, en su inexplicable empeño de jugar a la prepotencia y al país distinto. De ese modo, aislados, con menos de 3 millones de habitantes y un 35% de pobreza, poco tenemos que ofrecer. ¿El Canal? No, porque ya está abierto al comercio mundial. Lo que tenemos es una formidable infraestructura de reexportación, pero necesitamos asociarnos a algún bloque. Y en eso estamos con Centroamérica, sólo que con una década de retraso.