TLC: ¿Más impuestos?
Mucho se ha comentado acerca de los beneficios que tendremos con los TLC: los diversos mercados a los que accederemos, los productos que venderemos, entre otros. Sin embargo, y si bien es cierto que somos convencidos que en el mediano plazo estos acuerdos representarán una medida positiva, no hemos visto cuáles serán las medidas que efectuará el gobierno para subsanar el hecho de no contar los ingresos provenientes de los aranceles.
El cuestionamiento no es trivial y al menos, en el caso de Chile, ha incidido en que el Gobierno reestructurase su plan financiero, en el cual se contempla un aumento de los impuestos para aminorar el déficit fiscal (que se estima será por el orden de US$ 430 millones al año), el cual ocasionará la implementación de los acuerdos comerciales que ha suscrito.
Igualmente, pareciese que para establecer una compensación tributaria del gasto público, Panamá se verá en una seria disyuntiva centrada esencialmente en dos opciones (ya que la opción del financiamiento de dichos déficit a través de deuda, pareciese estar llegando a límites claramente no sostenibles). Así, por una parte el gobierno se verá obligado a aumentar la eficiencia, focalizar el gasto público e incrementar los esfuerzos por incorporar a privados en el financiamiento de inversión pública (evidentemente es una vía menos expedita, pero necesaria). La alternativa opuesta nos llevará a la situación clásica de aumentar impuestos para un problema de caja hoy, con un nuevo costo en crecimiento, y que históricamente no ha sido otra cosa que un circulo vicioso.
Ante ese posible escenario y dada nuestra experiencia con la reforma tributaria, debemos hacer un llamado, ya que a la fecha ésta no sólo ha demostrado ser un instrumento ineficiente para cumplir con su objetivo de reducir el déficit fiscal (se estima en un 4% para este año), sino que ha puesto sobre la palestra lo mal que se están utilizando los actuales y excesivos recursos del Estado. Los marcos de tratados de libre comercio (TLC) que Panamá negocia deben verse como una oportunidad para establecer y desarrollar una mejora real en la administración de los recursos fiscales.
Esperamos que el proceso electoral que se avecina sea la oportunidad para que los candidatos presidenciales expongan planes de gobierno serios que contemplen esteas contingencias, y en donde se ponga un énfasis especial a las políticas que incentiven el crecimiento económico de largo plazo y no en políticas demagógicas y de corto plazo que probablemente nos mantendrán sumergidos en el atraso y la miseria.
El cuestionamiento no es trivial y al menos, en el caso de Chile, ha incidido en que el Gobierno reestructurase su plan financiero, en el cual se contempla un aumento de los impuestos para aminorar el déficit fiscal (que se estima será por el orden de US$ 430 millones al año), el cual ocasionará la implementación de los acuerdos comerciales que ha suscrito.
Igualmente, pareciese que para establecer una compensación tributaria del gasto público, Panamá se verá en una seria disyuntiva centrada esencialmente en dos opciones (ya que la opción del financiamiento de dichos déficit a través de deuda, pareciese estar llegando a límites claramente no sostenibles). Así, por una parte el gobierno se verá obligado a aumentar la eficiencia, focalizar el gasto público e incrementar los esfuerzos por incorporar a privados en el financiamiento de inversión pública (evidentemente es una vía menos expedita, pero necesaria). La alternativa opuesta nos llevará a la situación clásica de aumentar impuestos para un problema de caja hoy, con un nuevo costo en crecimiento, y que históricamente no ha sido otra cosa que un circulo vicioso.
Ante ese posible escenario y dada nuestra experiencia con la reforma tributaria, debemos hacer un llamado, ya que a la fecha ésta no sólo ha demostrado ser un instrumento ineficiente para cumplir con su objetivo de reducir el déficit fiscal (se estima en un 4% para este año), sino que ha puesto sobre la palestra lo mal que se están utilizando los actuales y excesivos recursos del Estado. Los marcos de tratados de libre comercio (TLC) que Panamá negocia deben verse como una oportunidad para establecer y desarrollar una mejora real en la administración de los recursos fiscales.
Esperamos que el proceso electoral que se avecina sea la oportunidad para que los candidatos presidenciales expongan planes de gobierno serios que contemplen esteas contingencias, y en donde se ponga un énfasis especial a las políticas que incentiven el crecimiento económico de largo plazo y no en políticas demagógicas y de corto plazo que probablemente nos mantendrán sumergidos en el atraso y la miseria.