TLC: Mito o realidad
Mucho se ha escrito y se dice sobre los Tratados de Libre Comercio (TLC); se dice que es una excelente oportunidad para Panamá. En efecto, esto pudiese ser una buena oportunidad, si no fuese porque parece a todas luces que aquí, a parte del gobierno, los actores directos: agricultores, productores, industriales, comercializadores, y nosotros los consumidores, no hemos sido bien informados. Sin la información pertinente, no se pueden hacer los cambios correspondientes.
Antes de tomar decisiones tan importantes como la del TLC es necesario examinar todas las variables que entrarán en juego al aplicarse tal tratado. Informar e involucrar a todos los sectores que van a ser afectados por una tal decisión, para poder adecuar todo nuestro aparato productivo, todo el circuito de oferta y demanda, hacia este objetivo.
Los analísis llevados a cabo tienen que ser tanto estructurales como conyunturales. Es necesario tener un sistema de información que sea accesible a todos los agentes para que éstos puedan efectuar los cambios que necesiten con más facilidad, para adecuarse mejor a la demanda. Se necesita tener al alcance los diferentes FODAS -analísis de fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas de los diferentes sectores, para poder saber exactamente y específicamente a dónde se van a dirigir los recursos y cuáles son las estratégias que se pueden utilizar en uno u otro caso. Tener a mano toda la información sobre los analísis de competitividad comercial y las oportunidades en los diferentes mercados extranjeros, así como las regulaciones, específicaciones y otras, a este respecto.
Todo esto, con el fin de corregir lo que necesite ser corregido y estar así mejor preparados para el impacto, tanto negativo como positivo que acarreará el cambio.
Todos los cambios conllevan efectos positivos y negativos, lo importante es que los actores tengan el conocimiento de cuál es la visión de Estado que se tiene, para que sepan cómo encajan dentro de este conjunto. Si no se tiene la información pertinente, los cambios serán más dificiles de integrar, se gastarán energía y recursos innecesarios y los beneficios disminuirán proporcionalmente.
Nos parece que nada de esto se ha dado. Pareciese, entonces, que lo del TLC es desvirtuado de su objetivo principal, y éste está siendo utilizado como una herramienta de campaña política y no para lo que realmente debe servir, que es para el desarrollo nacional en pro del bienestar de las grandes mayorías. Parece ser que "por ver el árbol no se está viendo el bosque", los imperativos políticos superan las necesidades sociales y económicas.
Vivimos en una incoherencia entre el discurso político y los hechos socioeconómicos. Este gobierno dice apoyar a los campesinos, a las clases populares, que en los hechos van a ser los primeros afectados por este cambio. Este discurso demagógico se contradice con la realidad, la cual es que, al parecer, a este gobierno no le interesa conocer la opinión del pueblo. Al Gobierno se le olvida porqué está en donde está. ¡No señores! No es para su beneficio, para su ego, para que se sientan más importantes o para que tengan más recursos económicos, es para mejorar las condiciones socioeconómicas de la nación panameña.
No hay peor ciego que el que no quiere ver. Cada vez que se le hace una observación a alguna persona del gobierno, la respuesta es que toda crítica está hecha por opositores, por gente que está actuando contra la actual administración gubernamental, por "un complot invisible". Se descalifica al que emite su opinión, para invalidar así la argumentación. Esto lo único que hace es aumentar el sentimiento de frustración de la población, que no se siente escuchada, ni respetada.
Pienso que toda la gente tiene que mantener sus oídos abiertos y ver qué de cierto hay en cualquier argumentación y hacer los correctivos pertinentes.
Infelizmente Panamá no escapa a la realidad que viven muchos de nuestros países latinoamericanos, más preocupados por las luchas partidistas, por los espacios de poder, contaminados por la corrupción y el nepotismo, en donde la preocupación mayor son las próximas elecciones y no el desarrollo real del país. En donde se escoge a un ministro no por lo que pueda aportar o cómo pueda desarrollar ese sector, sino por la fidelidad al partido, u otras variables que están muy lejos de ser las que realmente le traerían un desarrollo real al país. Por eso es que las políticas económicas o comerciales del país fluctúan de acuerdo a los intereses de los detentores del poder del momento, teniendo como consecuencia notoria el despilfarro de los recursos, la estagnación; en fin, el subdesarrollo.
Quisiera hacer una acotación para clarificar la diferencia que existe entre la constitución de espacios contractuales regionales, que son los acuerdos comerciales regionales, como el TLC; y los sistemas de integración regional, como lo son la Comunidad Europea, el Mercado Común Centroamericano o la ALADI, la Asociación Latinoamericana de Desarrollo Integral. Estos dos sistemas tienen una diferencia fundamental en cuanto a sus objetivos. Los primeros tienen objetivos conyunturales, de facilitar y desarrollar el intercambio comercial entre las partes del acuerdo; en tanto que los últimos se perfilan como medios de desarrollo económico integrales para los países miembros. Los primeros tendrán como preocupación primordial la apertura de nuevos mercados, y los segundos tomarán en cuenta las fuerzas y debilidades económicas de cada uno de los países miembros tratando de brindarles una solución viable a los problemas que confrontan las naciones, observando una posible complementaridad en las economías.
Los países partes a una integración económica o a un acuerdo regional internacional tienen diferencias fundamentales en cuanto al poder adquisitivo de sus mercados, la capacidad productiva, sus sistemas económicos, sus debilidades y fortalezas, y en general a su poder económico absoluto o relativo. Es competencia de cada uno de los países de negociar para defender los intereses de sus respectivos Estados, de sus nacionales. Es menester de cada uno de los Estados hacer los cambios pertinentes dentros de sus economías para así impulsar el desarrollo económico y social.
(celiamoreno60@yahoo.com)
Antes de tomar decisiones tan importantes como la del TLC es necesario examinar todas las variables que entrarán en juego al aplicarse tal tratado. Informar e involucrar a todos los sectores que van a ser afectados por una tal decisión, para poder adecuar todo nuestro aparato productivo, todo el circuito de oferta y demanda, hacia este objetivo.
Los analísis llevados a cabo tienen que ser tanto estructurales como conyunturales. Es necesario tener un sistema de información que sea accesible a todos los agentes para que éstos puedan efectuar los cambios que necesiten con más facilidad, para adecuarse mejor a la demanda. Se necesita tener al alcance los diferentes FODAS -analísis de fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas de los diferentes sectores, para poder saber exactamente y específicamente a dónde se van a dirigir los recursos y cuáles son las estratégias que se pueden utilizar en uno u otro caso. Tener a mano toda la información sobre los analísis de competitividad comercial y las oportunidades en los diferentes mercados extranjeros, así como las regulaciones, específicaciones y otras, a este respecto.
Todo esto, con el fin de corregir lo que necesite ser corregido y estar así mejor preparados para el impacto, tanto negativo como positivo que acarreará el cambio.
Todos los cambios conllevan efectos positivos y negativos, lo importante es que los actores tengan el conocimiento de cuál es la visión de Estado que se tiene, para que sepan cómo encajan dentro de este conjunto. Si no se tiene la información pertinente, los cambios serán más dificiles de integrar, se gastarán energía y recursos innecesarios y los beneficios disminuirán proporcionalmente.
Nos parece que nada de esto se ha dado. Pareciese, entonces, que lo del TLC es desvirtuado de su objetivo principal, y éste está siendo utilizado como una herramienta de campaña política y no para lo que realmente debe servir, que es para el desarrollo nacional en pro del bienestar de las grandes mayorías. Parece ser que "por ver el árbol no se está viendo el bosque", los imperativos políticos superan las necesidades sociales y económicas.
Vivimos en una incoherencia entre el discurso político y los hechos socioeconómicos. Este gobierno dice apoyar a los campesinos, a las clases populares, que en los hechos van a ser los primeros afectados por este cambio. Este discurso demagógico se contradice con la realidad, la cual es que, al parecer, a este gobierno no le interesa conocer la opinión del pueblo. Al Gobierno se le olvida porqué está en donde está. ¡No señores! No es para su beneficio, para su ego, para que se sientan más importantes o para que tengan más recursos económicos, es para mejorar las condiciones socioeconómicas de la nación panameña.
No hay peor ciego que el que no quiere ver. Cada vez que se le hace una observación a alguna persona del gobierno, la respuesta es que toda crítica está hecha por opositores, por gente que está actuando contra la actual administración gubernamental, por "un complot invisible". Se descalifica al que emite su opinión, para invalidar así la argumentación. Esto lo único que hace es aumentar el sentimiento de frustración de la población, que no se siente escuchada, ni respetada.
Pienso que toda la gente tiene que mantener sus oídos abiertos y ver qué de cierto hay en cualquier argumentación y hacer los correctivos pertinentes.
Infelizmente Panamá no escapa a la realidad que viven muchos de nuestros países latinoamericanos, más preocupados por las luchas partidistas, por los espacios de poder, contaminados por la corrupción y el nepotismo, en donde la preocupación mayor son las próximas elecciones y no el desarrollo real del país. En donde se escoge a un ministro no por lo que pueda aportar o cómo pueda desarrollar ese sector, sino por la fidelidad al partido, u otras variables que están muy lejos de ser las que realmente le traerían un desarrollo real al país. Por eso es que las políticas económicas o comerciales del país fluctúan de acuerdo a los intereses de los detentores del poder del momento, teniendo como consecuencia notoria el despilfarro de los recursos, la estagnación; en fin, el subdesarrollo.
Quisiera hacer una acotación para clarificar la diferencia que existe entre la constitución de espacios contractuales regionales, que son los acuerdos comerciales regionales, como el TLC; y los sistemas de integración regional, como lo son la Comunidad Europea, el Mercado Común Centroamericano o la ALADI, la Asociación Latinoamericana de Desarrollo Integral. Estos dos sistemas tienen una diferencia fundamental en cuanto a sus objetivos. Los primeros tienen objetivos conyunturales, de facilitar y desarrollar el intercambio comercial entre las partes del acuerdo; en tanto que los últimos se perfilan como medios de desarrollo económico integrales para los países miembros. Los primeros tendrán como preocupación primordial la apertura de nuevos mercados, y los segundos tomarán en cuenta las fuerzas y debilidades económicas de cada uno de los países miembros tratando de brindarles una solución viable a los problemas que confrontan las naciones, observando una posible complementaridad en las economías.
Los países partes a una integración económica o a un acuerdo regional internacional tienen diferencias fundamentales en cuanto al poder adquisitivo de sus mercados, la capacidad productiva, sus sistemas económicos, sus debilidades y fortalezas, y en general a su poder económico absoluto o relativo. Es competencia de cada uno de los países de negociar para defender los intereses de sus respectivos Estados, de sus nacionales. Es menester de cada uno de los Estados hacer los cambios pertinentes dentros de sus economías para así impulsar el desarrollo económico y social.
(celiamoreno60@yahoo.com)