TLC, ¿quién lo defiende?
Tal cual se ha informado, no han sido dos años, sino un proceso de cuatro administraciones lo que ha implicado llegar a conclusiones en la negociación del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos. Al final, sin embargo, la negociación terminó por incluir a representantes de todos los sectores de la economía nacional, sin cuyo concurso no hubiera sido posible un documento de consenso.
Terminada esa fase, el proyecto debe transitar ahora un debate intenso, tanto en Panamá como en los Estados Unidos; una etapa en la que será sometido a una dura prueba que implica, para ambos países, aprobarlo sin modificaciones, por lo que su defensa deberá enfrentar, a no dudarlo, severos cuestionarios. Y eso precisamente es lo que nos lleva a preguntar, y no de oficio, ¿quién lo defiende? Cuando hace un año se registró la crisis fito-sanitaria que obligó a posponer hasta diciembre pasado la negociación del Tratado, pocas, muy pocas fueron las voces que salieron a defender lo que ya se había discutido y que era materia acordada, pese a que, como al final, un grupo numeroso de productores había acompañado a la delegación oficial a las conversaciones en Washington.
En los próximos días, rivales ideológicos del TLC, quienes se le opusieron por divergencias políticas con el actual gobierno, incluso aquellos que se le oponen sin conocerlo, saldrán a sembrar dudas respecto a las bondades del convenio, a buscar la última letra con barras y estrellas para decir que se trata de una imposición de los Estados Unidos, de una treta neoliberal o de una manera de entregar el país. Eso, sin dudas, va a ocurrir.
¿Qué harán, entonces, aquellos que saben que el TLC no pone en juego a los profesionales panameños, que beneficia ampliamente a nuestros exportadores, industriales y agrícolas; que será un estímulo creciente para el arribo de inversión extranjera y, en consecuencia, para el incremento de las plazas de empleos en el país? ¿Qué harán los empresarios que acompañaron a la delegación oficial a Washington?
Terminada esa fase, el proyecto debe transitar ahora un debate intenso, tanto en Panamá como en los Estados Unidos; una etapa en la que será sometido a una dura prueba que implica, para ambos países, aprobarlo sin modificaciones, por lo que su defensa deberá enfrentar, a no dudarlo, severos cuestionarios. Y eso precisamente es lo que nos lleva a preguntar, y no de oficio, ¿quién lo defiende? Cuando hace un año se registró la crisis fito-sanitaria que obligó a posponer hasta diciembre pasado la negociación del Tratado, pocas, muy pocas fueron las voces que salieron a defender lo que ya se había discutido y que era materia acordada, pese a que, como al final, un grupo numeroso de productores había acompañado a la delegación oficial a las conversaciones en Washington.
En los próximos días, rivales ideológicos del TLC, quienes se le opusieron por divergencias políticas con el actual gobierno, incluso aquellos que se le oponen sin conocerlo, saldrán a sembrar dudas respecto a las bondades del convenio, a buscar la última letra con barras y estrellas para decir que se trata de una imposición de los Estados Unidos, de una treta neoliberal o de una manera de entregar el país. Eso, sin dudas, va a ocurrir.
¿Qué harán, entonces, aquellos que saben que el TLC no pone en juego a los profesionales panameños, que beneficia ampliamente a nuestros exportadores, industriales y agrícolas; que será un estímulo creciente para el arribo de inversión extranjera y, en consecuencia, para el incremento de las plazas de empleos en el país? ¿Qué harán los empresarios que acompañaron a la delegación oficial a Washington?