TLC y la sorprendente Centroamérica
Recordando pues, que el esfuerzo de último momento de la presidenta Moscoso - a poco de terminar su mandato - para conseguir un Tratado Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, aunque meritorio como concurrencia de voluntades, no cristalizó en el inicio de una negociación, ni en el acuerdo de su metodología, ni en un cronograma,siempre es bueno mirar alrededor para ver lo que hacen los vecinos en ese sentido.
Por una parte, tenemos a Colombia, que gracias al presidente Uribe, ha logrado estructurar una estrecha relación especial con Estados Unidos, sobre todo en el plano militar y del combate contra las drogas, pero cuyos denodados esfuerzos no se han podido traducir con igual éxito en lo comercial. Estados Unidos ha sido claro en manifestar que no negociará bilateralmente un TLC, salvo en bloque con otras naciones.
Del otro lado, tenemos a Centroamérica, sumida en una intensa ronda de negociaciones de la que ambas partes manifiestan que deberán concluir en diciembre próximo. ¿Cómo lo logró sin un rico pasado histórico como el de Panamá, con su Canal y su Ferrocarril, con 150 años de estrecha relación con Estados Unidos? Muy en breve, con dos instrumentos, guerra e integración. El Istmo pagó un alto precio en vidas durante la Guerra Fría y cosechó, como los aliados europeos de la Segunda Guerra, los frutos de su propio Plan Marshall que es el TLC.
Fuera de eso, el malhadado proceso de integración, que no le sirvió para crear un mercado común del molde europeo - como era el propósito original - sirvió a la perfección para facilitar las actuales negociaciones que mantiene con Norteamérica. Panamá no tuvo ninguna de las dos situaciones y, a nuestro juicio, ninguno de sus gobiernos intentó en serio estructurar una nueva, moderna y estrecha relación que reemplazara la semicolonial que arrastró desde su separación de Colombia, dejando que el vacío se adueñara del espacio.
Pero ahora, Centroamérica vuelve a sorprender. A través del gobierno español de José María Aznar, quien estará en El Salvador mañana y pasado, pretende acordar el inicio de un TLC con el bloque europeo. "Pediremos a España que nos sirva de plataforma para abrirnos el camino a impulsar la pronta negociación de un acuerdo", dijo el ministro de Economía salvadoreño, Miguel Lacayo. España viene tras el caramelo de incorporarse al Banco Centroamericano de Integración, a fin de participar en la financiación de megaproyectos. El Istmo representa un mercado de 32 millones de almas que podría ampliarse con la perspectiva del TLC con Estados Unidos. Si un inversionista europeo se instala en la región, bien podría exportar hacia Norteamérica con las ventajas del TLC, que es su real interés.
En fin, aun con los tropiezos de la incomprensible disidencia de Guatemala - el problema más difícil de la integración es mantenerse integrado - Centroamérica sigue sorprendiendo con su excelente juego de cartas.
Por una parte, tenemos a Colombia, que gracias al presidente Uribe, ha logrado estructurar una estrecha relación especial con Estados Unidos, sobre todo en el plano militar y del combate contra las drogas, pero cuyos denodados esfuerzos no se han podido traducir con igual éxito en lo comercial. Estados Unidos ha sido claro en manifestar que no negociará bilateralmente un TLC, salvo en bloque con otras naciones.
Del otro lado, tenemos a Centroamérica, sumida en una intensa ronda de negociaciones de la que ambas partes manifiestan que deberán concluir en diciembre próximo. ¿Cómo lo logró sin un rico pasado histórico como el de Panamá, con su Canal y su Ferrocarril, con 150 años de estrecha relación con Estados Unidos? Muy en breve, con dos instrumentos, guerra e integración. El Istmo pagó un alto precio en vidas durante la Guerra Fría y cosechó, como los aliados europeos de la Segunda Guerra, los frutos de su propio Plan Marshall que es el TLC.
Fuera de eso, el malhadado proceso de integración, que no le sirvió para crear un mercado común del molde europeo - como era el propósito original - sirvió a la perfección para facilitar las actuales negociaciones que mantiene con Norteamérica. Panamá no tuvo ninguna de las dos situaciones y, a nuestro juicio, ninguno de sus gobiernos intentó en serio estructurar una nueva, moderna y estrecha relación que reemplazara la semicolonial que arrastró desde su separación de Colombia, dejando que el vacío se adueñara del espacio.
Pero ahora, Centroamérica vuelve a sorprender. A través del gobierno español de José María Aznar, quien estará en El Salvador mañana y pasado, pretende acordar el inicio de un TLC con el bloque europeo. "Pediremos a España que nos sirva de plataforma para abrirnos el camino a impulsar la pronta negociación de un acuerdo", dijo el ministro de Economía salvadoreño, Miguel Lacayo. España viene tras el caramelo de incorporarse al Banco Centroamericano de Integración, a fin de participar en la financiación de megaproyectos. El Istmo representa un mercado de 32 millones de almas que podría ampliarse con la perspectiva del TLC con Estados Unidos. Si un inversionista europeo se instala en la región, bien podría exportar hacia Norteamérica con las ventajas del TLC, que es su real interés.
En fin, aun con los tropiezos de la incomprensible disidencia de Guatemala - el problema más difícil de la integración es mantenerse integrado - Centroamérica sigue sorprendiendo con su excelente juego de cartas.