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¡Todas las cartas sobre la mesa!


Cuando el presidente Martinelli hacía campaña electoral, con una muy bien planificada estrategia explotó con éxito la imagen de político no convencional, presto a hablar sin rodeos ni protocolo y con absoluta transparencia. Muchos electores, compraron ese mensaje; pero lo que estamos viendo y oyendo no se corresponde con la propaganda electoral.

Aparte de sonoras promesas, cuyo cumplimiento no se atisba ni siquiera lejano, su mensaje electoral, tampoco ofreció “detalles ni precisiones” sobre cuándo y, sobre todo, cómo cumplirlas. El país aún espera que lo haga; ese es su deber.

Su promesa más relevante fue dotar al país de “calles seguras”. Entrando al último mes de su primer año de gobierno, la inseguridad sigue galopante y aumenta a pasos agigantados. Para renovar su compromiso, después de la reciente marcha, asegura que en “tres años tendremos el país más seguro de América”. Las promesas son palabras. Los hechos son los que las convierten en realidad o las desmienten. Y el prometido resultado no puede esperar tres años; hay que construirlo paso a paso y éstos deben ser visibles y convincentes.

La inseguridad nos afecta a todos; pero su solución corresponde, en primer lugar, a los gobernantes. El papel de la ciudadanía es complementario y coadyuvante; pero, ni de lejos, igual al de las autoridades, que están instituidas, y es su deber, para proteger la vida, honra y bienes de los gobernados, y para que cumplan esa misión se las provee de los instrumentos necesarios (Art. 17 de la Constitución).

Y así como viene ocurriendo con el gravísimo problema de la inseguridad, hay otros en los que el gobierno sigue andando por las ramas, irradiando confusión y sembrando el desconcierto. Las recientes actuaciones de algunos ministros son claros ejemplos. Los cruces de cables siguen a la orden del día; si cada ministro o director de entidad descentralizada se ocupara solo de los temas de su competencia, sin opinar sobre los ajenos, fuera mejor.

Si de una vez por todas, el presidente o su nuevo ministro de Seguridad aclararan, qué pretenden con las “famosas consultas”, sabríamos a qué atenernos. Si el presidente o su ministro de Economía y Finanzas, aclararan, de una vez por todas, si su intención es meterle mano a las reservas de la Caja del Seguro Social, al Fondo Fiduciario o hipotecar o vender las acciones del Estado en las empresas mixtas, sabríamos a qué atenernos. Si el presidente o el ministro de la Presidencia aclararan, de una vez por todas, el enredo del Metro Bus o el de los corredores, sabríamos a qué atenernos.

Y hay otros temas: Si el presidente Martinelli piensa que “su proyecto de gobierno” requiere de la prolongación de su permanencia en el poder; si cree que al país le conviene la presencia disfrazada o abierta de tropas extranjeras, so pretexto de combatir el narcotráfico; o si considera que al país le conviene una Constituyente Paralela, como dejó entrever el ministro Mulino recientemente en la Asamblea, lo importante, lo necesario, es que lo digan claramente.

Para que los gobernados sepamos a qué atenernos, y podamos decidir, todas las cartas deben estar sobre la mesa. Así se prometió y así debe cumplirse.

101 años de Panamá América

 
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